Eos, óleo sobre lienzo, Romero Valiente (2019)
et diem / uicinum senio iam Deus adplicat. / Quid nos utile tanti spatio temporis egimus?
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viernes, abril 03, 2020
martes, febrero 18, 2014
El lamento de Ariadna (XXIII)
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| Ariadne, Antoine Caron, Les Images ou Tableaux de platte peinture des deux Philostrates..., ed. 1637 |
La fábula de Ariadna en una traducción de Filóstrato al francés
Durante
el gobierno del emperador Septimio Severo y en el marco de la
denominada "Segunda Sofística", un periodo en el que la literatura
griega, sirviéndose magistralmente de la retórica y la erudición, se preocupó sobre
todo por perpetuar los logros adquiridos por los grandes creadores de
las épocas arcaica y clásica, floreció la figura de Filóstrato (s. II-III d. C.), a quien
el Suda atribuye unas Cartas, Biografías de los Sofistas, Vida de Apolonio de Tiana (encargada por la propia emperatriz Julia Domna), Heroico y Cuadros.
Una obra del mismo título que esta última se atribuyó a otro Filóstrato,
sobrino del primero. Realmente, no se ha resuelto aún la cuestión de la
autoría de estas obras e incluso se discute cuántos escritores del mismo
nombre existieron.
Cuadros (Imagines) recogía las descripciones ("écfrasis" es como se llama este género en la retórica antigua) de una serie de 65 pinturas que se encontraban en una villa de Nápoles. Aunque estas obras se perdieron, reviven en la prosa de su admirador, cuyas palabras ejercieron gran influjo en pintores de todas las épocas, particularmente en Tiziano y Poussin. Entre las "imagines" del primer Filóstrato se encontraba una pintura que representaba la huida de Teseo mientras Ariadna dormía plácidamente sobre una roca y el dios Dioniso la contemplaba. He aquí el texto griego y su traducción aproximada.
Cuadros (Imagines) recogía las descripciones ("écfrasis" es como se llama este género en la retórica antigua) de una serie de 65 pinturas que se encontraban en una villa de Nápoles. Aunque estas obras se perdieron, reviven en la prosa de su admirador, cuyas palabras ejercieron gran influjo en pintores de todas las épocas, particularmente en Tiziano y Poussin. Entre las "imagines" del primer Filóstrato se encontraba una pintura que representaba la huida de Teseo mientras Ariadna dormía plácidamente sobre una roca y el dios Dioniso la contemplaba. He aquí el texto griego y su traducción aproximada.
A finales del siglo XVI Blaise de la Vigenère Bourbonnois (1523-1596), diplomático, criptógrafo y químico, amén de literato y profundo conocedor de las lenguas clásicas, se encargó de la traducción al francés y comentario de los Cuadros de Filóstrato el Viejo y de Filóstrato el Joven. En 1578 aparecía su obra dedicada a los primeros, Les Images ou Tableaux de platte peinture de Philostrate Lemnien Sophiste Grec. Mis en françois par... Avec des Arguments et Annotations sur chacun d´iceux (París, Nicolas Chesneau), que fue reeditada (corregida y aumentada) en 1597 (París, L´Angellier). En 1602, ya muerto el traductor y comentarista, salía a la luz La suite de Philostrate. Les Images ou Tableaux de platte peinture du Jeune Philostrate (París, Abel L´Angellier), con las descripciones de Filóstrato el Joven.
En la edición de 1578 De la Vigenère dedica a la historia de Ariadna desde la mitad de la página 128 hasta la 142v. En primer lugar resume el mito ("argument"), luego traduce el texto de Filóstrato y, a partir de la página 130, comienzan las notas, donde hace un minucioso recorrido por pasajes de Pausanias, Catulo (traducción incluida del "Lamento de Ariadna" del poema 64), Plutarco, Diodoro de Sicilia, Heródoto... La edición de 1597 no presenta grandes novedades, pero la realizada en 1609, que reunía ahora los Cuadros de los dos Filóstratos con las écfrasis dedicadas por el también sofista y retórico Calístrato (s. III a. C) a catorce estatuas de piedra y bronce de distinguidos artistas (Les Images ou Tableaux de platte peinture des deux Philostrates et des statues de Callistrate mis en françois par... Avec des epigrammes sur chacun d´iceux par Arthus Th. Sieur d´Embry, París, Sébastien Cramoisy), contiene, además de los epigramas que refiere el título, 58 ilustraciones realizadas por el artista Antoine Caron.
Antoine Caron (1521-1599) fue un creador polifacético que destacó en la corte francesa durante los reinados de Carlos IX y Enrique III. Discípulo de Niccolò dell´Abbate y Francesco Primaticcio, seguidor del manierismo italiano y adscrito a la Escuela de Fontainebleau, cultivó los temas alegóricos, históricos y mitológicos representándolos con cierta extravagancia (exageradas arquitecturas que anuncian el Barroco, colores muy vivos). Parece ser que fue el editor L´Angellier quien encargó a Caron ilustrar las traducciones de De la Vigenère, pero la muerte le sorprendió cuando aún no había finalizado su trabajo. De hecho, en la edición de 1614 (Les Images ou Tableaux de platte peinture des deux Philostrates Sophistes grecs et les statues de Callistrate, París, Veuves de Abel l´Angellier y M. Guillemot) se añadirán otras diez ilustraciones del grabador flamenco Jaspar Isaac (1585?-1654), que ya acompañarán a las de Caron en las sucesivas impresiones de la obra.
El dibujo de Caron que aquí nos interesa (reproducimos el grabado de la edición de 1637) presenta, según describía Filóstrato, a Ariadna dormida sobre una roca con el cuerpo desnudo hasta la cintura y su cabeza caída hacia atrás dejando ver su cuello. Dioniso desembarca de una nave, que es un prodigio de ornamentación, y se dirige hacia ella con mirada de enamorado. Apenas tiene protagonismo su cortejo, que permanece aún dentro del navío. Tras una arboleda, en el mar, desaparece la barcaza de Teseo, cuya figura encontramos sentada en la proa (quizá Fedra le acompaña), con la cara vuelta hacia la orilla. Al fondo, una fantástica ciudad.
En la edición de 1578 De la Vigenère dedica a la historia de Ariadna desde la mitad de la página 128 hasta la 142v. En primer lugar resume el mito ("argument"), luego traduce el texto de Filóstrato y, a partir de la página 130, comienzan las notas, donde hace un minucioso recorrido por pasajes de Pausanias, Catulo (traducción incluida del "Lamento de Ariadna" del poema 64), Plutarco, Diodoro de Sicilia, Heródoto... La edición de 1597 no presenta grandes novedades, pero la realizada en 1609, que reunía ahora los Cuadros de los dos Filóstratos con las écfrasis dedicadas por el también sofista y retórico Calístrato (s. III a. C) a catorce estatuas de piedra y bronce de distinguidos artistas (Les Images ou Tableaux de platte peinture des deux Philostrates et des statues de Callistrate mis en françois par... Avec des epigrammes sur chacun d´iceux par Arthus Th. Sieur d´Embry, París, Sébastien Cramoisy), contiene, además de los epigramas que refiere el título, 58 ilustraciones realizadas por el artista Antoine Caron.
Antoine Caron (1521-1599) fue un creador polifacético que destacó en la corte francesa durante los reinados de Carlos IX y Enrique III. Discípulo de Niccolò dell´Abbate y Francesco Primaticcio, seguidor del manierismo italiano y adscrito a la Escuela de Fontainebleau, cultivó los temas alegóricos, históricos y mitológicos representándolos con cierta extravagancia (exageradas arquitecturas que anuncian el Barroco, colores muy vivos). Parece ser que fue el editor L´Angellier quien encargó a Caron ilustrar las traducciones de De la Vigenère, pero la muerte le sorprendió cuando aún no había finalizado su trabajo. De hecho, en la edición de 1614 (Les Images ou Tableaux de platte peinture des deux Philostrates Sophistes grecs et les statues de Callistrate, París, Veuves de Abel l´Angellier y M. Guillemot) se añadirán otras diez ilustraciones del grabador flamenco Jaspar Isaac (1585?-1654), que ya acompañarán a las de Caron en las sucesivas impresiones de la obra.
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| Detalle de la imagen anterior |
El dibujo de Caron que aquí nos interesa (reproducimos el grabado de la edición de 1637) presenta, según describía Filóstrato, a Ariadna dormida sobre una roca con el cuerpo desnudo hasta la cintura y su cabeza caída hacia atrás dejando ver su cuello. Dioniso desembarca de una nave, que es un prodigio de ornamentación, y se dirige hacia ella con mirada de enamorado. Apenas tiene protagonismo su cortejo, que permanece aún dentro del navío. Tras una arboleda, en el mar, desaparece la barcaza de Teseo, cuya figura encontramos sentada en la proa (quizá Fedra le acompaña), con la cara vuelta hacia la orilla. Al fondo, una fantástica ciudad.
Thomas Artus (h. mitad del s. XVI- post 1614), autor de la sátira Les Hermaphrodites (1605) y comentarista de la traducción de De la Vigenère de la Vida de Apolonio de Tiana, escribió para la edición de 1609 una serie de epigramas, que aparecerían impresos al pie de cada grabado. El concerniente a la fábula de Ariadna dice:
L´ingrat est tousiours infidele,
Le lascif vent tousiours changer,
Si Thesée oublie sa belle,
Et le bien qu´il a receu d´elle,
L´ayant preservé du danger,
Bacchus n´a pas moins d´inconstance,
Car il ayme le changement,
Ny Ariadné d´imprudence,
D´avoir choisi un tel amant:
Sa volupté fut la plus forte,
Bien que son mal fut à sa parte.
El ingrato es siempre infiel,
El lascivo viento, siempre cambiante.
Si Teseo olvida a su amada
Y el bien que ha recibido de ella:
Haberlo preservado del peligro,
Baco no es menos veleidoso.
Pues a él le gusta la mudanza.
Ni menos imprudente Ariadna
Por haber elegido a tal amante.
Fue tan grande su voluptuosidad
Aunque consigo trajera la desgracia.(1)
(1) Seguramente el autor hace referencia a la leyenda de la muerte de Ariadna a manos de Ártemis cumpliendo una orden del propio Dioniso.
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| Detalle de la imagen de cabecera |
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viernes, enero 31, 2014
El lamento de Ariadna (XXII)
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| Ariadna abandonada en Naxos. Grabado de Johann Ulrich Krauss |
En 1676 se publicaba en la Imprenta Real de París la versión al francés de Las metamorfosis de Ovidio realizada por el poeta y dramaturgo Isaac de Benserade (1613-1691) empleando la estrofa denominada "rondeau": Métamorphoses d´Ovide en Rondeaux. Imprimez et Enrichis de Figures par Ordre de Sa Majesté, Et Dediez a Monseigneur le Dauphin (Paris, Imprimerie Royale, Sebastien Mabre-Cramoisy imprimeur de Sa Majesté). El escritor normando, que había recibido una pensión del cardenal Richelieu y comenzado su carrera literaria con la tragedia Cleopatra (1635), se convirtió a la muerte de éste en favorito del Duque de Brézé, del cardenal Mazarino y, finalmente, del propio Luis XIV, en cuya corte destacó como autor de letras de ballets. Fue el mismo rey quien le encargó poner en verso la obra de Ovidio, pero en un momento en que la estrella de Benserade empezaba a declinar. Poco después se retiraría a Gentilly.
El "rondeau" (rondó) es una composición empleada en la poesía francesa desde el siglo XV que consta de trece versos endecasílabos y un bordón, que se reitera en las posiciones novena y decimoquinta. Clément Marot había establecido que éste debía surgir de las primeras cuatro sílabas del verso inicial. El esquema ideal sería el siguiente: primera estrofa, AABBA; segunda estrofa, AAB + bordón; y tercera estrofa, AABBA + bordón. He aquí el escrito por Benserade para referir libremente el episodio del abandono de Ariadna contenido en el libro octavo de Las metamorfosis:
"Ariane abandonnée se plaint dans un desert"
Il est bien dur de mourir de langueur
pour un ingrat toûjours maistre d'un coeur,
dont la pensée est encore à luy toute,
d'un coeur tout neuf qui perdit ce qui coûte,
si cher helas ! à la jeune pudeur.
Ce souvenir, s'il a quelque douceur,
pour un indigne, et cruel ravisseur,
pour Ariane est bien amer sans doute.
Il est bien dur,
L' abandonner à son propre malheur,
et que celuy qui cause sa douleur
ne vienne pas aux plaintes qu'il écoute,
pour essuyer des larmes qu'il redoute,
qu'il void couler, et dont il est l'autheur.
Il est bien dur.
"Ariadna abandonada se lamenta en un desierto"
Es muy duro morir de abatimiento
A causa de un ingrato, amo siempre de un corazón,
Que sólo piensa en él;
De un corazón tan ingenuo que hizo perder
a la joven su vergüenza, bien, ¡ay!, tan preciado.
Este recuerdo, si hay compasión
Con un indigno y cruel raptor,
Para Ariadna es bien amargo sin duda.
Es muy duro,
Abandonarla a su propia desgracia,
Y que el que causa su dolor
No acuda a los lamentos que escucha,
Para enjugar unas lágrimas a las que teme,
Que ve correr, y de las que es causante.
Es muy duro.
Páginas de la edición de 1676
La
edición parisina contaba con un frontispicio dibujado por el gran
pintor Charles Le Brun que fue grabado por Sébastien Le Clerc, y cada
"rondeau", impreso en la página derecha, iba acompañado a la izquierda
de una pequeña ilustración grabada y enmarcada, cuyos autores fueron el propio
Le Clerc (1637-1714), Jean Le Pautre (1618-1682) y François Chauveau (1613-1676). Este
último, muerto precisamente el año de la impresión del libro de que
tratamos y autor de muchos de los dibujos, tenía desde 1662 el título
de Grabador del Rey y era consejero de la Academia Real de Pintura y
Escultura. De su taller se conservan más de 6000 grabados que, entre
otros, ilustran obras de Scarron, Molière, Racine, Boileau o La
Fontaine. Por lo que respecta a Le Clerc, nacido en Metz e hijo de un
orfebre, había llegado a París en 1665 después de haber hecho carrera
militar como ingeniero. Allí Charles Le Brun, le aconsejó olvidar las
ciencias y dedicarse únicamente al dibujo y al grabado, llegando a
obtener de parte del ministro Colbert una pensión de 600 escudos con la condición
de que consagrara su talento exclusivamente al servicio del Rey.
Aceptado en la Academia Real en 1672, ejerció en ella como profesor de
Geometría y Perspectiva. Le Pautre, por su parte, se había especializado en los grabados de motivos arquitectónicos y ornamentales, y formaba igualmente parte e la Academia Real (desde 1617).
Chauveau
firmó los grabados que representan a Pasífae y el toro y a Teseo
preparado para entrar en el laberinto, es decir, los que preceden al que nos interesa, en el que no advertimos, sin embargo, autógrafo alguno. En el mismo aparece en primer plano
Ariadna, ataviada con túnica y calzada en un solo pie, su cabello
hermosamente recogido. Ha salido de la tienda en la que ha pasado la
noche con Teseo tras advertir su ausencia y corre desesperada alzando
los brazos al ver que el barco (anacrónico) del ateniense se pierde en el horizonte. La abundante
vegetación poco tiene que ver con el paisaje desolado que pintaba
Ovidio.

| Páginas de la edición de 1697 con grabado de Van Hagen |
La obra en cuestión fue reeditada en Amsterdam en 1679 por el impresor Abraham Wolfgang, pero en esa ocasión se prefirió colocar el texto a la izquierda, y los grabados, cuya copia fue encomendada a Christian van Hagen, a la derecha. Como puede verse en la imagen que reproducimos, se ampliaron e invirtieron los dibujos, para lo que se emplearía la técnica de proyección en un espejo, pero las modificaciones en éstos son muy leves (obsérvese, por ejemplo, en la representación de Ariadna abandonada el contorno de la cresta montañosa del fondo). Estos grabados de Van Hagen fueron empleados también en la edición de 1697 (Amsterdam, Pierre Mortier).
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| Grabado de Krauss para la edición de 1690 |
Una nueva edición de estos grabados se realizó en 1690 en la ciudad de Ausburgo, en el taller de Johann Ulrich Krauss (1655-1719), impresor asimismo de Die
Verwandlungen des Ovidii: in zweyhundert und sechs und zwantzig
Kupffern, título de estas Metamorfosis ilustradas. En cada página del libro aparecían dos ilustraciones acompañadas de un breve texto en alemán.
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domingo, enero 19, 2014
El lamento de Ariadna (XXI)
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| Teseo y Ariadna, grabado de Stefano della Bella (1644) |
Más grabados del siglo XVII
En 1643 el cardenal Mazarino, tutor del defín Luis, futuro Luis XIV (1638-1715), decidió la creación de una serie de juegos destinados a estimular la inteligencia y perfeccionar la instrucción del joven príncipe. Su preceptor, Hardouin de Péréfixe, arzobispo de París, encargó al escritor Jean Desmarets de Saint-Sorlin (1595-1676) la creación de cuatro juegos de cartas educativas "pour le divertissement et l´instruction du Dauphin": el Jeu des Fables o des Métamorphoses, el Jeu des Reynes Renommées, el Jeu des rois de France y el Jeu de la Géographie. Cada carta estaría formada por un grabado y un comentario. Los dibujos, y luego los grabados al aguafuerte, fueron realizados por el florentino Stefano della Bella (1610-1664), instalado en París entre 1640 y 1649, quien entregó su trabajo en 1644, año en que se imprimiría en el taller de Henri Le Gras.
Nos interesa particularmente el Juego de las Metamorfosis, evidentemente inspirado en la obra del poeta Ovidio. Estaba compuesto de 52 cartas, repartidas en picas, corazones, diamantes y tréboles, que contienen imágenes de los dioses (Júpiter, Juno, Marte...) y de varias leyendas: la de Acteón, la de Vertumno y Pomona, la de Jasón y el vellocino de oro, la de Pan y Siringe, Dédalo e Ícaro, Hércules y Deyanira...
La carta correspondiente a Teseo y Ariadna ( 87 x 56 mm) contiene en la parte superior un grabado en el que se representa a la princesa cretense, en primer plano y dando la espalda al espectador, sentada en una roca de la playa intentando, con sus movimientos de manos, llamar la atención de los navegantes del bajel de Teseo, que ya surca el mar. La leyenda al pie reza:
Thesée et Ariadne
Thesée fils d´Egée Roy d´Athenes, ayant vaincu le Minotaure en Crete par le moyen d´Ariadne fille de Minos et de Pasiphae, il s´enfuit avec elle en l´isle de Naxo, ou il l´abandonna. Elle y fut trouvée par Bacchus qui l´ayma, et mit sa couronne dans le ciel.
Teseo y Ariadna
Teseo, hijo de Egeo, rey de Atenas, habiendo vencido al Minotauro en Creta gracias a Ariadna, hija de Minos y de Pasifae, huyó con ella a la isla de Naxos, donde la abandonó. Fue encontrada por Baco, que se enamoró de ella y puso su corona en el cielo.
Al pie, el número 7 y el dibujo de un trébol.
Stefano della Bella (1610-1664) se había iniciado como orfebre y más tarde pasó al dibujo y el grabado. Sus obras juveniles se inspiraron en los aguafuertes de Jacques Callot. Estuvo primero bajo la protección de Lorenzo de Medici, hijo del gran duque de Toscana Fernando I, y luego viajó a Roma, donde permaneció entre 1633 y 1636. Allí conoció a grabadores y editores franceses, quienes influyeron en su decisión de marchar a París, donde recibió numerosos encargos del cardenal Richelieu y obtuvo gran éxito en la corte. La temática de sus grabados es muy variada: animales, escenas de carnaval, batallas, paisajes, mapas, elementos decorativos... De vuelta a Florencia regresó junto a los Medici sin dejar de estar vinculado a los editores parisinos. Dejó un legado de más de mil grabados.
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lunes, enero 13, 2014
El lamento de Ariadna (XX))
| Ariadna abandonada, esmalte sobre azulejo de J. Romero (45 x 31,5 cm) basado en un grabado de Johan Ulrich Krauss (h. 1690) para ilustrar Las Metamorfosis de Ovidio |
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domingo, enero 05, 2014
El lamento de Ariadna (XIX)
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| Plancha 74 de la edición de Bauer de 1703 |
En 1606 el pintor y grabador Antonio Tempesta (Florencia, 1555-Roma, 1630) daba a luz en Amberes un nuevo juego de grabados destinado a ilustrar Las metamorfosis de Ovidio, inspirados en los ya conocidos de Bernard Salomon. El precioso libro intitulado Metamorphoseon sive transformationum Ovidianarum libri quindecim, aeneis formis ab Antonio Tempesta florentini incisi et in pictorum antiquitatisque studiosorum gratiam nunc primum exquisitissimis sumptibus a Petro de Iode Antverpiano in lucem editi, sólo contiene, en lo que a nosotros nos interesa, la escena de la lucha entre Teseo y el Minotauro dentro del Laberinto.
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| Teseo vence al Minotauro, Antonio Tempesta (ed. 1606) |
Tempesta fue alumno del pintor flamenco establecido en Florencia Giovanni Stradano (Jan van der Straet), cercano al círculo de Vasari, y alumno de la Accademia de Disegno de la ciudad del Arno. En Roma se relacionó con la colonia neerlandesa y obtuvo varios encargos del papa Gregorio XIII junto a Matthijs Bril. Participó en la decoración del Palazzo Farnese en Caprarola y en la realización de los frescos de Villa d´Este en Tivoli. Como grabador, son muy apreciadas sus estampas sobre escenas del Antiguo Testamento, la mencionada serie de Las metamorfosis y otra destinada a ilustrar Batauorum cum Romanis bellum, en colaboración con Otto van Veen.
Los grabados de Tempesta fueron imitados, ya que debieron de conocerlos antes de su edición, por el holandés Hendrick Goltzius (1558-1617) y su seguidor Crispin de Passe (1564-1637), en su Metamorphoseon Ouidianarum typi aliquot artificiosissime delineati, ac in gratiam studiosae juuentutis editi per Crispianum Passaeum Zeelandum chalcographum Anno salutis humanae 1602. Las imágenes de estos tres grabadores están repletas de matices de estilo manierista y anuncian ya el Barroco. También fueron utilizados estos dibujos por el francés Jean Mathieu para las ilustraciones que acompañarían las traducciones al francés de la obra de Ovidio a cargo de Nicholas Renouard desde la primera edición de 1617 (Les Metamorphoses d´Ovide traduites en prose française..., París, Veuve L´Angelier).
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| Teseo y el Minotauro, grabado de J. Mathieu, Les Metamorphoses d´Ovide (ed. 1619) |
Se inspiran igualmente en Salomon pero deben considerarse ya barrocas las imágenes que el grabador alemán Johann Wilhelm Baur -Joan Guiliam Bouwer o Bauer- (Estrasburgo, 1607- Viena, 1640) creó para su Ovidio ilustrado casi al final de su carrera artística. Hijo de orfebre, destacó por su precisión en las miniaturas y los cuadros de pequeño formato (escenas de batallas y puertos, paisajes y alegorías) con los que obtuvo considerable éxito en Italia. Residió en Nápoles y Roma, y trabajó para las más notables familias del momento: los Farnese, los Colonna y los Borghese. En 1637 se dirigió a Viena donde el emperador Fernando III le encargó una serie de grabados sobre la vida de Cristo y de la Virgen. Allí realizó también las 150 planchas para Las Metamorfosis de Ovidio, obra que vio la luz en 1641 aunque algunas estampas están firmadas ya en 1639. La obra fue reeditada al menos en 1687 (Nuremberg), 1703 (Nuremberg), 1709 (Augsburgo). La plancha 74 nos presenta en primer plano la unión de Dioniso y Ariadna sobre quienes penden las estrellas que simbolizan la constelación. En segundo plano aparece la princesa cretense entregando el hilo a Teseo, que se encuentra también detrás ya luchando con el Minotauro. Al fondo, el paisaje presenta la rocosa isla de Naxos y el bajel del pérfido ateniense que se aleja de la costa.
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| Teseo vence al Minotauro, plancha 74 de la edición de Bauer de 1641 |
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martes, julio 02, 2013
Hécate
| Hécate luchando contra los Titanes, copia de un fragmento del relieve del Altar de Pérgamo, Jesús Romero (2010), terracota patinada (60 x 43 cm)
Himno a Hécate (Himnos órficos)
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A Hécate guardiana de caminos llamo,
Frecuentadora de encrucijadas, amable,Celeste, terrena y marina,
De azafranado peplo,
Fúnebre, que entre las almas de los muertos delira,
Hija de Perses,
Amiga de la soledad,
Que goza con los ciervos,
Noctámbula,
Protectora de los perros,
Invencible reina,
Devoradora de fieras,
Desceñida,
De irresistible figura,
Honrada con sacrificios de toros,
Soberana clavera de todo el mundo,
Muchacha capitana,
Nutridora de jóvenes,
Montaraz,
Suplicando a esta doncella que asista a los rituales sagrados
Siendo bondadosa con el boyero,
De corazón siempre contento.
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martes, junio 25, 2013
Leandro y Hero
| Hero y Leandro, William Etty (1828-1829), Colección privada. Imagen tomada de http://commons.wikimedia.org |
Soneto XXIX
Garcilaso de la Vega
Pasando el mar Leandro el animoso,
en amoroso fuego todo ardiendo,
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con un ímpetu furioso.
Vencido del trabajo presuroso,
contrastar a las ondas no pudiendo,
y más del bien que allí perdía muriendo,
que de su propia vida congojoso,
como pudo, esforzó su voz cansada,
y a las ondas habló desta manera
(mas nunca fue su voz de ellas oída):
"Ondas, pues no se escusa que yo muera,
dejadme allá llegar, y a la tornada
vuestro furor esecutá en mi vida".
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jueves, mayo 02, 2013
Primavera XI
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| La Primavera o El regreso de la Primavera, William Adolphe Bouguereau (1886), Museo de Arte Joslyn (Omaha, U.S.A.) |
Carmina Burana LXVIII
1. Saturni sidus liuidum Mercurio micante
Fugatur ab Apolline risum Iouis nudante,
Redit ab exilio uer coma rutilante.
2. Cantu nemus auium
Lasciuia canentium
Suaue delinitur,
Fronde redimitur;
Vernant spine floribus
Micantibus,
Signantibus
Venerem, quia spina pungit, flos blanditur.
3. Mater Venus subditis amori
Dulcia
Stipendia
Copia
Largiri delectatur uberiori.
4. Dulcis aura Zephyri
Spirans ab occidente
Iouis fauet sideri
Alacriori mente,
Aquilonem carceri
Eolo nolente
Deputans; sic ceteri
Glaciales spiritus diffugiunt repente.
Redit calor etheri,
Dum caligo nubium rarescit Sole Taurum tenente.
5. Sic beati spes, halitus flagrans oris tenelli,
Dum acclinat basium,
Scindit nubem omnium
Curarum; sed auelli
Nescit, ni congressio sit arcani medica duelli.
6. Felix hora huius duelli,
Cui contingit nectar adunare melli!
Quam felix unio,
Cuius suauitatis poculo
Sopiuntur sensus et ocelli!
1. De Saturno el astro envidioso, Mercurio brillando,
Es ahuyentado por Apolo, la risa de Júpiter mostrando;
Regresa de su exilio Primavera, con su cabellera rutilando.
2. El bosque con el canto de los pájaros,
Que con desenfreno cantan,
Placentero se dibuja,
Con frondas se corona.
Brotan las espinas entre las flores
Que resplandecen,
Y son emblema
De Venus; pues la espina pincha, la flor acaricia.
3. La madre Venus a quienes se someten al Amor
Dulces
Sueldos
Con generosidad
Mucha se complace pagar.
4. La dulce aura del Céfiro
Soplando desde occidente
Al astro de Júpiter acoge
Con más alegre pensamiento,
Al Aquilón en su cárcel,
Sin que lo quiera Eolo,
Encerrando; así los demás
Aires helados huyen de repente.
Regresa el calor a la atmósfera
Mientras la oscuridad de las nubes se desvanece al ocupar Tauro el Sol.
5. Así la esperanza de felicidad, el aliento ardiente de una boquita tierna,
Mientras se entrega al beso,
Rasga la nube de todas
Las cuitas; mas cómo apartarla
No sabe, si no se produce la curativa unión del secreto combate.
6. ¡Dichosa la hora de este combate,
Al que toca unir el néctar con la miel!
¡Qué dichosa unión!
¡Con un trago de este placer
Los ojitos y los sentidos se adormecen!
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viernes, abril 26, 2013
El lamento de Ariadna (XVIII)
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| Ilustración de Giacomo Franco para el libro VIII de la traducción de Anguillara en la edición de 1584 |
En
1554 aparecía en París la traducción al italiano en octavas de los tres
primeros libros de Las Metamorfosis de Ovidio a cargo del poeta Giovanni Andrea
dell´Anguillara, dedicada al rey Enrique II: De le Metamorfosi d'Ovidio libri III di Giovanni Andrea dell'Anguillara. Anguillara, nacido en Sutri (1517), se había educado en Roma, donde había estudiado jurisprudencia, aunque su vocación literaria le movió pronto a probar fortuna en el campo de las letras. El fracaso de su comedia L´Anfitrione (1548) le llevó a abandonar la ciudad, incorporándose al séquito del cardenal Farnese, con quien viajará a Parma. Poco después marchará a Venecia, donde trabajó en la mencionada traducción, y luego a París, donde esperaba alcanzar la gracia del rey Enrique II de Francia y convertirse en poeta cortesano. Las críticas llegadas desde Italia a propósito de la escasa fidelidad de la traducción al texto latino y la inesperada muerte del rey retrasaron la tarea del poeta, quien, no obstante, desarrollará en París su etapa de mayor actividad. De ella son fruto L'Orlando Furioso dell'Ariosto con gli argomenti di Gio. Andrea dell'Anguillara (Venecia 1563, 1566, 1568) y Nuovi argomenti fatti da M. Giovan. Andrea dell'Anguillara sopra Orlando Furioso di M. Lodovico Ariosto (Florencia, 1570), amén del resto de la versión del poema ovidiano, que esperaba ver impresa en Lyon en 1560. En París se ganó la amistad de Catalina de Médici, esposa de Enrique, a la que dedicó unas Rime, sin embargo decidió abandonar la ciudad ante el clima de intolerancia religiosa que se vivía en ella. Tras intentar la publicación de su manuscrito ovidiano en la corte de Cosme I de Médici, en Florencia, ésta tendrá lugar definitivamente en Venecia, en la imprenta de Giovanni Griffio, en 1561, Le Metamorfosi di Ovidio di Gio. Andrea dell'Anguillara, ahora con dedicatoria
al rey Carlos IX de Francia.
Dos años después la obra se completaba con unos
comentarios de Giuseppe Orologi, Le Metamorfosi di Ovidio, ridotte da Giovanni
Andrea dell'Anguillara in ottava rima, al cristianissimo re di Francia Enrico
II, di nuovo dal proprio autore rivedute e corrette, con le annotazioni di
messer Gioseppe Orologgi (Venecia,
Francesco de Franceschi, 1563).
La traducción de Anguillara se caracteriza por la
reelaboración del original latino al que añade abundantes digresiones, fruto de
su gran imaginación y de sus abundantes lecturas, que vienen a complicar el ya de por sí
elaborado texto ovidiano. En el caso que nos ocupa, los cuatro versos de Ovidio dedicados al abandono de Ariadna por parte de Teseo (met. 8, 174-177),
Protinus Aegides rapta Minoide Diam
Vela dedit comitemque suam crudelis in illo
Litore destituit. Desertae et multa querenti
Amplexus et opem Liber tulit, utque perenni…,
se convierten en las 41 estrofas que a continuación reproducimos. En ellas es muy notable la influencia del texto de las Heroidas (epist. X, Ariadna Theseo), que ya editamos y tradujimos en una entrada anterior. Nótese, por ejemplo, en las estrofas dedicadas al despertar de Ariadna: 105, cf. her. 10,7; 106, cf. her. 10, 11-13; 107, cf. her. 10, 14-16; 108, cf. her.10, 17-24; 109, cf. her. 25-27; 110, cf. her. 10, 28- 32, etc. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que Anguillara incorpora la traducción de los versos de la epístola al pasaje de Las Metamorfosis.
Con la sorella sua, che dispost’haue,
Lascia la terra, e’l padre, e corre al porto,
E monta ascosamente in su la naue.
Subito, ch’esser vede il Greco accorto
Di cosi rica merce il legno graue,
Snoda le vele al vento, e fugge via,
E prende terra à l’isola di Dia.
Lascia la terra, e’l padre, e corre al porto,
E monta ascosamente in su la naue.
Subito, ch’esser vede il Greco accorto
Di cosi rica merce il legno graue,
Snoda le vele al vento, e fugge via,
E prende terra à l’isola di Dia.
102
Fà tosto un padiglion tender su’l lido,
Che fin ch’apporti il giorno il nouo lume,
Con l’incauta fanciulla il Greco infido
Si vuol goder l’insidiose piume.
Ella, che’l suo amor crede un vero nido
D’ogni gentil, d’ogni real costume,
Al suo finto parlar prestando fede,
À l’empie braccia sue si donna, e crede.
Che fin ch’apporti il giorno il nouo lume,
Con l’incauta fanciulla il Greco infido
Si vuol goder l’insidiose piume.
Ella, che’l suo amor crede un vero nido
D’ogni gentil, d’ogni real costume,
Al suo finto parlar prestando fede,
À l’empie braccia sue si donna, e crede.
103
Teseo, che tutto hauea riuolto il core,
À l’altra assai più giouane sorella,
La qual quel crudo, e traditor d’Amore
Fece parere à gli occhi suoi più bella,
Tolto c’hebbe à la vergine quel fiore,
Che la fè fin allhor nomar donzella,
E nel sonno sepolta esser la vide,
Lasciò con muto piè le tende infide.
104
À l’altra assai più giouane sorella,
La qual quel crudo, e traditor d’Amore
Fece parere à gli occhi suoi più bella,
Tolto c’hebbe à la vergine quel fiore,
Che la fè fin allhor nomar donzella,
E nel sonno sepolta esser la vide,
Lasciò con muto piè le tende infide.
104
Tacitamente al legno si trasporta,
E fa spiegar l’ insidioso lino.
Il vento gonfia à lui propitio, e porta
Ver la prudente Athene il crudo pino.
Piange l’altra donzella, ei la conforta,
E non si scopre il raggio matutino,
Che la dispone à tutte le sue voglie,
E secondo il desio la fa sua moglie.
105
E fa spiegar l’ insidioso lino.
Il vento gonfia à lui propitio, e porta
Ver la prudente Athene il crudo pino.
Piange l’altra donzella, ei la conforta,
E non si scopre il raggio matutino,
Che la dispone à tutte le sue voglie,
E secondo il desio la fa sua moglie.
105
Già la stellata Dea, che’l giorno asconde,
Splender vedea le sue tenebre alquanto:
E già l’Aurora, e le sue chiome bionde
À l’herbe, à fior fean ruggiadoso il manto:
E velando gli augei fra fronde, e fronde
Facean del nouo albor festa co’l canto:
Ogni mortal dal placido soggiorno,
Chiamato à le fatiche era del giorno:
106
Splender vedea le sue tenebre alquanto:
E già l’Aurora, e le sue chiome bionde
À l’herbe, à fior fean ruggiadoso il manto:
E velando gli augei fra fronde, e fronde
Facean del nouo albor festa co’l canto:
Ogni mortal dal placido soggiorno,
Chiamato à le fatiche era del giorno:
106
Quando Arianna misera fu sciolta
Dal sonno, che lo spirto hauea legato,
Nè del tutto anchor desta il viso volta,
Doue crede trouar l’amante ingrato:
Stende l’accesa man più d’una volta,
Poi cerca in vano anchor da l’altro lato.
In van per tutto i piè moue, e le braccia,
Tal, che’l timor dal tutto il sonno scaccia.
107
Dal sonno, che lo spirto hauea legato,
Nè del tutto anchor desta il viso volta,
Doue crede trouar l’amante ingrato:
Stende l’accesa man più d’una volta,
Poi cerca in vano anchor da l’altro lato.
In van per tutto i piè moue, e le braccia,
Tal, che’l timor dal tutto il sonno scaccia.
107
S’alza, s’ammanta, e con furor s’auenta
Dal fatto poco pria vedouo letto,
E’l crine, e’l panno inconta il freno allenta
Ad ogni mesto, e doloroso affetto;
E va spinta dal duol, che la tormenta,
Stracciando il crine, e percotendo il petto,
E dando al ciel mille angosciose strida,
Doue lasciato hauea la naue infida.
108
Dal fatto poco pria vedouo letto,
E’l crine, e’l panno inconta il freno allenta
Ad ogni mesto, e doloroso affetto;
E va spinta dal duol, che la tormenta,
Stracciando il crine, e percotendo il petto,
E dando al ciel mille angosciose strida,
Doue lasciato hauea la naue infida.
108
Guarda s’altro veder, che’l lito puote,
Nè puote altro veder, che’l lito istesso.
L’alte sue strida, e le dolenti note
L’amato nome in van chiamano spesso.
Quel suon nel cavo sasso entra, e percote,
E’l sasso per pietate il chiama anch’esso.
Ella chiama Teseo, Teseo la pietra,
Nè quella, ò questa la risposta impetra.
109
Nè puote altro veder, che’l lito istesso.
L’alte sue strida, e le dolenti note
L’amato nome in van chiamano spesso.
Quel suon nel cavo sasso entra, e percote,
E’l sasso per pietate il chiama anch’esso.
Ella chiama Teseo, Teseo la pietra,
Nè quella, ò questa la risposta impetra.
109
Mentre corre per tutto, e’l suo cordoglio
Sfoga con alte strida, alzarsi scorge
Un’aspro, incolto, e ruinoso scoglio,
Ne la cui cima arbusto alcun non sorge,
Percosso dal marin continuo orgoglio,
E curuo, e molto in fuor su’l mar si porge,
Sù per l’erto camin montar si sforza,
E l’animo, ch’ell’ha, le dà la forza.
110
Sfoga con alte strida, alzarsi scorge
Un’aspro, incolto, e ruinoso scoglio,
Ne la cui cima arbusto alcun non sorge,
Percosso dal marin continuo orgoglio,
E curuo, e molto in fuor su’l mar si porge,
Sù per l’erto camin montar si sforza,
E l’animo, ch’ell’ha, le dà la forza.
110
Quiui ella vide, ò pur veder le parue
(Che la luce anchor dubbia era del cielo),
Per gire, ù già nel ciel Calisto apparue,
Un legno hauer fidato al vento il velo.
Tosto il viuo color dal volto sparue,
E cadde in terra più fredda, che’l gielo.
L’atterra, e d’ogni senso il duol la priua,
E poi lo stesso duol la punge, e auuiua.
111
(Che la luce anchor dubbia era del cielo),
Per gire, ù già nel ciel Calisto apparue,
Un legno hauer fidato al vento il velo.
Tosto il viuo color dal volto sparue,
E cadde in terra più fredda, che’l gielo.
L’atterra, e d’ogni senso il duol la priua,
E poi lo stesso duol la punge, e auuiua.
111
Si leua, e con questa ira, e questo sdegno
Scopre il dolor che strugge il cor profondo;
Doue fuggi crudel? Guarda, ché’l legno
Non ha il numero suo, non ha il suo pondo.
Non son si graui i membri, ch’io sostegno,
Che debbian l’arbor tuo mandare in fondo.
Se l’alma mia crudel se ne vien teco,
Perche non fai, che ’l suo mortal sia seco?
112
Scopre il dolor che strugge il cor profondo;
Doue fuggi crudel? Guarda, ché’l legno
Non ha il numero suo, non ha il suo pondo.
Non son si graui i membri, ch’io sostegno,
Che debbian l’arbor tuo mandare in fondo.
Se l’alma mia crudel se ne vien teco,
Perche non fai, che ’l suo mortal sia seco?
112
Non dei soffrir, che vaga del suo obbietto
T’habbia l’alma à seguir fuor del suo nido.
Cosi del crudo suo noioso affetto
Fà risonar d’intorno il mare, e’l lido.
E percote le man, percote il petto,
E co’l gesto accompagna il debil grido.
Porta via intanto l’Austro empio, e veloce
L’Attiche vele, e la Cretense voce.
113
T’habbia l’alma à seguir fuor del suo nido.
Cosi del crudo suo noioso affetto
Fà risonar d’intorno il mare, e’l lido.
E percote le man, percote il petto,
E co’l gesto accompagna il debil grido.
Porta via intanto l’Austro empio, e veloce
L’Attiche vele, e la Cretense voce.
113
Visto poi, che la voce afflitta, e mesta
Di passar tanto in là forza non haue,
Accenna con la mano, e con la vesta,
Ch’essi han lasciato in terra un de la naue.
La naue se nè và felice, e presta,
Nè vuol per cenni altrui farsi più graue:
E, mentre ella più accenna, e si querela,
Vede in tutto sparir l’ingrata vela.
114
Di passar tanto in là forza non haue,
Accenna con la mano, e con la vesta,
Ch’essi han lasciato in terra un de la naue.
La naue se nè và felice, e presta,
Nè vuol per cenni altrui farsi più graue:
E, mentre ella più accenna, e si querela,
Vede in tutto sparir l’ingrata vela.
114
Gli occhi per tutto il mar raggira, e volta,
Stride, e si fiede, e’l crin rompe, e disface.
Corre di quà, di là, chiama, et ascolta,
Hor alza il grido, hor dà l’orecchie, e tace.
Come maga suol far, quand’ebbra, e stolta,
Lo Dio, c’ha in sen, vaticinar la face,
Che sparso il crin fra varii cerchi, e segni
S’aggira, e grida, e fa mill’atti indegni.
115
Stride, e si fiede, e’l crin rompe, e disface.
Corre di quà, di là, chiama, et ascolta,
Hor alza il grido, hor dà l’orecchie, e tace.
Come maga suol far, quand’ebbra, e stolta,
Lo Dio, c’ha in sen, vaticinar la face,
Che sparso il crin fra varii cerchi, e segni
S’aggira, e grida, e fa mill’atti indegni.
115
Talhor guardando il mar su’l sasso siede,
Con lo spirto si stupido, e si lasso,
E cosi ferma stà dal capo al piede,
Che non par men di pietra ella, che’l sasso.
Stà cosi alquanto; e poi, che si rauuede,
Ver l’albergo notturno affretta il passo,
E crede anchor trovarlo, e si conforta,
Nè la speranza in lei del tutto è morta.
116
Con lo spirto si stupido, e si lasso,
E cosi ferma stà dal capo al piede,
Che non par men di pietra ella, che’l sasso.
Stà cosi alquanto; e poi, che si rauuede,
Ver l’albergo notturno affretta il passo,
E crede anchor trovarlo, e si conforta,
Nè la speranza in lei del tutto è morta.
116
Ma, quando poi la suenturata porge
Dentro à le tende in ogni parte il lume,
E fra i duo lini anchor tepidi scorge,
Ch’iui non gode il suo Teseo le piume,
In lei l’ira, e’l dolor maggior risorge,
E d’ogni luce fa di nouo un fiume,
Doue al fin si posar l’ingrate membra,
Si posa, e’l suo dolor cosi rimembra:
117
Dentro à le tende in ogni parte il lume,
E fra i duo lini anchor tepidi scorge,
Ch’iui non gode il suo Teseo le piume,
In lei l’ira, e’l dolor maggior risorge,
E d’ogni luce fa di nouo un fiume,
Doue al fin si posar l’ingrate membra,
Si posa, e’l suo dolor cosi rimembra:
117
O falso albergo de’riposi miei,
Quanto il tuo honor, quanto il mio stato offendi:
O quanto ingiusto, o quanto infido sei,
O quanto male al tuo debito intendi.
Hiersera à la tua fe due ne credei,
Hor, perche nel mattin due non ne rendi?
Tu manchi troppo à la ragione, e al vero,
Se’l deposito mio non rendi intero.
118
Quanto il tuo honor, quanto il mio stato offendi:
O quanto ingiusto, o quanto infido sei,
O quanto male al tuo debito intendi.
Hiersera à la tua fe due ne credei,
Hor, perche nel mattin due non ne rendi?
Tu manchi troppo à la ragione, e al vero,
Se’l deposito mio non rendi intero.
118
Doue hai posto, infedel, che più non veggio,
Del deposito mio la miglior parte?
Doue, oime, per ragion ricorrer deggio
In questa inculta, e solitaria parte?
Quest’isola non hà pretorio seggio,
Anzi mancando di cultura, e d’arte,
D’ogni commercio human la credo ignuda,
E albergo d’ogni fera horrenda, e cruda.
119
Del deposito mio la miglior parte?
Doue, oime, per ragion ricorrer deggio
In questa inculta, e solitaria parte?
Quest’isola non hà pretorio seggio,
Anzi mancando di cultura, e d’arte,
D’ogni commercio human la credo ignuda,
E albergo d’ogni fera horrenda, e cruda.
119
Qui non son’naui, e son cinta dal mare,
Nè qui spero rimedio à tanta doglia:
Ma ponian, ch’un nocchier vegga arriuare,
Che per pietate à l’isola mi toglia,
In qual’arena mi farò portare?
Qual terra trouerò, che mi raccoglia?
Debbo tornare al monte patrio d’Ida,
Doue al fratel fui cruda, al padre infida?
120
Nè qui spero rimedio à tanta doglia:
Ma ponian, ch’un nocchier vegga arriuare,
Che per pietate à l’isola mi toglia,
In qual’arena mi farò portare?
Qual terra trouerò, che mi raccoglia?
Debbo tornare al monte patrio d’Ida,
Doue al fratel fui cruda, al padre infida?
120
Quand’io, Teseo, co’l filo, e co’l consiglio
Tolsi à la patria tua si dura legge,
Giurasti per lo tuo mortal periglio
Su’l libro pio, che su l’altar si legge,
Che mentre non prendea dal corpo essiglio
Lo spirto, che’l mortal ne guida, e regge,
Sempre io la tua sarei vera consorte,
Nè à te mi potria torre altro, che morte.
121
Tolsi à la patria tua si dura legge,
Giurasti per lo tuo mortal periglio
Su’l libro pio, che su l’altar si legge,
Che mentre non prendea dal corpo essiglio
Lo spirto, che’l mortal ne guida, e regge,
Sempre io la tua sarei vera consorte,
Nè à te mi potria torre altro, che morte.
121
Ma non son però tua, ben ch’ambedui
Viuiam, se si puo dir però, che viua
Donna sepolta dal periurio altrui,
E d’ogni human commercio in tutto priua.
Deh, perch’io anchor co’l mio fratel non fui
Da te donata à la tartarea riua?
Che s’havessi ancho à me la vita tolta,
Saria la fede tua rimasa sciolta.
122
Viuiam, se si puo dir però, che viua
Donna sepolta dal periurio altrui,
E d’ogni human commercio in tutto priua.
Deh, perch’io anchor co’l mio fratel non fui
Da te donata à la tartarea riua?
Che s’havessi ancho à me la vita tolta,
Saria la fede tua rimasa sciolta.
122
Nè solo innanzi à gli occhi m’appresento
La morte, c’hò a patir, che fia solo una:
Ma quanto stratio, e mal, quanto tormento
Può dar la crudeltate, e la fortuna.
Co’l pensier veggio colma di spauento
Mille forme di morte, empia ciascuna.
E’l tardar suo di mal mi fa più copia,
Che non farà dapoi la morte propia.
123
La morte, c’hò a patir, che fia solo una:
Ma quanto stratio, e mal, quanto tormento
Può dar la crudeltate, e la fortuna.
Co’l pensier veggio colma di spauento
Mille forme di morte, empia ciascuna.
E’l tardar suo di mal mi fa più copia,
Che non farà dapoi la morte propia.
123
Lupi affamati, e rei veder mi pare
Uscir di folte macchie, ouer sotterra,
Orsi, Tigri, e Leon, se pur cibare
Quest’isola ne suol per farmi guerra.
Dicono anchor, che suol tal volta il mare
Mandar le Foche, e le Balene in terra:
E al fin di questi, e ciascun’altro male
Un sol n’ho da patir, ma non sò quale.
124
Uscir di folte macchie, ouer sotterra,
Orsi, Tigri, e Leon, se pur cibare
Quest’isola ne suol per farmi guerra.
Dicono anchor, che suol tal volta il mare
Mandar le Foche, e le Balene in terra:
E al fin di questi, e ciascun’altro male
Un sol n’ho da patir, ma non sò quale.
124
Ma, s’io discorro ben, non è la morte
La pena, ch’in me può cader più rea.
Quanto saria peggior l’empia mia sorte,
Se capitasse qui fusta, ò galea,
E fosse serua di si vil cohorte
Chi comandava à l’isola Dittea,
Del Re saggio Ditteo la vera prole,
Gli avi eccelsi di cui son Giove, e’l Sole.
125
La pena, ch’in me può cader più rea.
Quanto saria peggior l’empia mia sorte,
Se capitasse qui fusta, ò galea,
E fosse serua di si vil cohorte
Chi comandava à l’isola Dittea,
Del Re saggio Ditteo la vera prole,
Gli avi eccelsi di cui son Giove, e’l Sole.
125
Che peggio hauer potria, se fosse serua
De gl’infami ladron de la marina,
Colei, che ne la terra di Minerva
Insieme esser douea moglie, e Reina?
Venga prima ogni fera empia, e proterua,
E mi condanni à l’ultima ruina,
E faccia il dente suo contento, e satio
Del miser corpo mio con ogni stratio.
126
De gl’infami ladron de la marina,
Colei, che ne la terra di Minerva
Insieme esser douea moglie, e Reina?
Venga prima ogni fera empia, e proterua,
E mi condanni à l’ultima ruina,
E faccia il dente suo contento, e satio
Del miser corpo mio con ogni stratio.
126
Quest’aere, questa terra, e questi lidi
Mi minaccian crudeli ogni empio danno.
Hor su poniam, che questa terra annidi
Quegli animai, che più de gli altri sanno,
Come vuoi più, che d’huomini io mi fidi,
Poi che nasce da un’ huom si crudo inganno?
Ben cieco è l’occhio mio, s’anchor non vede
Quanto può donna ad huom prestar di fede.
127
Mi minaccian crudeli ogni empio danno.
Hor su poniam, che questa terra annidi
Quegli animai, che più de gli altri sanno,
Come vuoi più, che d’huomini io mi fidi,
Poi che nasce da un’ huom si crudo inganno?
Ben cieco è l’occhio mio, s’anchor non vede
Quanto può donna ad huom prestar di fede.
127
Volesse Dio, ch’Androgeo mio fratello
Mai non hauesse il tuo regno veduto,
Che non l’haurebbe il Greco empio coltello
In si tenera età donato à Pluto:
Nè veduto io t’haurei nel patrio hostello,
Per satisfare al funeral tributo.
Nè men per torti à cosi gran periglio,
T’haurei dato il mio fil, ne’l mio consiglio.
128
Mai non hauesse il tuo regno veduto,
Che non l’haurebbe il Greco empio coltello
In si tenera età donato à Pluto:
Nè veduto io t’haurei nel patrio hostello,
Per satisfare al funeral tributo.
Nè men per torti à cosi gran periglio,
T’haurei dato il mio fil, ne’l mio consiglio.
128
O cor pien di perfidia, o viso finto,
O infamia singular de’tempi nostri,
S’io ti tolsi à l’error del laberinto,
Ond’è, ch’à quinci uscir tu à me non mostri?
S’al toro te tols’io, che t’hauria vinto,
Come preda me fai di mille mostri?
S’ho il cor mostrato à te fedele, e puro,
Perche sei stato à me falso, e pergiuro?
129
O infamia singular de’tempi nostri,
S’io ti tolsi à l’error del laberinto,
Ond’è, ch’à quinci uscir tu à me non mostri?
S’al toro te tols’io, che t’hauria vinto,
Come preda me fai di mille mostri?
S’ho il cor mostrato à te fedele, e puro,
Perche sei stato à me falso, e pergiuro?
129
O traditore, e d’ogni nome indegno,
Che suol qua giù fra noi portare honore,
Dunque, perch’io ti diè l’arme, e l’ingegno,
Che ti trasser del carcer vincitore;
Dunque, perch’io t’hò liberato il regno
Da tributo si rio, da tanto horrore:
Dunque per darti in tanta impresa aita,
Mi dai la morte, ou’io ti diei la vita?
130
Che suol qua giù fra noi portare honore,
Dunque, perch’io ti diè l’arme, e l’ingegno,
Che ti trasser del carcer vincitore;
Dunque, perch’io t’hò liberato il regno
Da tributo si rio, da tanto horrore:
Dunque per darti in tanta impresa aita,
Mi dai la morte, ou’io ti diei la vita?
130
Ma ben veggo io, che mi lamento à torto,
Che senza il modo mio, senza il mio lino,
Hauresti il bue men forte, e meno accorto
Condotto al fin del suo mortal camino:
E come egli giamai t’haurebbe morto,
C’hai il cor di ferro, e’l petto adamantino?
E tu, sendo si falso, e astuto Greco
Saresti uscito anchor d’error più cieco.
131
Che senza il modo mio, senza il mio lino,
Hauresti il bue men forte, e meno accorto
Condotto al fin del suo mortal camino:
E come egli giamai t’haurebbe morto,
C’hai il cor di ferro, e’l petto adamantino?
E tu, sendo si falso, e astuto Greco
Saresti uscito anchor d’error più cieco.
131
Sonno crudel, che nel notturno oblio
Tenesti l’alma mia sepolta tanto,
Che non potei sentir lo sposo mio,
Che per fuggir si mi leuò da canto.
O venti troppo pronti al suo desio,
O troppo officiosi al nostro pianto,
O troppo ingiusti, o troppo infami venti,
Che deste aiuto à tanti tradimenti.
132
Tenesti l’alma mia sepolta tanto,
Che non potei sentir lo sposo mio,
Che per fuggir si mi leuò da canto.
O venti troppo pronti al suo desio,
O troppo officiosi al nostro pianto,
O troppo ingiusti, o troppo infami venti,
Che deste aiuto à tanti tradimenti.
132
O man cruda, e fallace, che’l consorte
Mi promettesti, e la miglior mercede;
E poi me co’l fratel donasti à morte,
Con le percosse lui, me con la fede.
Oime, che congiurar ne la mia sorte
Tre per mandarmi à la tartarea sede,
E contra una fanciulla quel, che ponno,
Han fatto tre, la fede, il vento, e’l sonno.
133
Mi promettesti, e la miglior mercede;
E poi me co’l fratel donasti à morte,
Con le percosse lui, me con la fede.
Oime, che congiurar ne la mia sorte
Tre per mandarmi à la tartarea sede,
E contra una fanciulla quel, che ponno,
Han fatto tre, la fede, il vento, e’l sonno.
133
Oime, morrommi in queste arene esterne,
E pria, che venga la mia luce oscura,
Io non vedrò le lagrime materne,
Nè la materna sua pietate, e cura.
E de’strani animai tane, e cauerne
Saran de l’ossa mie la sepoltura.
Dunque crudo Teseo questo deserto
Vuoi far degno sepolcro à tanto merto?
134
E pria, che venga la mia luce oscura,
Io non vedrò le lagrime materne,
Nè la materna sua pietate, e cura.
E de’strani animai tane, e cauerne
Saran de l’ossa mie la sepoltura.
Dunque crudo Teseo questo deserto
Vuoi far degno sepolcro à tanto merto?
134
Tu te n’andrai superbo al patrio lido,
Portando in man la vincitrice palma,
Doue ti daran gratie, honore, e grido,
C’habbi leuato lor si graue salma.
Tu conterai, com’entro al dubbio nido
Al miser fratel mio togliesti l’alma,
E come poi per vie dubbiose, e torte
Sapesti vincitor trouar le porte.
135
Portando in man la vincitrice palma,
Doue ti daran gratie, honore, e grido,
C’habbi leuato lor si graue salma.
Tu conterai, com’entro al dubbio nido
Al miser fratel mio togliesti l’alma,
E come poi per vie dubbiose, e torte
Sapesti vincitor trouar le porte.
135
Quiui haurai da la patria honore, e gloria,
Sendo per te da tanto obligo sciolta:
Et io, che fui cagion de la vittoria,
Me ne starò qui morta, e non sepolta.
Rauuiua almeno anchor la mia memoria,
E dì, ch’io mi fidai semplice, e stolta:
E, poi che desti al tuo desire effetto,
Mi lasciasti in quest’isola nel letto.
136
Sendo per te da tanto obligo sciolta:
Et io, che fui cagion de la vittoria,
Me ne starò qui morta, e non sepolta.
Rauuiua almeno anchor la mia memoria,
E dì, ch’io mi fidai semplice, e stolta:
E, poi che desti al tuo desire effetto,
Mi lasciasti in quest’isola nel letto.
136
Conta fra tanti tuoi trionfi, e fregi,
Quest’altro tuo dignissimo trofeo;
La stirpe iniqua tua non vien da’Regi,
Tu non fosti giamai figliuol d’Egeo.
Giamai non fu, come ti vanti, e pregi,
Tua madre de la stirpe di Pitteo.
Tu non fosti, crudel, mai figlio d’Etra,
Ma ben d’un’aspra in mar dannosa pietra.
137
Quest’altro tuo dignissimo trofeo;
La stirpe iniqua tua non vien da’Regi,
Tu non fosti giamai figliuol d’Egeo.
Giamai non fu, come ti vanti, e pregi,
Tua madre de la stirpe di Pitteo.
Tu non fosti, crudel, mai figlio d’Etra,
Ma ben d’un’aspra in mar dannosa pietra.
137
Lascia di nouo il letto, e su lo scoglio
Monta, e si fiede, e stride, e chiama, e guarda,
Et hor con prego dolce, hor con orgoglio
Chiama la fede sua falsa, e bugiarda.
Echo, c’haue pietà del suo cordoglio,
Dice il medesmo anch’ella, ma più tarda.
E, mentre, ch’ella stride, e si percote,
Risponde à le percosse, et à le note.
138
Monta, e si fiede, e stride, e chiama, e guarda,
Et hor con prego dolce, hor con orgoglio
Chiama la fede sua falsa, e bugiarda.
Echo, c’haue pietà del suo cordoglio,
Dice il medesmo anch’ella, ma più tarda.
E, mentre, ch’ella stride, e si percote,
Risponde à le percosse, et à le note.
138
Deh fossi sol da me tanto diuiso,
(Dicea) che da la poppa de la naue
Potessi il pianto udir, vedere il viso,
Quanta doglia appresenta; e quanto paue,
Che muteresti il tuo crudele auiso,
E di tornar non ti parrebbe graue.
Ma poi che l’occhio tuo non è presente,
Guardami almen con l’occhio della mente.
139
(Dicea) che da la poppa de la naue
Potessi il pianto udir, vedere il viso,
Quanta doglia appresenta; e quanto paue,
Che muteresti il tuo crudele auiso,
E di tornar non ti parrebbe graue.
Ma poi che l’occhio tuo non è presente,
Guardami almen con l’occhio della mente.
139
Riguarda co’l pensier l’amaro pianto,
Che stracciando i capei da gli occhi verso,
Riguarda co’l pensier l’inculto manto,
Come da pioggia esser dal lutto asperso:
Discorri, quanto io t’ho chiamato, e quanto
Ti chiamo ancor con vario, e flebil verso;
E quanto ancor da lamentarmi auanza,
Poi c’hò perduto insino à la speranza.
140
Che stracciando i capei da gli occhi verso,
Riguarda co’l pensier l’inculto manto,
Come da pioggia esser dal lutto asperso:
Discorri, quanto io t’ho chiamato, e quanto
Ti chiamo ancor con vario, e flebil verso;
E quanto ancor da lamentarmi auanza,
Poi c’hò perduto insino à la speranza.
140
Deh, torna homai Teseo prima, ch’io cada
Sola in tanta miseria in un deserto.
E, poi, che’l merto mio poco t’aggrada,
Io non ti prego più per lo mio merto:
Ti prego per honor della tua spada,
Che da te tanto mal non sia sofferto;
Che, s’io non ti saluai, non fei di sorte,
Ch’io ne douessi hauer però la morte.
141
Sola in tanta miseria in un deserto.
E, poi, che’l merto mio poco t’aggrada,
Io non ti prego più per lo mio merto:
Ti prego per honor della tua spada,
Che da te tanto mal non sia sofferto;
Che, s’io non ti saluai, non fei di sorte,
Ch’io ne douessi hauer però la morte.
141
Deh, se alcuna pietate il cor ti punge,
Riuolta à me la desiata prora:
E, se ben sei da questa isola lunge,
Non dubitar di non venire ad hora.
E come la tua naue al lito giunge,
Se troui l’alma del suo albergo fuora,
Prendi almen l’ossa, e, come si conuiene,
Doni à la moglie tua sepolcro Athene.
142
Riuolta à me la desiata prora:
E, se ben sei da questa isola lunge,
Non dubitar di non venire ad hora.
E come la tua naue al lito giunge,
Se troui l’alma del suo albergo fuora,
Prendi almen l’ossa, e, come si conuiene,
Doni à la moglie tua sepolcro Athene.
142
Mentre cosi la suenturata piange,
E in varij luoghi si trasporta, e duole,
E del dolor, che la tormenta, et ange,
Fan fede le percosse, e le parole;
Lo Dio, che già fu vincitor del Gange,
Come la buona sua fortuna vuole,
Vede passando lei, che si querela,
E fa voltare à quel camin la vela.
E in varij luoghi si trasporta, e duole,
E del dolor, che la tormenta, et ange,
Fan fede le percosse, e le parole;
Lo Dio, che già fu vincitor del Gange,
Come la buona sua fortuna vuole,
Vede passando lei, che si querela,
E fa voltare à quel camin la vela.
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| Ilustración para la edición de Zaltieri (1607) |
Tras la aparición de la traducción de Las Metamorfosis, Anguillara se ocupará principalmente de la traducción de La Eneida de Virgilio, igualmente en octavas, cuyo primer libro se publicó en Padua (1564), y el segundo, en Roma, adonde se trasladó en 1566 para completar su tarea al amparo del cardenal Madruzzo. Compuso también la tragedia Edipo, representada sin éxito, y algunos poemas de circunstancias de tono laudatorio: Canzone ad Alfonso II d'Este (1562), A Massimiliano II imperatore dei Romani (1564), Alla Serenissima Principessa di Fiorenza (1566), una canción dedicada al papa Pío V, un poema a la victoria cristiana en la batalla de Lepanto. Anguillara falleció probablemente en Sutri en 1572.
La fortuna literaria de este poeta se debió principalmente a su traducción de Ovidio, que gozó de gran éxito en su tiempo, como testimonia el gran número de reediciones que se hicieron de ella: 1572; 1575, con las anotaciones de Orologgi y comentarios de Francesco Turchi; 1584 (Venecia, Bernardo Giunti), Le Metamorfosi di Ovidio Ridotte da Gio. Dell´Anguillara in ottava rima: Con le Annotationi di M. Gioseppe Horologgi et gli Argomenti, et Postille di M, Francesco Turchi. In questa nuova Impressione Di Vagle figure adornate, considerada la mejor edición de la obra, y reimpresa en 1592. En el siglo XVII destacan las ediciones venecianas de M. Zaltieri (1607, 1613, 1614) y Z. Conzatti (1669 y 1677). Tras la edición veneciana de 1799 (Parnaso de' poeti classici d'ogni nazione, XXVIII), se realizaron otras destinadas a hacer llegar la obra a un público más amplio.
La edición e 1584 contó con una serie de 15 grabados en cobre realizados ex profeso por el dibujante, grabador y editor Giacomo Franco (1550- Venecia, 1620). Cada uno de ellos encabezaba un libro y contenía en la plancha varias escenas correspondientes a las historias referidas en el mismo. En el del libro octavo encontramos en primer plano a Ariadna que, abandonada en Naxos, recibe la visita de Baco. Detrás, y con la identificación correspondiente a través de pequeñas inscripciones, se representan los mitos de Meleagro, Filemón y Baucis, Dédalo y Talo, Las Equínades, y Minos, Niso y Escila. El grabado aparece enmarcado con máscaras, roleos y putti entre los cuales leemos el número del libro al que pertenece (parte superior) y la firma del autor (ángulos inferiores). Giacomo Franco, formado en la escuela de Agostino Carracci, da a sus dibujos una impronta manierista, preocupándose particularmente del dibujo del desnudo, lo que los distancia una enormidad del ideal nórdico que representaban las estampas de Salomon y Solis. El grabado de Franco fue copiado para la edición veneciana de Zaltieri (1607) pero con una notable alteración, la incorporación del resumen del libro a la misma plancha, amén de la considerable pérdida de calidad en el dibujo.
- Fátima Díez Platas, Juan M. Monterroso Montero, "Mitología para poderosos: las Metamorfosis de Ovidio. Tres ediciones ilustradas del siglo XVI en la Biblioteca Xeral de Santiago", SEMATA 10 (1998), pp. 451-472, Universidad de Santiago.
La edición e 1584 contó con una serie de 15 grabados en cobre realizados ex profeso por el dibujante, grabador y editor Giacomo Franco (1550- Venecia, 1620). Cada uno de ellos encabezaba un libro y contenía en la plancha varias escenas correspondientes a las historias referidas en el mismo. En el del libro octavo encontramos en primer plano a Ariadna que, abandonada en Naxos, recibe la visita de Baco. Detrás, y con la identificación correspondiente a través de pequeñas inscripciones, se representan los mitos de Meleagro, Filemón y Baucis, Dédalo y Talo, Las Equínades, y Minos, Niso y Escila. El grabado aparece enmarcado con máscaras, roleos y putti entre los cuales leemos el número del libro al que pertenece (parte superior) y la firma del autor (ángulos inferiores). Giacomo Franco, formado en la escuela de Agostino Carracci, da a sus dibujos una impronta manierista, preocupándose particularmente del dibujo del desnudo, lo que los distancia una enormidad del ideal nórdico que representaban las estampas de Salomon y Solis. El grabado de Franco fue copiado para la edición veneciana de Zaltieri (1607) pero con una notable alteración, la incorporación del resumen del libro a la misma plancha, amén de la considerable pérdida de calidad en el dibujo.
- Fátima Díez Platas, Juan M. Monterroso Montero, "Mitología para poderosos: las Metamorfosis de Ovidio. Tres ediciones ilustradas del siglo XVI en la Biblioteca Xeral de Santiago", SEMATA 10 (1998), pp. 451-472, Universidad de Santiago.
- Pilar Díez del Corral Corredoira, "Al final del laberinto. Ariadna en los Ovidios ilustrados del s. XVI", SEMATA 14 (2002), pp. 277-289, Universidad de Santiago.
- Ovid Illustrated: The Reception of Ovid's Metamorphoses in Image and Text. Site constructed by Daniel Kinney with Elizabeth Styronand, http://ovid.lib.virginia.edu
- Ovid Illustrated: The Reception of Ovid's Metamorphoses in Image and Text. Site constructed by Daniel Kinney with Elizabeth Styronand, http://ovid.lib.virginia.edu
- Marta Paz Fernández, "Las imágenes de Las metamorfosis en las ediciones impresas de los siglos XV y XVI", http://www.usc.es/ovidios/doc/ImgMetamorfosis.pdf
- http://www.treccani.it/enciclopedia/giovanni-andrea-dell-anguillara_(Dizionario-Biografico)/#
- http://www.treccani.it/enciclopedia/giovanni-andrea-dell-anguillara_(Dizionario-Biografico)/#
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