Mostrando entradas con la etiqueta Edificios e instituciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edificios e instituciones. Mostrar todas las entradas

domingo, agosto 09, 2026

LAS VERDADERAS CABALLERIZAS DEL DUQUE EN MEDINA SIDONIA

 


Planos del cañón y corral de comedias (arriba), y de las caballerizas (abajo) del Duque de Medina Sidonia en esta ciudad


LAS VERDADERAS CABALLERIZAS DEL DUQUE EN MEDINA SIDONIA

Jesús Romero Valiente

 A pesar de haberlo dejado claro ya en 2011 cuando presentamos los dibujos de las plantas de los dos edificios que guarda el Archivo Histórico Nacional y de que hablásemos repetidamente de ellos en nuestro libro “Medina Sidonia durante la Guerra de la Independencia (1808-1814)”, v. esp. p. 1038, se siguen confundiendo, sin voluntad de corrección, las caballerizas del Duque de Medina Sidonia en esta ciudad, situadas en la Plaza de las Descalzas, que se convirtieron en almacén de aceites en  los años 50 del pasado siglo y hoy son viviendas, con el cañón situado debajo del granero del Duque (esta primera planta ya no existe), que formaba conjunto con el corral de comedias y que se empeñan en llamar “Caballerizas del Duque”. Parece que el error viene de largo, de algún documento poco riguroso de siglo XX, pero los datos no dejan lugar a dudas. Como no quiero ser pesado con el asunto, nada más diré a la espera de que hagan caso a persona más autorizada.

            Recordemos que en los susodichos planos rotulaba su autor sobre los dibujos estas leyendas: plano 1, “Plan del corral en que se hasen las comedias y cañón que está debajo del  granero que el Duque mi señor tiene en su ciudad de Medina Sidonia”; plano 2, “Plan de las caballerizas que el Duque mi señor tiene en su ciudad de Medina Sidonia (…) en la calle Ancha frente de las casas palacio de Su Excelencia”. 

            El 19 de febrero de 1868 describía perfectamente ambos lugares en escritura notarial el administrador de los bienes del Duque en Medina, José Pardo de Figueroa y Manso, a quien todos conocemos como padre del Doctor Thebussem: “Almacén y cuadras o cuartel del Duque. Esta finca se halla situada en la ciudad de Medina Sidonia, calle del Platero número primero moderno y careció de número antiguo. Pertenece al barrio Alto de dicha población y parroquia de Santa María la Coronada. Linda por la derecha entrando en ella con dos casas, una que fue de don Rafael Díaz Franco y otra que es de don José Cantero, presbítero; y por la izquierda con la Plazuela de las Descalzas; y por la espalda con las calles de Alarcón. La entrada a la planta baja, que en este edificio sirve de cuadra, la tiene por una puerta que sale a la antedicha Plazuela de las Descalzas, en cuyo lienzo mide veinte y un metros setenta y cinco centímetros, y por el lado de la calle del Platero, dies metros ochenta y nueve centímetros, de modo que el paralelogramo que constituye su área comprende doscientos treinta y seis metros ochenta y cuatro centímetros cuadrados. Esta finca carece de agua. Compréndese en las manzanas que forman la calle del Platero, Méndez, Alarcón y Plazuela de las Descalzas. Hállase inscrita en el Registro de la Propiedad de este partido judicial al tomo quinto, finca número ciento cuarenta y seis, inscripción número primero, y se valora en la cantidad de mil ciento tres escudos doscientas sesenta y seis milésimas. Casa antigua de comedias o reñidero de gallos. Esta finca se halla situada en la ciudad de Medina Sidonia, calle de Arrieros, número ciento sesenta y dos antiguo y veinte y dos moderno. Pertenece al barrio de Santa Catalina y parroquia de Santa María la Coronada. Linda por la derecha entrando en ella con dos casas, la una de María Reyes y la otra de Juan Díaz, y por la izquierda y espaldas con egidos del pueblo, o sea Cerro del Castillo. El edificio que se describe solo consta de un cañón de bóveda que mide ciento cuarenta metros cuadrados, de una especie de cueva o planta baja de un antiguo torrejón y de un patio. La fachada de este solar es solo de tres metros; su planta, un polígono de dies lados con tres ángulos entrantes, y su total superficie incluso en ella la del cañón de bóveda es de seiscientos doce metros cuadrados. Carece de agua. Compréndese en la manzana que forman las calles de Arrieros, Santo Cristo, Castillo, Misericordia, San José, Plazuela de la Iglesia Mayor, Cilla y egidos del pueblo. Hállase inserta en el Registro de la Propiedad de este partido judicial al tomo quinto, finca número ciento cuarenta y siete, inscripcion número primero, y se valora en ciento cincuenta y seis escudos quinientas milésimas”.

 

 

 


miércoles, julio 22, 2026

SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA PLAZA DE ABASTOS DE MEDINA SIDONIA Y LA PLAZA DE ESPAÑA


Fachada de la Plaza de Abastos a la calle San Juan 


SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA PLAZA DE ABASTOS DE MEDINA SIDONIA Y LA PLAZA DE ESPAÑA

Jesús Romero Valiente

La plaza de abastos de Medina Sidonia, inaugurada en 1871, se construyó en su mayor parte sobre los terrenos de la huerta del convento de San Cristóbal, que en 1866 cedía la Iglesia al Ayuntamiento siendo obispo de Cádiz Félix María de Arriete y Llanos. Pero no toda ella.

El 10 de noviembre de 1864 se reunía el Ayuntamiento, presidido por su alcalde Antonio Pérez Rendón y acompañado de los mayores contribuyentes de la ciudad, para dar curso al expediente, ya visto por el Gobernador Civil de la provincia, en el que se había considerado atender a la propuesta que había hecho el 14 de septiembre del mismo año el vecino Francisco Montes de Oca de ceder parte de las accesorias de su propiedad situadas en la calle de San Juan“ para incorporarlas a la plaza de abastos” que se estaba proyectando, evidentemente estarían situadas en lo que es la fachada principal del edificio existente. A cambio pedía que se le dieran nueve mil reales y un terreno perteneciente al caudal de propios junto a otras accesorias que él mismo tenía en la Plaza de la Constitución con el compromiso de edificarlas y “hacer redondas sus esquinas”. Visto el justiprecio de una y otra propiedad que habían facilitado los peritos públicos y después de un detenido examen, se pasó a la votación. El primer teniente de alcalde, Francisco de Paula Rosso, “dijo que era conveniente y útil a los intereses públicos aceptar en todas sus partes la proposición hecha por don Francisco Montes de Oca, porque con el terreno que va a introducirse en la plaza procedente de las accesorias se da más amplitud a aquélla, y las oficinas de pescadería y demás que van a establecerse serán más capazes, así como el patio para los puestos; que el terreno que se ha de conceder para edificar no causa en su concepto el menor perjuicio”. Y así lo ratificaron todos los presentes por unanimidad. Por tanto, se empezó a disponer el contrato pertinente con el que se ganaban para la nueva plaza de abastos “ciento cincuenta y ocho, treinta céntimos de vara” a cambio de “ciento treinta y siete y media” en la Plaza de la Constitución, no sin antes hacer la preceptiva información a las instancias superiores, que debían autorizar la publicación del edicto correspondiente. Se pidió a Gobernación que encargara  a don Juan de la Vega, el arquitecto provincial que estaba planificando el nuevo mercado, que acudiera al pueblo y llevara a cabo las necesarias mediciones atendiendo siempre a la distancia que debía existir entre los bancos de la Plaza y la fachada de las casas de Francisco Montes de Oca, pues, como se le cedían cinco varas, aquélla quedaba reducida a 15 y “la moderna legislación de policía urbana” era favorable a los ensanches. El arquitecto emitió su informe, en el que dejaba claro que la anchura que ganaba don Francisco en sus casas (números 26 y 27) del derredor de la Plaza de la Constitución era de cuatro metros y dieciocho centímetros y a cambio entregaba las accesorias de su propiedad en la calle San Juan numeradas con el uno, dos y parte del tres (la otra parte entendemos que correspondía al negocio popularmente conocido hoy como Aniana); y lo acompañó de un plano detallado del lugar. Aseguraba que “aun cuando esta faja de terreno se ceda, el tránsito público nunca quedará menoscabado, porque desde su límite a la parte más saliente del paseo formado en el centro de la Plaza de la Constitución quedarán todavía doce metros y diez centímetros, y a la más entrante de dicho paseo catorce metros y ochenta y nueve centímetros, ancho más que suficiente para el paso de dos carruages de vuelta encontrada y gente de a pie a la vez”. La permuta, seguía, beneficiaría la comodidad y el ornato público “porque el nuevo mercado podrá entonces tener dos fachadas propias y decoradas, una a la calle de San Juan y otra a la de los Baros; y en el frente de la Plaza, en vez de dos casas mezquinas, bajas, ruinosas y de pésimo aspecto, se construirán otras semejantes a las que ya existen, que son las únicas que faltan para el embellecimiento completo de este paraje, que es el principal y mejor de la ciudad”. Y añadía: “la cesión del terreno de la Plaza deberá hacerse siempre con la condición de que, al labrarse las casas números veinte y seis y veinte y siete, han de sugetarse en sus frentes y costados a las alineaciones señaladas [en el plano]”. Poco más había que hablar. El resultado de todo ello seguimos disfrutándolo hoy. 



Las antiguas casas de Francisco Montes de Oca que miran a la Plaza de España hoy día

viernes, mayo 15, 2026

EL ALTAR DE SAN CAYETANO DE LA DESAPARECIDA IGLESIA DE SAN AGUSTÍN DE MEDINA SIDONIA (I)

El desaparecido retablo de San Cayetano antes de la ruina de la iglesia de San Agustín de Medina Sidonia y el abandono y expolio subsiguientes
 

El 29 de noviembre de 1774 hacía testamento en Medina Sidonia doña Vicenta de la Serna Espínola y Pareja, viuda que era de don Juan José Hurtado de Novela e hija del alcaide don Luis de la Serna Espínola y doña Antonia Manuela de Pareja Espínola. No tenía hijos y era heredera de la considerable fortuna del matrimonio en ganados, tierras y rentas. Dejaba dicho que para su sepultura, que había de realizarse en la ermita del Cristo de la Sangre donde estaba enterrado su marido, se la amortajara con el hábito de san Agustín. Sería ceremonia de honras enteras con participación general del clero secular y de los regulares de los cuatro conventos de la ciudad asistida por la capilla de música de Santa María. Además de mandar tres mil misas rezadas por el alma de su marido y otras tantas por la suya, amén de misas cantadas, novenarios y responsos que habían de hacerse en su recuerdo en iglesias y conventos, legaba dineros, alhajas y enseres, que no es momento de detallar, a sobrinos y allegados. Pero su más importante encargo, que había de anteponerse a “los legados píos y profanos” era la erección de una capilla y altar en honor de san Cayetano y la fundación de su patronato. Para ello había escogido a su persona de mayor confianza, fray Sebastián Antonio de Silva, presbítero agustino y lector en sagrada teología moral, a quien ya el 24 de agosto de 1772 había hecho donación de los frutos y rentas de sus tierras y ahora en su testamento también premiaba con cien ducados de vellón en agradecimiento a la buena voluntad con que la asistía, además de otros cuatro mil “para que los distribuya en lo que le tengo comunicado”. Leamos los detalles de tan piadoso encargo:

“Mando y es mi voluntad que con las licencias correspondientes se haga en la iglesia que dispusiere, eligiere y señalare el citado padre lector fray Sebastián Antonio de Silva, ya sea en la parroquial, su auxiliar, conventos o ermitas de esta ciudad, una capilla y altar al señor san Cayetano, para cuyo costo destino y señalo un mil ducados de vellón, que de mi caudal se entregarán luego que yo fallezca a dicho reverendo padre lector y, en caso que yo le sobreviva, será a los albaceas que después nombraré, para que en dicha capilla y altar se coloque la imagen del mencionado santo que tengo de talla en mis casas, y en los colaterales se pondrán en el uno la imagen de señor san Rafael y en el otro la de señor san Vicente Ferrer, ambas pequeñas, para cuya disposición doy amplia facultad al dicho reverendo padre lector fray Sebastián Antonio de Silva, y, por su muerte antes de la mía u otro legítimo impedimento, a mis albaceas, quienes harán que por peritos e inteligentes se aprecie la obra de dicha capilla altar, y los dos santos, y, si para ello no alcanzaren los un mil ducados que dejo señalado, se saque de lo demás de mi caudal lo preciso para perfeccionar dicha obra. Y para el adorno del altar mando los seis candeleros de plata que tengo y todas las demás alhajas de esta especie que, después de mi fallecimiento se encontraren de mi propiedad, con las cuales es mi voluntad se haga una lámpara de doscientas onzas poco más para la referida capilla. Y su hechura se pagará de lo demás de mi caudal. Y asimismo mando para dicho altar lo que después de mi fallecimiento se hallare en mis casas de piezas de seda, esto es de cortinas, camas, colgaduras y otras de esta especie acomodándolo a lo que fuere más decente. Y al propio fin destino dos tinajas grandes de búcaro, cuyos pies en que estriban se retocarán, seis cornucopias de cristal con molduras de oro, una lámina en óvalo dorada con la efigie de la Virgen Santísima y el Niño en sus brazos, otra en cuadro de media vara afiligranada con Nuestra Señora del Velo, dos espejos de a vara con su penacho y marco dorado. Y para que se le haga al santo señor san Cayetano un toisón dejo unos zarcillos de diamante de tres pendientes de subidos quilates y precio porque así es mi voluntad.

Y para que esté bien asistida la dicha capilla y altar de señor san Cayetano, tenga el culto que deseo y los fieles de muevan a su devoción erijo, instituyo y fundo un patronato perpetuo de todos los bienes y fincas que contiene la citada escritura de donación que otorgué por ante don Jerónimo de Robles, escribano de cabildo y público de esta ciudad día veinticuatro de agosto del año pasado de mil setecientos setenta y dos en favor de dicho reverendo padre lector fray Sebastián Antonio de Silva, que no individualizo ahora por estar allí hecha especial mención de dichos bienes, sus situaciones, linderos, cargas y obligaciones que sufren, con prohibición absoluta que ahora hago de que no se puedan vender, enajenar, atributar ni cargar alguna otra pensión ni gravamen, y, si se hiciere en algún tiempo, no ha de tener validación porque mi intención y voluntad es que sean de dicho patronato, en propiedad, posesión y usufructo. Y en cuanto a éste, después de la muerte de dicho reverendo padre lector a quien se lo tengo donado durante sus días para lo que le tengo comunicado, y [sic] que los poseedores que después de él fueren de dicho patronato lo obtengan y gocen con las pensiones, cargos y obligaciones siguientes: la primera, que todos los años perpetuamente han de hacer al expresado señor san Cayetano en su día, iglesia y altar una fiesta de misa cantada, manifiesto Nuestro Señor sacramentado, y con sermón. Item. Que han de dar cada año perpetuamente el citado día del señor san Cayetano tres mantos y tres sayas de anascote[1] a tres pobres viudas las cuales se han de sortear entre las que justamente lo fueren y pretendieren esta limosna acabada que sea en aquel día la fiesta de dicho santo. Item. Han de ser obligados los dichos poseedores a mantener encendida de día y de noche perpetuamente la referida lámpara sobre todo lo cual cada cosa y parte su mayor observancia y entero cumplimiento les encargo sus conciencias. Y nombro por patrono de este dicho patronato, capilla y altar al nominado reverendo padre lector fray Sebastián Antonio de Silva, para que lo goce, posea, use y ejerza en cualquier estado que se halle, ya de religioso o clérigo, y le confiero las más amplias facultades que como instituyente puedo y se necesiten por derecho para que por su muerte nombre patrono de dicho patronato a su libre voluntad porque así lo es la mía determinada. Y si por algún acontecimiento falleciere el susodicho sin haber nombrado, solo para en este caso y no en otro, dejo y nombro a mi hermana doña Juana de la Serna, mujer de don Antonio de Villavicencio, y por su muerte a doña María Luisa, doña Pascuala y doña María de Consolación[2] sus hijas, para que por este orden lo sean con todas las facultades correspondientes. Y es mi voluntad que la última poseedora nombre para después de sus días por patrono al que haga juicio cumplirá más exactamente todo lo referido. Declarando como declaro que en dicho nombramiento no se comprenden los hijos varones[3] de la dicha mi hermana y cuñado, porque expresamente los excluyo de la posesión y goce de dicho patronato, y quiero que los poseedores que fueren de él después de cumplidas todas las cargas y obligaciones que anteriormente le dejo impuestas hayan para sí lo que residuare de los frutos y rentas de los bienes de que va dotado, porque así es mi voluntad”.



[1] Tela fina asargada de lana.

 [2] Casó con Dionisio Alcalá Galiano el 22 de enero de 1788.

 [3] Los entonces guardiamarinas Rafael y Juan María de Villavicencio.


viernes, noviembre 21, 2025

LAS VIDRIERAS DE SANTA MARÍA DE MEDINA SIDONIA


             Quien se acerca a Santa María de Medina Sidonia aprecia inmediatamente la impronta gótica de su planta y de sus remates, con sus ventanas ojivales y hasta el esperado rosetón sobre la puerta del Duque; y echa de menos el colorido de las vidrieras: apenas unos círculos rojos y azules adornan uno de los vanos que da a la plaza. Los restantes están cegados o pobremente recubiertos con el único objeto de resistir las inclemencias del tiempo. ¿Es que no hubo vidrieras para este templo?

El 20 de septiembre de 1602 el mayordomo de las fábricas de las iglesias de la ciudad, el licenciado Alonso de Novela, se concertaba ante el escribano Juan Fernández de Herrera con el maestro sevillano Diego Martínez para que realizara tres vidrieras para la Iglesia Mayor, dos “para las dos ventanas colaterales”, una de las cuales había de representar las figuras de san Pedro y san Pablo, y otra a Nuestra Señora de la Asunción (es precisamente la iconografía que encontramos en las esculturas de la fachada principal); y la tercera para la capilla sacramental, donde habría de pintarse la Santa Cena. No olvidemos que esta capilla, que es la que hoy alberga la imagen de la Virgen de la Paz, contaba en su retablo primitivamente con el espléndido conjunto escultórico de Roque Bolduque que representa la Última Cena, y que nos alegraría ver de nuevo expuesto. Las piezas debían hacerse “a los precios y según y como se hicieron las vidrieras que están puestas en la Iglesia Mayor de Sevilla en tiempo de Mateo Martínez y Sebastián de Pesquera”. La tasación correspondería al notario de la Audiencia de dicha catedral. El licenciado Novela adelantaba 500 reales al artesano y se comprometía a pagar el resto del costo cuando las vidrieras estuviesen entregadas a finales de febrero de 1603. Los herrajes necesarios para la montura (barras, alcayatas, tornillos, etc.) se pagarían aparte previo peso, y también correrían de parte de la iglesia el andamiaje necesario y el pago del albañil y la gente que hiciera falta, el porte desde Sevilla y el sustento del vidriero por la visita para presupuestar el trabajo, los cuatro días que se estimaba que permanecería en Medina para el montaje y su viaje de regreso. Pero, si alguna vidriera se rompía en el camino, nada se pagaría por ella.

De Sebastián de Pesquera sabemos que su labor en la catedral sevillana, constatada entre 1559 y 1582, consistió en la restauración y conservación de las obras que anteriormente se habían realizado. Lo mismo podemos decir de su sucesor, Mateo Martínez, que realizó sus trabajos entre 1583 y 1599.  Diego Martínez, el artífice de las vidrieras de Medina y probablemente hijo del anterior, es mencionado como maestro de la catedral a comienzos de 1601, y allí sigue actuando en labores asimismo de restauración hasta 1609. De ello se deduce que los modelos que habían de seguirse para las vidrieras de Santa María eran las piezas ejecutadas unos años antes por los grandes maestros flamencos que trabajaron en Sevilla. La que representa La Asunción, situada en el hastial meridional del crucero, fue la última obra de Arnao de Vergara en la catedral (1536) y tiene formato circular (565 cm de diámetro). Con su hermano Arnao de Flandes se había comprometido en 1534 a realizar todas las vidrieras que fuesen necesarias para el templo, y en ellas trabajó hasta 1557. La primera obra documentada de Arnao de Flandes (1543) es un grupo de cuatro apóstoles para el lado del evangelio (715 x 325 cm) entre los que se encuentra San Pedro. El santo tiene el habitual aspecto de anciano, viste manto rojo y túnica verde. San Pablo, del mismo autor (1551), aparece en otro conjunto (570 x 285 cm), junto a san Juan Bautista y san Roque, que se encuentra en el crucero, lado del evangelio. Obra también suya es La Santa Cena (720 x 220 cm), colocada en el lado de la epístola, sobre la capilla de San Andrés, cubriendo un vano rematado en arco apuntado. Es una de sus composiciones más logradas y fue ejecutada en 1555. En ella destacan el uso del amarillo de plata, el rojo del manto de Cristo y el morado de su túnica.

La Santa Cena, Arnao de Flandes, Catedral de Sevilla

Por supuesto que las vidrieras sevillanas que habían de servir como modelos excedían en mucho el tamaño de las que se encargaron para Medina Sidonia, muy diferentes son las dimensiones de los templos evidentemente. No nos consta que existiese en la fábrica de la Iglesia Mayor ningún maestro encargado de arreglos y restauraciones para estas piezas, así que la rapiña, el levante, las tormentas o algún otro accidente debieron de acabar con ellas.   


Bibliografía

-Hormigo Sánchez, Enrique, “Documentos para la historia del arte de Medina Sidonia”, Anales de la Real Academia de Bellas Artes, nº 10, pp. 93-105, Cádiz, Academia de BB.AA., 1992.

-Nieto Alcaide, Víctor Manuel,

- Las vidrieras de la catedral de Sevilla, Madrid, CSIC, 1969.

- La vidriera del Renacimiento en España, Madrid, CSIC, 1970.


martes, noviembre 11, 2025

LOS RAYOS Y EL RELOJ DE SANTA MARÍA

 


Fragmento del dibujo de Medina Sidonia de Barrantes Maldonado en sus Ilustraciones de la Casa de Niebla (1541)


De que había reloj en la iglesia de Santa María de Medina Sidonia ya a finales del siglo XVI, y por tanto sirviendo al primitivo campanario de la misma (probablemente el que dibujó Barrantes Maldonado en 1541), es testimonio el contrato que firman el 10 de septiembre de 1605 ante el escribano Juan Fernández Herrera el entonces mayordomo de las fábricas del Obispado de Cádiz, el licenciado Francisco Jarillo, y el relojero sevillano Antonio de Estrada. El segundo se obligaba a “limpiar el reloj que sirve en la Iglesia Mayor” y hacer las piezas que le faltan, que es el piñón de la rueda del movimiento y otro de las pesas y otro en el volante”. También tenía que hacer de nuevo este volante, otro piñón de la rueda de la aguja y una rueda pequeña para la rueda del disparador, etc. Y debía dejarlo listo para que en el plazo de un mes diera las horas “por sus días y noches”, “sin que se note falta ni disparate”.  No sabemos por qué la pieza andaba tan descalabrada, pero podemos hacernos una idea. Ya dijimos en una entrada anterior que años más tarde se montaría en la nueva torre, que es la que hoy contemplamos.

Cuenta el vicario Martínez en su Historia de la ciudad de Medina Sidonia que el día 13 de enero de 1800 a las cuatro de la mañana cayó un rayo en la Iglesia Mayor “con un estrépito formidable” y que “desconcertó parte de los retablos de Soledad y de Ánimas, arrojó al suelo un canto del umbral de una ventana, arrancó varias losas del pavimento, al que vinieron los cristales de algunas ventanas”. Y sigue diciendo: “Entró por la torre de las campanas, descomponiendo su cúspide y causando mucha avería en el reloj, que se paró inmediatamente. Se cantó el Te Deum”.

No sabemos aún si la máquina se recompuso entonces ni si las tropas francesas que ocuparon la ciudad entre 1810 y 1812 se deleitaron con sus campanadas nocturnas, pero el golpe de gracia al aparato no estaba lejos. El 1 de abril de 1844 El Corresponsal de Madrid daba noticia de que otro rayo había caído en la Iglesia Mayor y había destrozado por completo su reloj. Decía: “Un acontecimiento notable y digno de la mayor consideración ha pasado sobre la Iglesia Mayor de esta ciudad. Poco más de las ocho de la noche del 18 del corriente [entiéndase marzo], se sintió en esta ciudad el estrépito de un trueno horrible: era la caída de un rayo que, atraído sobre la cúpula de la torre, había penetrado en ella, destrozando completamente la máquina del reloj y dejando en su paso numerosas huellas del estrago. Introducido en la iglesia, recorrió una columna que maltrató, extendiéndose a diferentes altares, entre ellos el del Perdón, cuyas losas fueron levantadas, rompiendo sus cristales. Los escombros que presentaba la iglesia admiraron a los moradores de Medina que, aterrados en la mañana del 19, contemplaban atónitos el sacudimiento de aquel cuerpo eléctrico”.

Me temo que ese día nos quedamos sin reloj y sin el altar del maravilloso Cristo del Perdón.


jueves, marzo 26, 2015

Cuarta estación

 
Jesús encuentra a su madre María, esmalte sobre losetas de barro, J. Romero (2011)

 
Esta cuarta estación del Vía Crucis se pintó para completar el de azulejería popular sevillana que se encuentra en la Ermita de los Santos Mártires de Medina Sidonia.

martes, junio 18, 2013

Thebussem (XLVI)

Imagen actual de la ermita de los Santos Mártires. Iglesia mudéjar, nártex y dependencias adosadas
"Iglesia visigótica", un artículo poco conocido dedicado a la ermita de los Santos Mártires de Medina Sidonia (IV)

Usted conoce el mérito y las virtudes del actual obispo de Cádiz, fray Félix de Arriete y Llanos,(1) y sabe que es de aquellas pocas personas para las cuales apenas hay palabras con que elogiar su valía. Yo he sido testigo de su modo de visitar la diócesis, de la manera patriarcal con que cumple las disposiciones del Concilio tridentino prout locus, tempus et occasio, y de aquella constancia en el trabajo que hace creer que al Obispo de Cádiz le es desconocida la significación de la palabra descanso.

Hace tres años que manifestó deseos de que no se viniese a tierra la ruinosa ermita de los Santos, y proyectó su reedificación, sin contar con más caudal que el caudal de su buen deseo, de su celo y de su constancia. Y es caso raro a mi parecer, señor don Aureliano, que en los años de 1869 y 1870, cuando tan lista y eficaz andaba en España la piqueta de los cobardes, soeces y estúpidos vándalos del siglo XIX para demoler monumentos artísticos, es caso raro, repito, que en dicho período haya tenido principio y fin la reparación del histórico templo de que me ocupo. Dado el impulso por el Obispo, apoyado por los señores curas medineses Pelufo y Corral y por el activo sacerdote don Juan Callealta, no faltaron limosnas y donativos de diferentes personas, y en especial del opulento labrador Martínez-Enrile,(2) con las cuales se ha conseguido terminar casi por completo la obra. Esta se ha verificado con inteligencia y acierto, y debo decir a Vm., por si le parece digno de hacerlo llegar a la Real Academia de la Historia, que han sido prolija y escrupulosamente separadas las repetidas costras de cal que cubrían las antiguas piedras, lápidas y columnas, y que las primitivas edificaciones del siglo VII se han restaurado con gran esmero y solamente en la parte indispensable para evitar su ruina, dejándoles air de vetusté y libertándolas del jalbegue que tanto enamora y cautiva los ojos de los andaluces; siendo todo ello debido a las disposiciones y especial encargo del Prelado, en quien corren parejos los sentimientos caritativos y religiosos con los históricos y con los artísticos.

El obispo Félix María de Arriete. Imagen tomada de http://liturgia.mforos.com/1699103/8007231-el-solideo/
Solicitó de Su Santidad indulgencias para los fieles que concurriesen a la inauguración de la ermita después de reparada, y las obtuvo por especial rescripto de Pío IX, dado en Roma el 28 de julio último.

En 8 del presente septiembre tuvo efecto la peregrinación al santuario; predicó el Obispo de Cádiz bajo la bóveda del cielo sirviéndole de púlpito una colina, y concurrieron miles de personas a esta romería, que duró desde el amanecer hasta bien entrada la noche. La descripción del entusiasmo de los asistentes, de lo pintoresco del sitio, de las tiendas de campaña con formas diversas en que el público se alojaba, la belleza y chiste de las andaluzas y el ruido y la animación que allí reinaron, sin la más leve sombra de profanación ni de desorden, resultaría agradable a trazarlo una pluma fina y discreta. La mía, y basta para prueba con lo que llevo escrito, es de ganso, y apenas si le quedan fuerzas para añadir a la presente misiva las seguridades de amistad, de gratitud y de cariño que a Vm. profesa

EL DOCTOR THEBUSSEM,

 Medina Sidonia, 15 de septiembre de 1871 años.


NOTAS DEL EDITOR
(1)  Félix María de Arriete y Llanos nació en Cádiz en 1811 y falleció en Chiclana de la Frontera en 1879. Ordenado sacerdote en abril de 1835 como fraile capuchino, fue destinado al convento de Écija, que hubo de abandonar por la Desamortización de Mendizábal. Volvió entonces a Cádiz, donde ejerció su ministerio en la Santa Cueva y en la iglesia de Santiago. Trasladado a Málaga en 1851, fue propuesto para arzobispo de Santiago de Cuba, cargo que no aceptó. Se consagró obispo de Cádiz y Ceuta en 1864 en el Palacio de Oriente de Madrid, siendo apadrinado por Alfonso XII, y en presencia del nuncio de Su Santidad. Durante su obispado se realizó, en 1866, el tabernáculo de la catedral de Cádiz. Permaneció en la ciudad durante los momentos más críticos de la campaña anticlerical del cantón y después del alzamiento republicano  abrió una suscripción popular para ayudar a los heridos de guerra. Tras serle admitida la renuncia a su cargo, se estableció en Chiclana, donde continuó su labor pastoral. En Medina Sidonia llevó durante muchos años su nombre la conocida popularmente como calle de La Loba.
(2)  Jerónimo Martínez-Enrile, agricultor y ganadero, fue comisario regio de agricultura de la provincia de Cádiz. Sus explotaciones alcanzaban las 6.500 hectáreas. Casado con doña Francisca Velázquez, viuda del también ganadero Domingo Varela, sus reses se lidiaron en Sevilla y Madrid. Era sobrino del vicario Francisco Martínez y Delgado, y dispuso en su testamento que su hijo Joaquín se encargara de la edición de la Historia de Medina que su tío había dejado manuscrita.

Imagen actual de la ermita de los Santos Mártires. Torre y edificación visigoda 

martes, junio 11, 2013

Thebussem (XLV)


Inscripción latina en el actual dintel de la puerta de la sacristía. Foto J. Romero

"Iglesia visigótica", un artículo poco conocido dedicado a la ermita de los Santos Mártires de Medina Sidonia (III)

Constituye el dintel de la puerta de ingreso a la sacristía una piedra con ciertas letras que se han resistido hasta hoy a la perspicacia de los más hábiles epigrafistas. Diré a Vm. mis diligencias para aclarar este asunto.

En la Biblioteca Nacional de Madrid (Cc-46-P-193) se halla un MS, sin fecha, de letra del siglo XVII, que lleva este título(1)

De como la ciudad de medina sidonia
invoca y tiene por su patron particular
al apostol santiago (estrella, honor y
defensa de españa) desde 300 años a esta
parte, y se funda en la historia siguiente.

Refiere el papel la aparición del Apóstol saliendo de las almenas de la torre de los Santos para defender a una mujer acometida por los moros, y añade que “desde aquel dia los pobladores del castillo de Medina invocaban por su patron al santo apostol, y con más devocion veneraban por iglesia de cristianos la que antes juzgaban ser torre edificio de romanos, por estas letras que tiene en su portada de ninguno hasta oy entendidas:

LEPERORE VOMIT SED SACR

é intitularonla ermita de santiago del camino, por estar en el que va de sevilla a gybraltar”.

Consultado Velázquez en su viaje de 1753,(2) y el Anónimo del siglo XVII,(3) hallamos que uno y otro citan, pero no traducen, la dicha inscripción. En el año pasado de 1860 tuve la satisfacción de conocer y de acompañar en Medina Sidonia al doctísimo prusiano Emilio Hübner,(4) versado e inteligente como pocos en epigrafía, puesto que el objeto de su viaje era rectificar todas las antiguas inscripciones de Andalucía para la obra monumental que luego publicó el Instituto Arqueológico de Berlín, por orden y a expensas del todopoderoso Rey de Prusia, bajo el título de Inscriptiones Hispaniae latinae consilio et auctoritate Academiae litterarum regiae Borusicae edidit Aemilius Hübner…, Berolini apud Georgium Reimerum 1869.
File:Hubner p.jpg
El profesor Emil Hübner, wikipedia.org/wiki/Emil_Hübner

Pues bien, amigo mío, Hübner me dijo que no entendía ni una palabra de la inscripción, pero tomó copia de ella y ofreció enviarme noticias desde Berlín.(5) Como éstas no vinieron, me figuro que allí no lograron comprender el sentido de la leyenda de la ermita de los Santos. Recurrí entonces a la reconocida ilustración de Vm. acompañándole un calco de la piedra, y Vm. me contestó que había sido inútil su discurso para descifrarla, y que pensaba apelar al sabio Juan Bautista Rossi,(6) que era el Edipo de los monumentos cristianos, por si éste lograba desatar el enigma.

No sé si contribuirá a esclarecerlo o a enturbiarlo la circunstancia de que en el mes de agosto de 1871 se halló empotrado en uno de los muros de la ermita un fragmento de piedra de calidad semejante a la que nos ocupa, y en la cual parecer leerse con idéntica forma y tamaño de letra

CERACER.(7)

Tales son los pasos dados hasta hoy, lo que yo pueda averiguar no será Vm. el último en saberlo.

Por dos razones no he citado en esta disquisición al vicario D. Francisco Martínez García (Historia de Medina Sidonia: 1792). Es la primera, porque Vm. lo tendrá consultado, y la segunda y principal, que este autor, tan apreciable y de tanto mérito en algunas partes de su libro, desbarra y desatina cuando se trata de epigrafía y de bellas artes. El jeroglífico que hoy no aciertan a aclarar ni Hübner, ni Mommsen,(8) ni Henzen,(9) ni Vm. ni otros sabios, lo resuelve Martínez diciendo que “da a entender que un devoto hombre, llamado Lepero, reedificó la ermita y la ofreció a Dios”;(10) presume que por los años de 403 erigió San Paulino la iglesia de los Santos; en el monograma Christus, de la puerta de la torre, veía el vicario la abreviación de “año segundo”; en la cifra RFE solamente leyó RE, y entendió que quería decir refabricavit,(11) y, por último, omite un renglón entero en la copia de la inscripción que se halla en la columna de la ermita.

NOTAS DEL EDITOR

(1) Este manuscrito es objeto de edición y comentario en nuestro artículo “Un documento inédito sobre la aparición del apóstol Santiago en Medina Sidonia y el origen de su patronazgo sobre la ciudad”, que aparecerá en el número de 2013 de la revista El Barrio, ya en prensa.
(2) Se refiere al viaje por Andalucía del malagueño Luis José Velázquez de Velasco, marqués de Valdeflores, comisionado por la Real Academia de la Historia para recoger las antigüedades de Andalucía y Extremadura. La mayoría de sus manuscritos se encuentran en esa institución, donde Thebussem pudo consultarlos personalmente.
(3) No sabemos por el momento a qué obra se refiere Thebussem.
(4) Hübner fue comisionado por el gobierno prusiano para la edición de varios volúmenes del Corpus Inscriptionum Latinarum y, a partir de 1860, pasó largos periodos en la Península Ibérica recopilando y analizando inscripciones. Durante su labor mantuvo contactos con los estudiosos Eduardo Saavedra, Juan de Dios de la Rada, Aureliano Fernández-Guerra o Manuel Gómez-Moreno; colaboró activamente con la Real Academia de la Historia; y participó en el proyecto de creación del Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Fue nombrado académico correspondiente de la Real de la Historia el 22 de marzo de 1861, el mismo día que Mariano Pardo de Figueroa. Entre sus obras dedicadas a la epigrafía deben nombrarse: Inscriptiones Hispaniae Latinae (1869), Inscriptiones Hispaniae Christianae (1871-1900), Inscriptiones Britanniae Latinae (1873), Inscriptiones Britanniae Christianae (1876), La Arqueología de España (1888), Monumenta linguae Ibericae (1893), Exempla scripturae epigraphicae Latinae. A Caesaris dictatoris morte ad aetatem Justiniani (1885). 
(5)  La inscripción aparece recogida en Inscriptiones Hispaniae Christianae, Berlín, Georg Reimer, 1871, nº 87, p. 25, donde Hübner, efectivamente, confiesa que apenas puede entender una parte de la lectura que había realizado el canónigo sevillano Juan Nepomuceno González de León en su manuscrito Inscripciones que se hallan en Medina Sidonia este año de 1774: “Titulum idem sic legit LEPERORE·VOMI ESED SACR. Nihil intellego praeter sed(is) sacr(ae) fortasse vocabula”. Con todo, Hübner se confunde e introduce el epígrafe en el arco que ya dijimos que da paso al torreón de la ermita, como bien se observa en su dibujo.  En el Supplementum a la obra mencionada (Berlín, G, Reimer, 1900, p. 42) Hübner añade al referirse de nuevo a esta inscripción: “De titulo hoc atque de reliquis Asidonensibus christianis verba fecit Marianus Pardo de Figueroa Asidonensis amicus, scriptor epistularum clarus et indefessus, quem propterea dicunt el cartero honorario Hispani, in epistula ad losephum Butron y Parra data, quae inserta est ephemeridi el Diario de Cadiz a. 1868; neque vero potuit explicare vocabula leperore vomii sed sacr. Emmanueli Gomez Moreno Granatensi visum est legi posse sepe rore vomit(i) sed(et) sac(e)r(dos), ut saepe rore vomiti sit pro lacrimis peccati; sedet autem significet sedet paenitens; vix probabiliter”. Junto al elogio de Mariano Pardo aparece la interpretación de Manuel Gómez Moreno, que no parece demasiado acertada. César Pemán, “El material visigodo de la ermita de los Santos de Medina”, Boletín del Museo de Bellas Artes de Cádiz, 14 (1930), pp. 31-36, propone la lectura (I)LLE PER ORE· VOMIT SED SACR(¿A?) y considera que el epígrafe “tiene cierto corte de verso de salmo o himno litúrgico”, pero nada más añade. La más moderna interpretación es la del padre Domingo Iturgáiz, Analecta Sacra Tarraconensia, 40, nº 2 (1967), pp. 209-296, quien considera la inscripción un fragmento de la que podía verse en el friso o baldaquino que rodeaba la fuente bautismal de la iglesia visigoda, y lee SEMPER ORE VOMIT, SED SACRO FONTE.    

Dibujo del epígrafe en Hübner. Como se ve, mezcla equivocadamente en una sola las inscripciones del arco y la del dintel
         (6) El arqueólogo italiano Giovanni Battista de Rossi (1822-1894), que había descubierto las catacumbas de San Calixto junto a la vía Appia, y se encontraba elaborando el corpus de inscripciones cristianas de  Roma, Inscriptiones christianae Vrbis Romae septimo saeculo antiquiores, 2 v., Roma, 1861-1888.
     (7) Enrique Romero de Torres en su Catálogo monumental de España. Provincia de Cádiz (1908-1909), ya citado, no da noticias de esta otra inscripción.   
     (8)  Christian Matthias Theodor Mommsen (1817-1903), el filólogo e historiador alemán autor de la Historia de Roma, que le valió el Premio Nobel de Literatura en 1902.
(9) Johann Heinrich Wilhelm Henzen (1816-1887), filólogo y epigrafista alemán coeditor del Corpus Inscriptionum Latinarum junto a Mommsen y De Rossi.
   (10) Efectivamente, leemos en F. Martínez y Delgado, Historia de la ciudad de Medina Sidonia, Cádiz, Revista Médica, 1875, p. 169, esta interpretación: “LEPERO RE, vomit SED SACR. Que parece dá á entender, que lépero la reedificó ó renovó y ofreció a Dios”.
     (11) Como muestra el siguiente dibujo, la interpretación del Vicario Martínez (ibidem) de la inscripción de la entrada a la torre es bastante desacertada.




jueves, mayo 23, 2013

Thebussem (XLIV)


Torreón de la ermita de los Santos Mártires. Imagen de principios de siglo XX aparecida en el Catálogo Monumental de España, provincia de Cádiz (1908-1909), de Enrique Romero de Torres (lám. CXI)
"Iglesia visigótica", un artículo poco conocido dedicado a la ermita de los Santos Mártires de Medina Sidonia (II)

En el pavimento de la ermita se halla una pequeña losa de mármol blanco, perfectamente conservada, donde se lee:

CEPVLCRO • D •
AL.º DELGADO
q. s. P.º MIA • D • DS •
AÑO • D • 1556

Aunque esta piedra carece de importancia, la copio por la dificultad que puede ofrecer su completa inteligencia. Presumo que puede interpretarse así: Sepulcro de Alonso Delgado, que esperó misericordia de Dios. Año de 1556.(1)

Imagen actual de la mencionada inscripción. Foto J. Romero

La pieza que hoy sirve de sacristía y la torre a ella inmediata son las dos construcciones que subsisten, si no tales como las dejaron los visigodos, con pocas alteraciones posteriores, y ésas, si las hubo, debieron ser de tiempos inmediatos al año 1264, época definitiva de la conquista de Medina Sidonia a los árabes.(2)

La rudeza de la obra, el corte y forma de la bóveda y el curiosísimo arco de la puerta que conduce a la escalera de la torrecilla, sostienen y confirman tal creencia. Este arco, que es de un solo trozo de piedra, se halla adornado con bajo relieve de vegetales: en su clave lleva el monograma Christus y en las pechinas una cifra repetida, todo ello aproximadamente en esta forma:(3)

                        A †  A
RFE                                       RFE


Arco labrado en piedra, cuadrangular, existente en la ermita de los Santos Mártires. Imagen de principios de siglo XX aparecida en el Catálogo Monumental de España, provincia de Cádiz (1908-1909), de Enrique Romero de Torres (lám. CXII)


Imagen actual del mismo arco. Foto J. Romero

NOTAS DEL EDITOR
(1)  Esta piedra con la inscripción bien legible, aunque cubierta parcialmente en uno de sus lados, se encuentra hoy en el umbral de la puerta que da paso a la zona más antigua de la ermita.
(2) Sobre la torre almenada concluyen Pedro Gurriarán Daza, Carlos Gómez de Avellaneda Sabio y Ángel J. Sáez Rodríguez, "El alminar califal de la Ermita de Santiago del Camino en Medina Sidonia (Cádiz)", AyTM, 9 (2002), que "fue en su origen una construcción islámica medieval, arruinada en su momento y reconstruida después como torre fortificada para dar protección a los campesinos de la zona. Se trata en concreto del único alminar de época omeya, con aparejo de soga y tizón de tipo califal, que se conoce hasta el momento fuera de Córdoba".
(3) Este acceso a la escalerilla del torreón se halla hoy tapiado, de suerte que el arco más bien parece arcosolio. Del mismo dice Enrique Romero de Torres en el Catálogo monumental de España, provincia de Cádiz (1908-1909), ya citado en anterior entrada: "Piedra cuadrangular en la que está esculpido un arco cuya archivolta, decorada con tallos floridos serpeantes, tiene en el centro o clave inscrito el crismón, dentro de pequeña circunferencia. En las enjutas del arco hay dos grandes círculos labrados en relieve, debajo de los cuales se ven como dos palmeras, una a cada lado, toscamente acusadas. En el espacio que media entre el círculo de la izquierda y el perfil exterior de la archivolta aparecen grabadas las letras RE y en el de la derecha sólo se distingue la R, sin vestigios de otra letra./ Está empotrada en el muro lateral del evangelio y casi tocando al rincón que forma con la pared del frente de la capilla que conserva el altar. Largo total de la piedra 1,60 m; altura, 0,81; anchura del arco, 0,91 m; ancho de la franja labrada, 0,16. / No se cita por Hübner y conjeturamos que perteneció a las pequeñas arcadas superiores del ciborio de la basílica, asentadas sobre columnas. Bajo este concepto cabe explicar los círculos o botones, de los que se descolgaba el velo que encubría el altar cuando en él no se celebraban los sagrados misterios". César Pemán, en "El material visigodo de la ermita de los Santos", Boletín del Museo de Bellas Artes de Cádiz, 14 (1930), pp. 31-36, dice que la decoración con tallos y racimos es una probable alusión eucarística que, junto con el aspecto del arco, podría hacer pensar que cobijaría el sagrario alojado en una oquedad, como el que se conserva tras el retablo de Santa María de Arcos de la Frontera. Nuestro estimado Carlos García de Paredes, ermitaño en los Santos y autor del libro Ermita de los Santos Mártires, Medina Sidonia (Cádiz), Cádiz, Excma. Diputación Provincial – Ayto. de Medina Sidonia, 2007, nos deleita en la visita al lugar con una más completa y personal interpretación de los símbolos. Nada se ha adelantado sobre la escueta inscripción de la que el Doctor Thebussem da una lectura diferente que no terminamos de ver. 

jueves, marzo 28, 2013

Ermita de los Santos (II)


Mosaico de azulejos que representa la duodécima estación en el Vía Crucis del interior de la ermita de los Santos Mártires de Medina Sidonia 

Stabant autem iuxta crucem Iesu mater eius et soror matris eius, Maria Cleophae et Maria Magdalene. Cum vidisset ergo Iesus matrem et discipulum stantem, quem diligebat, dicit matri suae: "Mulier, ecce filius tuus". Deinde dicit discipulo: "Ecce mater tua". Et ex illa hora accepit eam discipulus in sua.


Lc 19, 25-27




Música: Sonata III, "Mulier, ecce filius tuus", Septem Verba Christi in Cruce.
                                Joseph Haydn.
                                Le Concert des Nations.
                                Dirección: Jordi Savall.
                                Grabación realizada en 2006 en el Oratorio de la Santa Cueva de Cádiz, lugar para el
                                que fue encargada la pieza por el canónigo José Sáenz de Santamaría en 1786.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...