Camarín alto de la iglesia de la Anunciación de Alba de Tormes
LA MUERTE DE SANTA TERESA DE JESÚS, DE JUAN SIMÓN
GUTIÉRREZ
Jesús Romero Valiente
Celebra hoy la Iglesia Católica la festividad de Santa
Teresa de Jesús en conmemoración de la fecha de su muerte, que se produjo en el
convento de la Anunciación de la ciudad salmantina de Alba de Tormes el 4 de
octubre de 1582 (tras la entrada en vigor del calendario gregoriano, día 15). La
iglesia de este cenobio carmelitano se engrandeció entre 1670 y 1678 para
convertirse en el panteón de la santa, cuyo sepulcro ocupa un transparente que
se abre en la parte alta del retablo mayor. Tras el mismo se encuentra el
llamado “camarín alto”, profusamente decorado con frescos que representan
símbolos teresianos y cuadros al óleo que nos refieren distintos episodios de la
vida de Teresa de Jesús. Sin duda, el más notable es el que tiene como motivo su
muerte, situado en uno de los lunetos que se encuentran sobre las puertas
laterales de la estancia. Es obra del pintor Juan Simón Gutiérrez, nacido en
Medina Sidonia aunque formado en Sevilla, donde llevó adelante su carrera y
falleció. Dado a conocer por el mejor especialista en el artista, el
desgraciadamente fallecido profesor de la Universidad de Sevilla Enrique
Valdivieso, este óleo sobre lienzo es, por el momento, el primer cuadro fechado
de su autor, quien lo firma en 1687. Sin que sepamos quién fue su comitente,
está claro que Juan Simón recibió este encargo con una precisa noticia de las
medidas del hueco en el que debía encajar la pintura (entre dintel y bóveda).

La muerte de Santa Teresa de Jesús, de Juan Simón Gutiérrez. Foto CARMUS
En cuanto a la iconografía presentada pensamos que el pintor
ha partido de dos referencias fundamentales: el grabado sobre el tema que
realizaron Adriaen Collaert y Cornelis Galle para Vita Beatae Virginis
Teresiae a Iesu Ordinis Carmelitarum Excalceatorum Piae Restauratricis (Amberes,
1613), obra reeditada en múltiples ocasiones (seguimos la edición de 1630); y,
sobre todo, la pintura de su maestro Murillo La muerte de Santa Clara,
pintada en 1645 para el claustro chico del convento de San Francisco de Sevilla
y hoy en la Galería de Arte de Dresde, que mucho debe también a la estampa
señalada.
La muerte de Santa Teresa de Jesús, grabado de Collaert y Galle
El grabado forma parte de una “vida gráfica” de Teresa de
Jesús realizada poco antes de su beatificación y auspiciada por Ana de Jesús
Lobera, fundadora del Carmelo en Bruselas y discípula de Teresa, quien contó para
su elaboración con la ayuda de fray Jerónimo Gracián, director espiritual de la
santa, y Ana de San Bartolomé, su compañera inseparable, secretaria y enfermera.
Precisamente esta carmelita declararía en el proceso que su maestra había
expirado entre sus brazos, que la estancia donde se encontraban se llenó de una
luz divina y que poco después del óbito floreció un almendro en la huerta del
convento. El día anterior fray Antonio de San José, que también la asistía,
había preguntado a Teresa si quería ser sepultada en Ávila, y ella había
respondido que no le importaba que la enterrasen en Alba. Sin duda son estos
dos personajes los que en la estampa (en escala menor) ocupan la cabecera del
lecho, que, como luego en el cuadro, se dispone de izquierda a derecha de la
composición. Ligeramente reclinada sobre la almohada, Teresa, cuya cabeza rodea
una aureola, aparece envuelta entre sábanas y sosteniendo con su mano derecha
un crucifijo al que dirige su mirada. Sobre ella, un rompimiento de gloria nos
presenta a Cristo (tras el que se dibujan los siete candelabros citados en Apocalipsis
1,12-20) que bendice a la moribunda en el supremo trance, mientras alrededor de
la cama varios ángeles acompañan el momento. Reza una leyenda al pie del
grabado: “Amoris feruentissimo impetu uulnerata e uiuis excedit a 1589 [sic],
aetatis suae 68 [sic], eiusque morientis lectulo cum angelorum et plurium
sanctorum corona Christus assistit, et caelo expanso, ex ore uirginis columba
candidissima euolat”, es decir, “Herida por un profundísimo ardor de amor, se
apartó de los vivos en 1589, a los 68 años de edad, y a su lecho de muerte se
acercó Cristo con una asamblea de ángeles y de muchos santos, y, abierto el
cielo, una blanquísima paloma sale volando de la boca de la doncella”. Al
margen de los errores que contiene, pues la muerte se produjo en 1582 cuando la
santa aún tenía 67 años, este escrito justifica ampliamente la recreación del
momento que hará nuestro pintor. Y será la citada pintura de Murillo la que le proporcione
los elementos concretos para realizarla.

La muerte de Santa Clara, Bartolomé Esteban Murillo (Galería de Arte de Dresde)
Como hizo su maestro, Juan Simón divide la composición en
dos partes pero en sentido vertical no horizontal, la esfera humana y la
divina, aunque el primero prefirió mantener la ilusión del rompimiento de
gloria y dar mayor luz a los personajes del mismo, y el segundo unificara los
dos planos. Como el de santa Clara, el lecho de santa Teresa reposa
directamente sobre el suelo, y sus sábanas se cubren con una colcha de más rica
tela, ahora con un estampado floral que bien puede ser trasunto del almendro
florecido o del suave olor que empezó a desprender el cadáver de la santa a
poco de ser enterrado. Junto al colchón pintó Murillo una palmatoria con su
vela encendida y un acetre con su hisopo, recuerdo de la reciente extremaunción
de la moribunda. Juan Simón mantiene estos objetos, aunque el candelabro
aparece sin vela evocando en cierto modo los del grabado, y el acetre, pintado
igualmente a partir de un estudio del natural, es desplazado al primer plano de
la composición. El gesto de la santa, como el de santa Clara y a diferencia del
del grabado, es contenido. De su boca no vuela ninguna paloma. El grupo de
frailes y monjas que se arremolina en torno a la cabecera de la cama repite en
Juan Simón las posiciones y gestos que pinta Murillo; lógicamente se ha
sustituido el hábito franciscano por el carmelita. Dos monjes arrodillados
ocupan la parte delantera (la vela encendida y el libro que portan en Murillo
pasan a las manos de uno solo en Juan Simón); tras ellos, uno de pie. Las
monjas, que realizan mayores aspavientos, se sitúan más al fondo, cobrando importancia
la más cercana al lecho que, en La muerte de Santa Teresa podríamos
identificar con Ana de San Bartolomé. Resulta arriesgado poner nombre a los
restantes integrantes de la comunidad. Con todo, son novedosas en este
óleo las figuras que ocupan el pie de la cama, entre las que destacan el lego
arrodillado que lee y la joven novicia cubierta con velo blanco y rostro de
extraordinaria palidez que bien puede ser un retrato. Como en el cuadro de
Murillo, algunas monjas vuelven su rostro al advertir la presencia
sobrenatural. Pero Cristo viene a visitar a santa Teresa en sus últimos
momentos como si fuera un allegado más, la murillesca luz divina a su alrededor
ha sido amortiguada. Y le acompañan cinco ángeles, los mismos que aparecían en
el grabado, aunque en distintas posiciones. Juan Simón ha sido también advertido
de la especial devoción que la carmelita profesaba a los Diez Mil Mártires, de
hecho las crónicas de la Orden y testimonios como el de Catalina de la
Concepción refieren que la monja tuvo una visión de este grupo de santos que le
prometió acompañarla en el momento de su muerte para custodiar su alma y
llevarla a la presencia de Dios. Así que la zona derecha de su pintura, que
representa un espacio abierto de cuidada arquitectura, presenta el desfile de
estos santos y santas mártires vestidos con túnicas blancas, cierto es que más
sencillas que las que pinta Murillo para la procesión de vírgenes que acompaña
a María en el tránsito de santa Clara. Como contrapeso a esta apertura, Juan
Simón añade en la parte izquierda de su composición una escena asimismo situada
al aire libre. Dice Valdivieso que “parece representar la llegada de la santa
al convento de Alba de Tormes, donde es recibida en la puerta mientras la madre
Ana de San Bartolomé… se apresta a recoger agua en la fuente del patio para reconfortarse
del largo camino que ambas habían realizado”.
Bibliografía
-COLLAERT, Adriaen y GALLE, Cornelis, Vita Sanctae
Virginis Teresiae a Iesu, Ordinis Carmelitarum Excalceatorum Piae
Restauratricis, Amberes, Galle, 1630.
-https://www.carmelitasalba.org
-https://www.skd.museum
-LLAMAS, Enrique, “Santa Teresa de Jesús y la religiosidad
popular”, Revista de Espiritualidad (1981), nº 40, pp. 215-252.
-M., “Vida gráfica de Teresa de Jesús”, en Teresa, de la
rueca a la pluma, https://delaruecaalapluma.com/2022/11/29
-VALDIVIESO, Enrique, “Nuevas aportaciones al catálogo
pictórico de Juan Simón Gutiérrez”, Archivo hispalense (2015), nº
297-299, t. 98, pp. 187-199.