Imagen de Santiago en el ático del retablo de la ermita de los Santos Mártires y de Santiago del Camino de Medina Sidonia
LA COFRADÍA DE SANTIAGO DEL CAMINO DE
MEDINA SIDONIA EN EL SIGLO XVII
Jesús Romero Valiente
Más allá de las palabras de Martínez
Delgado en su Historia de la ciudad de Medina Sidonia poco se sabe sobre
las cofradías de Santiago Apóstol y de Santiago del Camino de Medina Sidonia.
Decía el Vicario en su catálogo: “Las de Santiago del Camino y Santos Mártires,
extramuros de esta ciudad. La de Santiago Apóstol existía el año de 1560 y permanecía
en el de 1669”. Y continuaba recordando que “el hermano Juan de Viera… se
denominaba hermano mayor de los ermitaños de la ermita de Santiago del Camino”
y que trajo en 1666 de su estancia en Roma una imagen de la Virgen de Loreto
para la que labró altar en la ermita de los Santos, logrando también muchas
indulgencias para la misma.
Añadimos a lo dicho algunos fríos
testimonios notariales sobre la existencia de la cofradía de Santiago del
Camino en el siglo XVII. El cinco de julio de 1626 su hermano mayor, el
licenciado Antonio de Natera Ortega, y sus dos mayordomos otorgan una escritura
que hacen llegar al vicario de Medina solicitando que las diez o doce aranzadas
de tierra “allegadas a la dicha cofradía” que dan muy poca renta pudieran darse
a tributo y así sus inquilinos les sacarían provecho convirtiéndolas en viñedo.
Llegada tal solicitud a don Juan Bautista Suárez de Salazar, canónigo de la
catedral de Cádiz y juez oficial de su diócesis, se inició un proceso de
información en el que intervinieron varios testigos. El licenciado y cura de
Medina Sebastián López Montañés juró: “Que sabe y tiene noticia de siertas
aransadas de tierra que son de la dicha cofradía y ermita del señor Santiago
del Camino, que están alrededor de la dicha ermita, y sabe y tiene por sierto
que será cosa útil y probechosa dar a tributo las dichas tierras para ponerlas
de viñas porque son a propósito para ello y porque estará la dicha hermita con
más desençia puestas de viñas, porque, como agora están, no sirben sino de
sestil de ganados, que un guerto que allí está lo tienen destruido y hasta la
yglesia no ai quien pueda defenderla de los ganados (…), porque asimismo es más
útil y más renta para la dicha hermita, porque para senbrar ganavan las dichas tierras de dose a trese ducados y
no se sienbran cada año, y para viñas sabe que darán más y más sierta renta por
ser en todos los años la paga del tributo”. Razones parecidas dio el cura
licenciado Simón Gutiérrez de la Fuente. Juan Ximénez de la Sida añadía que
“por estar allí junto el prado de los cavallos, traen los potros los
cavallerisos a trabarlos alredor de la dicha ermita” y ensucian su puerta y
aledaños. Vistos los argumentos por la superioridad, el vicario de Medina,
Alonso de Novela, mandó sacar a pregón las tierras para recibir posturas, y
éstas fueron adjudicándose por partes a uno y medio o a dos ducados anuales por
aranzada.
Sobre estas tierras y las que con
ellas lindaban tenemos noticias varias. El 30 de marzo de de 1639 Gonzalo
Martín Toledo y su mujer venden dos aranzadas de viña que poseen en el pago
“que dizen de los Santos” y que tienen un cargo de censo y tributo de 36 reales
“que en cada un año se paga a la yglesia y cofradía de señor Santiago del
Camino por el día de señor san Miguel”. El 9 de febrero de 1641 el alférez
Pedro de Nieto Guerrero da a censo y tributo a Sebastián Jiménez de la Joya una
aranzada de tierra calma que posee en el pago de los Santos, “que por una parte
alinda con tierra de la cofradía del señor Santiago del Camino”. En su
testamento de 16 de septiembre de 1691 Juan García Redondo manda que se paguen
51 reales de vellón que debe “del tributo de un año que se cumplirá el día se
señor san Miguel venidero deste año del tributo que pago a dicha cofradía sobre
tres aranzadas menos quarta de viña y tierra calma que están en el pago de los
Santos”.
La cofradía también obtenía
beneficios de algunos censos y tributos impuestos sobre casas en el pueblo, y
de mandas testamentarias. Ana Núñez de
Picazo en sus últimas voluntades expresadas en 1606 pedía que le acompañasen en
su entierro las hermandades de la Veracruz, de Nuestra Señora del Rosario, de
la Concepción, de Santa Catalina y de Santiago del Camino, a las que debía
pagarse la limosna acostumbrada. A esta última además había de dársele un
ducado el día de su fallecimiento. El presbítero Francisco Delgado y Mendoza
vende el tres de mayo de 1694 a Francisco Núñez una casa que posee en la calle
del Espíritu Santo con un cargo, entre otros, de un tributo de dos ducados y
medio a favor de la cofradía del señor Santiago del Camino.
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