sábado, julio 25, 2026

LA COFRADÍA DE SANTIAGO DEL CAMINO DE MEDINA SIDONIA EN EL SIGLO XVII

 


Imagen de Santiago en el ático del retablo de la ermita de los Santos Mártires y de Santiago del Camino de Medina Sidonia

LA COFRADÍA DE SANTIAGO DEL CAMINO DE MEDINA SIDONIA EN EL SIGLO XVII

Jesús Romero Valiente

Más allá de las palabras de Martínez Delgado en su Historia de la ciudad de Medina Sidonia poco se sabe sobre las cofradías de Santiago Apóstol y de Santiago del Camino de Medina Sidonia. Decía el Vicario en su catálogo: “Las de Santiago del Camino y Santos Mártires, extramuros de esta ciudad. La de Santiago Apóstol existía el año de 1560 y permanecía en el de 1669”. Y continuaba recordando que “el hermano Juan de Viera… se denominaba hermano mayor de los ermitaños de la ermita de Santiago del Camino” y que trajo en 1666 de su estancia en Roma una imagen de la Virgen de Loreto para la que labró altar en la ermita de los Santos, logrando también muchas indulgencias para la misma.

Añadimos a lo dicho algunos fríos testimonios notariales sobre la existencia de la cofradía de Santiago del Camino en el siglo XVII. El cinco de julio de 1626 su hermano mayor, el licenciado Antonio de Natera Ortega, y sus dos mayordomos otorgan una escritura que hacen llegar al vicario de Medina solicitando que las diez o doce aranzadas de tierra “allegadas a la dicha cofradía” que dan muy poca renta pudieran darse a tributo y así sus inquilinos les sacarían provecho convirtiéndolas en viñedo. Llegada tal solicitud a don Juan Bautista Suárez de Salazar, canónigo de la catedral de Cádiz y juez oficial de su diócesis, se inició un proceso de información en el que intervinieron varios testigos. El licenciado y cura de Medina Sebastián López Montañés juró: “Que sabe y tiene noticia de siertas aransadas de tierra que son de la dicha cofradía y ermita del señor Santiago del Camino, que están alrededor de la dicha ermita, y sabe y tiene por sierto que será cosa útil y probechosa dar a tributo las dichas tierras para ponerlas de viñas porque son a propósito para ello y porque estará la dicha hermita con más desençia puestas de viñas, porque, como agora están, no sirben sino de sestil de ganados, que un guerto que allí está lo tienen destruido y hasta la yglesia no ai quien pueda defenderla de los ganados (…), porque asimismo es más útil y más renta para la dicha hermita, porque para senbrar ganavan  las dichas tierras de dose a trese ducados y no se sienbran cada año, y para viñas sabe que darán más y más sierta renta por ser en todos los años la paga del tributo”. Razones parecidas dio el cura licenciado Simón Gutiérrez de la Fuente. Juan Ximénez de la Sida añadía que “por estar allí junto el prado de los cavallos, traen los potros los cavallerisos a trabarlos alredor de la dicha ermita” y ensucian su puerta y aledaños. Vistos los argumentos por la superioridad, el vicario de Medina, Alonso de Novela, mandó sacar a pregón las tierras para recibir posturas, y éstas fueron adjudicándose por partes a uno y medio o a dos ducados anuales por aranzada.

Sobre estas tierras y las que con ellas lindaban tenemos noticias varias. El 30 de marzo de de 1639 Gonzalo Martín Toledo y su mujer venden dos aranzadas de viña que poseen en el pago “que dizen de los Santos” y que tienen un cargo de censo y tributo de 36 reales “que en cada un año se paga a la yglesia y cofradía de señor Santiago del Camino por el día de señor san Miguel”. El 9 de febrero de 1641 el alférez Pedro de Nieto Guerrero da a censo y tributo a Sebastián Jiménez de la Joya una aranzada de tierra calma que posee en el pago de los Santos, “que por una parte alinda con tierra de la cofradía del señor Santiago del Camino”. En su testamento de 16 de septiembre de 1691 Juan García Redondo manda que se paguen 51 reales de vellón que debe “del tributo de un año que se cumplirá el día se señor san Miguel venidero deste año del tributo que pago a dicha cofradía sobre tres aranzadas menos quarta de viña y tierra calma que están en el pago de los Santos”.

La cofradía también obtenía beneficios de algunos censos y tributos impuestos sobre casas en el pueblo, y de mandas testamentarias.  Ana Núñez de Picazo en sus últimas voluntades expresadas en 1606 pedía que le acompañasen en su entierro las hermandades de la Veracruz, de Nuestra Señora del Rosario, de la Concepción, de Santa Catalina y de Santiago del Camino, a las que debía pagarse la limosna acostumbrada. A esta última además había de dársele un ducado el día de su fallecimiento. El presbítero Francisco Delgado y Mendoza vende el tres de mayo de 1694 a Francisco Núñez una casa que posee en la calle del Espíritu Santo con un cargo, entre otros, de un tributo de dos ducados y medio a favor de la cofradía del señor Santiago del Camino.


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