ALGUNAS NOTICIAS SOBRE LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN EN MEDINA SIDONIA (II)
Era habitual que los otorgantes de los testamentos dejasen referido en las primeras cláusulas del mismo cómo debía ser su entierro: disponían acompañantes, lugar, misas, y también ordenaban cómo se les debía vestir tras el supremo trance, con ropas que muchas veces habían dejado preparadas y que solían ser hábitos de órdenes religiosas o cofradías.
La cofradía de Nuestra Señora del Carmen se había erigido en la iglesia de
Santiago de Medina Sidonia en 1715 y había terminado de labrar su capilla en
julio de 1718. Muy pronto los devotos de la imagen quisieron enterrarse en la
misma. Así el 5 de abril de 1720 Diego Ramos Cepillo quien con poco más de 35
años ya pensaba en su muerte y entierro decía: “Deseando salvar mi alma e
invocando para el transe final por mi ynttersesora a la Siempre Virgen María
Nuestra Señora y mi abogada con el título y advocasión del Carmen, a quien
tengo particular devosión, hago y ordeno mi testamento en la forma siguiente
(…) Mando que mi cuerpo sea sepultado en la bóbeda de la capilla de Nuestra
Señora del Carmen, sitta en la yglesia parroquial de señor Santiago desta
ciudad , que está diputada para los cofrades y devotos como yo lo soi de dicha
ymagen”. Además legaba a la cofradía 1720 reales de vellón, de los cuales 1500
serían “para ayuda a el costo de una lámpara de plata para dicha capilla”,
aunque los mayordomos de la cofradía ya hubiesen dispuesto otra antes de su
muerte, y los 220 reales restantes “por la limosna que han de ser obligados a
dar a la fábrica de las yglesias de estta ciudad”.
Alonso Montes de Oca Villacreces
Hurtado y Novela, alguacil mayor del Santo Tribunal de la Inquisición de
Sevilla pero natural y vecino de Medina Sidonia ordenaba el 12 de mayo de 1794:
“Y quando acaesca mi fallecimiento se le [su cuerpo] vestirá por mortaja el
ábito de Nuestra Madre y Señora del Carmen, y en esta forma será sepultado en
la Yglecia del convento de religiosas agustinas calzadas titular de señor San
Christóbal de esta ciudad, de donde soy patrono”.
El 22 de diciembre de 1799 disponían
de mancomún José Antonio Vello y María Ignacia de las Cuevas, matrimonio, de 45
y 44 años respectivamente: “Y los cuerpos mandamos a la tierra de que fueron
formados. Y que, quando se berifique nuestro fallecimiento, se les vista y
ponga por mortaja a él, el dicho José Antonio Vello, el santo ábito del
seráfico padre san Francisco de Asís, y a el de la dicha María Ygnacia saya y
monillo que tengo preparados para esta ocasión del ábito de devosión de Nuestra
Señora del Carmen”.
El cuerpo de los devotos era frecuentemente
cubierto en el féretro con el paño de que la hermandad disponía para este
menester, y despedido con la presencia de su guión. Gonzalo Betanzos disponía en
su testamento el 21 de marzo de 1797 que se pusiera sobre su “cuerpo difunto el
paño de Nuestra Señora del Carmen”. Leemos en un recibo firmado por Fernando de
Ortiz el 12 de marzo de 1809: “Como mayordomo que soy de la cofradía de Nuestra
Señora del Carmen de esta ciudad, recibí de don José Joaquín de Dorronzoro y
Parra diez reales de vellón por la asistencia del guión y paño de dicha
cofradía en el entierro del cadáver de su difunto padre don Juan Carlos
Dorronzoro Duque de Estrada (q.e.p.d.)”. Pedía doña Sebastiana Bohórquez el 31
de enero de 1819: “Que concurra… el estandarte de Nuestro Padre Jesús, y que,
sobre la caxa en que ha de ir mi cuerpo, se ponga el paño de Nuestra Señora del
Carmen, de cuyas dos cofradías soy hermana”,

No hay comentarios:
Publicar un comentario