jueves, noviembre 07, 2013

Historias de Medina Sidonia (XV)


Portada de la primera edición latina de la Historia de España del padre Juan de Mariana
La leyenda de Baucio Caropo (VIII)



La caracterización de Baucio Caropo como héroe épico se redondea en la versión de la leyenda que aparece en las Historiae de rebus Hispaniae Libri XXX (lib. I, cap. XVIII) del padre Juan de Mariana, publicada en Toledo en 1592 (Io. Marianae Hispani. e Socie. Iesv, Historiae…, Toleti, Typis Petri Roderici) y que él mismo tradujo en 1601 (Historia general de España. Compuesta primero en latin, después vuelta en castellano por…, doctor Theologo, de la Compañia de Jesus, Toledo, Pedro Rodriguez, 2 t.). Y es que, junto a su valor y destreza en la batalla, el héroe clásico añade como elemento complementario de su sabiduría la virtud de la elocuencia. Así, el anciano Fénix respondía a Aquiles, una vez que éste le invitaba a abandonar con él las costas de Troya, que no podría quedarse allí solo, sin su hijo querido, a quien había enseñado por orden de Peleo a “ser elocuente en los dichos y pronto en los hechos”.

μύθων τε ῥητῆρ᾽ ἔμεναι πρηκτῆρά τε ἔργων. (Il. 9, 443)


Los discursos en la Ilíada del propio Aquiles, de Néstor, Odiseo o Agamenón son buenos ejemplos del bien hablar del héroe, hasta tal punto que el retórico Quintiliano considera a Homero padre de la elocuencia, puesto que de todas sus partes dio ejemplo.

omnibus eloquentiae partibus exemplum et ortum dedit. (QVINT. inst. 10, 1, 46)

En la obra del padre Mariana Baucio Caropo es denominado Baucio Capeto, y lidera la reacción de los turdetanos contra los abusos de los fenicios, una vez que, partiendo de Cádiz,  éstos se hicieron fuertes en el interior tras la construcción del templo-fortaleza de Hércules en Medina Sidonia.  Los mandatarios de los pueblos indígenas se reúnen en una asamblea y, frente al miedo que aturde a la mayoría, se alza la voz del príncipe de los turdetanos en una arenga inspirada en los dicursos de la historiografía clásica: Tucídides, Salustio, Tito Livio…

Tantis iniurijs laesa prouincialium patientia, & nouae vrbis incrementa suspecta habentes finitimi, bello Gaditanos lacessere constituunt concilio gentis ad diem certam indicto. In eo conuentu Phoenicum iniurias conquesti sunt. Vt semel Asidoniae templum aedificare cepissent, iugum prouinciae ceruicibus impositum grauissimum. Homines esse auaritia insatiabili, crudelitate maxima, ex fraude & arrogantia compositos. in religionis simulatione inexpiabiles fraudes, immania scelera contegere. Non posse diutius eorum iniurias sustineri nisi quid auxilij in mutuo gentis consensu sit, vniuersis domo emigrandum. aliud domicilium, alias a Phoenicibus disiunctas sedes petendas. Quiduis perpeti fore satius quam tantas & tam frequentes iniurias contumeliasque tolerare. Haec verba multorum excussere gemitus, expressere lacrymas. Sed silentio tamen facto, Baucius Capetus Turdetanorum Princeps. “Mollis, inquit, & eneruati animi est calamitatem deplorare, leue malorum in muliebri eiulatu solamen, turpe nullam rebus asperis opem afferre praeter lacrymas. Quin viros nos esse potius recordamur, correptisque continuo armis illatas iniurias vindicamus maiori hostium molestia? Neque erit difficile paucos perduelliones de vniuersae prouinciae finibus exturbare: si qui numero, viribus, & causa potiores sumus, animorum concordiam adiungamus, mutuis iniurijs communi patriae condonatis caritati: ne quod hactenus euenit, conceptae animis simultates cursum verae laudis impediant. Violari numen nostris iniurijs vindicandis nemo sibi persuadeat: nam fauere sceleri non solet, & iniuria potius oppressis opitulari aequius est. Diuturnam hostium felicitatem metuere non debetis: sed illud potius cogitare consuesse deos, quorum scelera vlcisci volunt, ijs interdum res secundas & diuturnam impunitatem dare. Ituri in arma modo maiores vestros & posteros cogítate: ne obliti sanguinis vestri, nepotum contumelias & commoda neglexisse videamini”. Hac oratione cuncti, qui aderant, animis inflammati, vno consensu bellun contra Phoenices decernunt. Duces delecti, iisque imperatum quàm maximos delectus militum, & quàm occultissime habere: quò hostes imparati facilius opprimerentur. Totius belli summa Baucio demandatur: quem exactae prudentiae opinio, virtus bellica, multarum rerum vsus ad populum commendabat. Collecto per eum modum numeroso exercitu Phoenices inopinantes locis omnibus oppressi.

Lo que haze a nuestro proposito es, que con tan grandes injurias se acabò la paciencia a los naturales, que tenian por sospechoso el grande augmento de la nueua ciudad. Trataron desto entre si: determinaron de hazer guerra a los de Cadiz: tuuieron sobre ello y tomaron su acuerdo en vna junta que en dia señalado hizieron: en el qual se quexaron delas injurias de los Phenicios. Despues que les permitieran edificar el templo que se dixo estar en Medina Sidonia, auer echado grillos a la libertad, y puesto vn yugo grauisimo sobre las ceruices de la prouincia, como hombres que eran de auaricia insaciable, de grande crueldad y fiereza, compuestos de embustes y de arrogancia, gente impia y maldita, pues con capa de religion pretendian encubrir tan grandes engaños y maldades. Que no se podian sufrir mas sus agrauios. si en aquella junta no auia algun remedio y socorro, que serian todos forçados, dexadas sus casas, buscar otras moradas y assiento apartado de aquella gente: pues mas tolerable seria padecer qualquiera otra cosa, que tantas indignidades y afrentas como suffrian ellos, sus mugeres, hijos, y parientes. Estas y semejantes razones, en muchos fueron causa de gemidos y lagrimas. Mas sossegado el sentimiento, y hecho silencio, Baucio Capeto, principe que era de los Turdetanos.  “De animo (dize) couarde y sin brio es llorar las desgracias y miserias, y fuera de las lagrimas no poner algun remedio a la desuentura y trabajos. [¿] Por ventura no nos acordaremos que somos varones, y tomadas luego las armas vengaremos las injurias recebidas? No serà difficultoso echar de toda la prouincia vnos pocos de ladrones, si los que en numero, esfuerço, y causa les hazemos ventaja, juntamos con esto la concordia de los animos. Para lo qual hagamos presente y gracia de las quexas particulares que vnos contra otros tenemos a la patria comun, porque las enemistades particulares no sean occasion de impedirnos el camino de la verdera [sic] gloria. Demas desto no deueys pensar que en vengar nuestros agrauios se offende Dios y la religion, que es el velo de que ellos se cubren. Ca el cielo ni suele fauorecer a la maldad, y es mas justo persuadirse acudira a los que padecen injustamente: ni ay para que temer la felicidad y buena andança de que tanto tiempo gozan nuestros enemigos: antes deueys pensar que Dios acostumbra dar mayor felicidad, y sufrir mas largo tiempo sin castigo aquellos de quien pretende tomar mas entera vengança, y en quien quiere hazer mayor castigo, para que sientan mas la mudança, y miseria en que caen”. Encendieronse con este razonamiento los coraçones de los que presentes estauan, y de comun consentimiento se decreto la guerra contra los Phenicios. Nombraronse capitanes, a los quales fue mandado que hiziessen las mayores juntas de soldados, y lo mas secretamente que pudiessen, para que tomassen al enemigo desapercebido y la victoria fuesse mas facil. A Baucio encomendaron el principal cuydado de la guerra, por su mucha prudencia y edad a proposito para mandar, y por ser muy amado del pueblo. Con esta resolucion juntaron vn gruesso exercito.

domingo, octubre 27, 2013

Historias de Medina Sidonia (XIV)


Fortaleza y Templanza con seis héroes de la Antigüedad, Pietro Perugino (1497-1500), fresco, Collegio del Cambio  (Perugia)
La leyenda de Baucio Caropo (VII)

Florián de Ocampo da forma a su personaje Baucio Caropo con un retrato que hunde sus raíces en los postulados de la preceptiva clásica. A la prosopografía o descripción física,

varon de cresçida estatura, dotado de grandes fuerças y esfuerço,

sigue la etopeya o descripción psicológica y moral,

pero no de no menos virtud y prudençia.

Baucio reúne las que ya Homero consideraba la suma de las cualidades guerreras, el equilibrio de fuerza y entendimiento, de la sabiduría del anciano y el ímpetu del joven:

Αἶαν ἐπεί τοι δῶκε θεὸς μέγεθός τε βίην τε καὶ πινυτήν (…)
¡Áyax! Puesto que los dioses te han dado corpulencia, valor y cordura… (Il. 7, 288-289)

Τυδεΐδη περὶ μὲν πολέμωι ἔνι καρτερός ἐσσι, καὶ βουλῆι μετὰ πάντας ὁμήλικας ἔπλευ ἄριστος.
¡Tidida! Luchas con valor en el combate y superas en el consejo a los de tu edad… (Il. 9, 53-54)

Y tiene en común con el Eneas de Virgilio, aunque no su pietas, un alto sentido de la justicia:

… quo iustior alter / nec pietate fuit nec bello maior et armis. (Aen. 1, 544-545)
Ningún otro más justo que él, ni superior en piedad ni en el combate y las armas.

El tópico sapientia-fortitudo recorrerá la poesía épica posterior al mantuano, así, por ejemplo, Ulises en la Aquileida de Estacio (1, 472) es “consiliis armisque uigil”, y la de toda la Antigüedad tardía, hasta formularse teóricamente en la definición de epopeya que realiza Isidoro de Sevilla en sus Etimologías (1, 39, 9):

Heroicum enim carmen dictum, quod eo uirorum fortium res et facta narrantur. Nam heroes appellantur uiri quasi aerii et caelo digni propter sapientiam et fortitudinem.
Se llama canto heroico porque relata los hechos de los hombres valerosos; pues se da el nombre de héroes a los hombres que por su sabiduría y su valor se hacen merecedores del cielo.

Por otro lado, casi nada dicen las fuentes antiguas sobre el modo de impartirse justicia entre los turdetanos, así que cabe pensar que Florián de Ocampo deja volar su pluma con facilidad también en este particular. Resulta curioso el número de siete varones que acompañaba a Baucio Caropo en los supuestos tribunales de justicia ya que recuerda al de los sabios de Grecia, no obstante Baucio ostenta sobre ellos la primacía ya que es él quien los elige. Tales jueces saben de leyes pero también de geometría y filosofía, y aprendían los preceptos legales de memoria, lo que podría hacernos pensar en la inexistencia de un código jurídico escrito.

Juzgaua la gente de su ciudad y lo mas de todas sus comarcas en los playtos (sic) y debates que suçedian/ con otros siete varones, semejantes a el en bondad y discreçion, à quien este Bauçio tenia señalados para conpañeros de su cargo, muy entendidos y sabios todos ellos en la geometria, leyes, y filosofia moral de los andaluzes turdetanos: las quales leyes fueron antiquissimas, segun escreuimos en el terçero capitulo del primer libro: y comunmente las aprendian de cabeça los varones nobles y principales de esta gente: para que, teniendo las en la memoria, supiessen gouernar à si, y à los otros vulgares de sus pueblos.

Realmente, el testimonio más completo de la Antigüedad sobre las costumbres de los turdetanos lo debemos a Estrabón (Geografía 3, 1, 6), quien nos habla de que eran considerados los iberos con mayor grado de desarrollo cultural, de que usaban la escritura y contaban con crónicas históricas y con “leyes versificadas”, probablemente para ayudar a su memorización.

καλοῦσι δ᾽ ἀπὸ μὲν τοῦ ποταμοῦ Βαιτικήν͵ ἀπὸ δὲ τῶν ἐνοικούντων Τουρδητανίαν· τοὺς δ᾽ ἐνοικοῦντας Τουρδητανούς τε καὶ Τουρδούλους προσαγορεύουσιν͵ οἱ μὲν τοὺς αὐτοὺς νομίζοντες οἱ δ᾽ ἑτέρους· ὧν ἐστι καὶ Πολύβιος συνοίκους φήσας τοῖς Τουρδητανοῖς πρὸς ἄρκτον τοὺς Τουρδούλους· νυνὶ δ᾽ ἐν αὐτοῖς οὐδεὶς φαίνεται διορισμός. σοφώτατοι δ᾽ ἐξετάζονται τῶν Ἰβήρων οὗτοι καὶ γραμματικῆι χρῶνται καὶ τῆς παλαιᾶς μνήμης ἔχουσι συγγράμματα καὶ ποιήματα καὶ νόμους ἐμμέτρους ἑξακισχιλίων ἐπῶν͵ ὥς φασι·

La (a la región) llaman Bética por el río y Turdetania por sus habitantes. Y a los que allí viven, turdetanos y túrdulos, a quienes unos consideran los mismos, y otros, diferentes; entre ellos Polibio, que dice que los túrdulos son vecinos de los turdetanos por el norte. Pero ahora parece que no hay frontera entre ambos. Éstos son consideradoslos más sabios de los iberos; y emplean la escritura y tienen escritos sobre sus antiguos recuerdos, y poemas y leyes en verso de seis mil años, según dicen.

Hoy sabemos también gracias a los bronces encontrados en Contrebia Belaisca que esta comunidad celtíbera, existente al menos desde el siglo II a. C., contaba con un senado o asamblea legislativa en el que se elaboraban leyes.

Ni que decir tiene que Pedro de Medina copió punto por punto las palabras de  Ocampo sin la menor prevención crítica:

Varon de crecida estatura: dotado de grandes fuerças y esfuerço: pero no menos virtud y prudencia: tanto que ya de muchos años antes juzgaua la gente de su ciudad y lo mas de todas sus comarcas en los pleytos y debates que les sucedian con otros siete varones semejantes a el en bondad y discrecion, a quien este Baucio tenia señalados para compañeros de su cargo muy entendidos y sabios, en geometria, leyes y philosophia natural: las quales leyes fueron antiquissimas. Estas leyes aprendian de cabeça los varones nobles y principales desta gente: para que teniendo las en la memoria supiessen gouernar a si, y a los otros...

martes, octubre 15, 2013

"She", de Charles Aznavour


Aunque en un principio "She" fue escrita por Herbert Kretzmer para la actriz y cantante alemana Marlene Dietrich, su autor pensó que esta letra venía mejor a un vocalista masculino, y tocó a Charles Aznavour la suerte de ser el elegido, famoso como era por sus interpretaciones de baladas románticas. Así que en 1974, tras unos arreglos para adaptarla a la voz y al tono del cantante, la canción sirvió de melodía a la serie británica Seven Faces of Woman y apareció en un single del mismo nombre que obtendría un gran éxito en Reino Unido.


Aznavour interpretó la canción en alemán, italiano, francés y español. La versión de Elvis Costello de 1999 forma parte de la banda sonora de Notting Hill, donde ilustra el plano cenital del final de la película y los títulos de crédito. Jeff Lyne la ha incorporado recientemente (2012) a su álbum Long Wave con sus peculiares arreglos.



Un puntito romántico. Me quedo con Aznavour, claro. ¡Y con su chaqueta!



Vídeos subidos a youtube por Supergenius76 y dracir1974. Imágenes de wikipedia. Muchas gracias.

miércoles, octubre 09, 2013

Medina Sidonia en la Guerra de la Independencia (XLII)




Harold Hume Piffard, Saragossa, Queen´s Gallery (Londres)
La restitución de los conventos en tiempos de la Constitución de 1812

Las Cortes de Cádiz habían decretado el 17 de junio de 1812 la enajenación de los bienes de las órdenes religiosas disueltas por las autoridades francesas, de entre las que se tuvieron por útiles únicamente las dedicadas a la enseñanza y a la beneficencia. Fincas y capitales serían devueltos a las que se restableciesen "con calidad de señalar sobre el producto de sus rentas los alimentos precisos a aquellos individuos de aquellas corporaciones que, debiendo ser mantenidos por las mismas, se hubiesen refugiado en las provincias libres, profesasen en ellas su instituto y careciesen de otros medios de subsistencia". La medida suponía un primer paso para la reforma de las órdenes religiosas y la desamortización de sus bienes. Sin embargo, la presión de parte de la sociedad y la falta de convencimiento de algunos gobernantes la fueron dulcificando.

Las órdenes religiosas que se consideraron exceptuadas de dicha enajenación reclamaron su restitución a la marcha de los franceses.

Sabemos que el 18 de noviembre de 1812 varios religiosos de San Francisco de Asís residentes en Medina Sidonia y antiguos miembros de su destruido convento remitieron un memorial al Ayuntamiento solicitando que, obtenido el correspondiente permiso de las autoridades, se les permitiera reunirse para seguir suministrando el bien espiritual a los moradores de la población. El Ayuntamiento accedió a tramitar su petición, que no llegó a buen término por el momento, pues el 3 de diciembre de 1813 los franciscanos insistían en su demanda.

Torre de la iglesia de la Victoria, del antiguo Convento de Mínimos de Medina Sidonia
El 8 de febrero de 1813 se vio en el cabildo municipal un memorial de los RR. PP. fray Matías Pompas, corrector de mínimos, fray Juan de Lara, lector jubilado, fray Tomás Osorio y fray Diego de Pro, todos religiosos de dicha orden, exponiendo “lo benéfica y utilísima que había sido en todos tiempos la citada comunidad, tanto en lo temporal como en lo espiritual, a los fieles seculares y eclesiásticos”, por lo que imploraban que se solicitara a la Regencia su restitución a su convento de la Plazuela de San Juan, en el cual, tras la entrada de los franceses y la expulsión de los frailes, sólo había permanecido el citado fray Juan de Lara. Los mínimos añadían a las razones presentadas su reputación de “verdaderos españoles, opuestos a las máximas del gobierno tirano”. El cabildo municipal acordó igualmente promover su solicitud.

El 5 de marzo de 1813 don Cayetano Valdés transmitía al Ayuntamiento de Medina Sidonia el decreto de 18 de febrero sobre cómo había de hacerse la reunión de varias comunidades religiosas. En el mismo se preceptuaba entre otras cosas: 1. Que si lo permitían los conventos, se reunieran las comunidades de capuchinos y de San Antonio de Sevilla; observantes franciscanos, mercenarios descalzos y carmelitas descalzos de Andalucía; dominicos de Andalucía, Extremadura, Mancha y parte de Murcia; carmelitas descalzos de la provincia de San Juan de la Cruz; y menores descalzos de la de San Diego, aunque sin pedir limosna para reedificar sus edificios. 2. Que no se reunieran si no tenían al menos 12 individuos profesos. 6. La entrega de los conventos e iglesias y de los muebles de su uso se haría por el intendente o comisionados por medio de escritura que autorizaría un escribano público y firmarían todos los regulares. Mientras se elaboraba un plan general para el restablecimiento y reforma de los conventos, las Cortes establecieron el 26 de agosto de 1813 que la Regencia dispusiera, según el decreto arriba mencionado, que se entregaran a los prelados algunas casas de sus institutos, de las que hubieran quedado habitables, a fin de que los frailes se recogieran en ellas. La Regencia ordenó entonces, entre otras cosas, que los jefes políticos formaran y remitieran informaciones de los religiosos que hubiera en las provincias: nombres, apellidos, estados, religión, provincia y convento a que pertenecían o pertenecen, y si se hallaba restablecido (art. 2); y que los prelados de los conventos restablecidos pasaran a los ayuntamientos nota firmada por todos los religiosos expresando si la entrega del convento se había hecho conforme al artículo 6 del decreto de 18 de febrero o sin ese requisito (art. 4).

Para formar la lista preceptuada, el Ayuntamiento de Medina Sidonia ordenó que se presentaran ante él los religiosos que hubiera en la ciudad, así que pasó oficios al prior de San Juan de Dios, con inserción a la letra del artículo 4 para que, a la mayor brevedad, pasara la nota firmada de que en él se hablaba; y al vicario eclesiástico, para que dispusiera lo conveniente para la presentación de los antiguos conventuales. Fruto de dicha comparecencia es la Razón que manifiesta los religiosos que en la actualidad existen en esta ciudad respectivos a los conventos, provincias y religiones que se explicarán, con expresión de sus nombres, apellidos, etc., firmada el 11 de octubre de 1813, que nos permite conocer con precisión el número de miembros del clero regular existentes en Medina en ese momento:

Del orden de San Agustín:
- Fray José de Cárdenas, presbítero, prior del convento, de esta ciudad, provincia de Andalucía, conventual en el de Medina.
- Fray Pedro del Rosario Miranda, presbítero, subprior del convento, provincia de Andalucía, conventual en él.
- Fray José Aparicio, presbítero, predicador, conventual del propio, provincia de Andalucía.
- Fray Francisco de la Flor, presbítero, conventual en él, provincia de Andalucía.
- Fray Diego de la Torre, presbítero, conventual en él, provincia de Andalucía.
- Fray Nicolás Viscarda, presbítero, conventual del mismo, provincia de Andalucía.
- Fray Alfonso Bonilla, presbítero, conventual en él y de dicha provincia.
- Fray Nicolás de Cantos, presbítero, lector y predicador conventual en el de Antequera, provincia de Andalucía.

Descalzos franciscos:
- Fray Juan García, presbítero, predicador jubilado y guardián del convento de franciscos descalzos de esta ciudad, conventual en él, provincia de San Diego de Sevilla.
- Fray Miguel Romero, presbítero, de la misma conventualidad y provincia.
- Fray Joaquín Lucena de San José, ídem de ídem.
- Fray Juan de Toro, presbítero, ídem de ídem.
- Fray Antonio Avilés, presbítero, ídem de ídem.
- Fray Andrés Lucena, presbítero, ídem de ídem.
- Fray Francisco Orellana, presbítero, ídem de ídem.
- Fray Andrés Bello, presbítero, ídem de ídem.

Mínimos:
- Fray Matías Pompas, predicador jubilado y corrector conventual en el de San Francisco de Paula, orden de mínimos de esta ciudad, provincia de Sevilla.
- Fray Juan de Lara, lector jubilado, consultor, teólogo de la Nunciatura Apostólica, de la propia conventualidad y provincia.
- Fray Tomás Osorio, presbítero, lector de Sagrada Teología, de igual conventualidad y provincia.
- Fray Diego de Pro, presbítero, de dicha conventualidad y provincia.

Carmelitas descalzos:
- Fray Miguel del Espíritu Santo, presbítero con asignación al Hospicio del orden de carmelitas descalzos de esta ciudad, presidente de él y lector de Teología, provincia titulada de San Juan de la Cruz.
- Fray Agustín de los Dolores, presbítero, con igual asignación a dicho hospicio, predicador jubilado, provincia la misma.

Jerónimo:
- Fray Juan de la Concepción Pina, presbítero, religioso del orden de San Jerónimo, conventual del de Buenavista Extramuros.

La hoy desaparecida cúpula del Convento de San Agustín de Medina Sidonia (fotos de J. Romero)
El único convento de Medina Sidonia que ya se hallaba restablecido en ese momento era el Convento-Hospital de San Juan de Dios, por cuyo motivo no se comprendía en esta Razón. Por un poder que otorgan sus conventuales el 31 de mayo de 1813 al religioso de Cádiz fray Francisco Gutiérrez para que les represente en pleitos, causas y negocios, sabemos que formaban esta comunidad: su prior, fray Agustín de Argüelles; el presbítero fray Manuel Jaime; y los religiosos: fray Pedro de Medina, fray José Ruiz, fray Manuel Reina, fray José de las Navas, fray Juan Lainiel y fray Manuel Fernández.

martes, octubre 01, 2013

Historias de Medina Sidonia (XIII)

Portada de la edición de 1568 de la obra de Pedro de Medina
La leyenda de Baucio Caropo (VI)

Siguiendo con su “adaptación”, Pedro de Medina convierte en natural de Sidón al héroe de la revuelta turdetana contra los cartagineses, Baucio Caropo, de quien Florián de Ocampo había dicho que era natural de Turdeto.

OCAMPO.- Entre las quales personas dizen auer sido principal capitan y caudillo sobre todos vno llamado Bauçio caropo, o segun lo nonbra don Sebastian eleto de Salamanca enel prologo de sus historias, Boçio capeto/ natural y morador en aquel pueblo de Turdeto (…)

MEDINA.- Entre los quales se escriue auer sido principal capitan y caudillo sobre todos vn varon llamado Baucio Caropo, segun lo nombra don Sebastian electo de Salamanca en el prologo de sus historias, Bocio Capeto natural de aquesta ciudad de Sidon.

Según Ocampo este caudillo había sido llamado “Bocio Capeto” por don Sebastián, electo que se decía de Salamanca, de quien en el prólogo a su obra refiere que había relatado la historia de España desde la época de Don Pelayo hasta la de Alfonso II el Casto. Los seguidores de Ocampo fueron repitiendo estas mismas palabras sin atender a su comprobación. Sin embargo, cuando se habla de la gesta de "Baucio Capeto" en la Historia general de España, escrita, enmendada y añadida por el P. Juan de Mariana, con notas y observaciones críticas, continuada hasta el año de 1851, t. I, p. 20 (Madrid, Oficinas y Establecimiento Tipográfico del Semanario Pintoresco Español y de La Ilustración, 1852) leemos en nota a pie de página:

Ciudad de Turdeto. Las juntas de los Españoles en Turdeto (ciudad no mencionada por ningún geógrafo), elección de Baucio Capeto en general de los Turdetanos, y finalmente toda esta guerra que con tan hermosos colores describe nuestro autor, es una novela forjada por Ocampo y otros, que dio motivo al Dr. Alderete para decir que estimara en mucho nos dieran los autores de donde se ha sacado. Acaso Ferreras señaló a Silio Itálico, pero no se halla tal cosa en los XVII libros de la Guerra Púnica. Ocampo, lib. II, cap. XXXII, dice que “D. Sebastian electo de Salamanca nombra al capitán Bocio Capeto en el prólogo de sus Historias”. Pero, si este D. Sebastián es el prelado a quien se atribuye el Cronicón de D. Alfonso Magno, no hallamos tal especie en las ediciones que hasta ahora han visto la luz pública; y así, o se engañó Ocampo, o disfrutó algún códice más completo, o es obra diferente.

No conocemos el texto en que el humanista Diego Gracián de Alderete (1510-1600) se refiere a este pasaje de la Crónica de Ocampo. Es seguro que nada se dice de la historia de Baucio Caropo o Bocio Capeto en las Punica de Silio Itálico, como había supuesto el historiador Juan de Ferreras y García (1652-1735). Y efectivamente, nada sobre Bocio Capeto puede leerse en las actuales ediciones de la Cronica Ad Sebastianum, escrita en el siglo IX y atribuida a Sebastián, obispo de Salmanca y sobrino del rey Alfonso III, ni en la Crónica Rotense ni en la Crónica Albeldense, las más antiguas crónicas de los reyes de Asturias. Todo ello nos hace suponer, como al autor de la nota de la obra de Juan de Mariana, que la historia de Baucio Caropo no es más que un invento de Florián de Ocampo; y que Pedro de Medina no hace sino dar pábulo a esta leyenda mistificándola a su antojo.  

martes, septiembre 24, 2013

Historias de Medina Sidonia (XII)


Guerrero armado con falcata y escudo oval, relieve de Osuna (entre 300 y 100 a. C.), Museo Arqueológico Nacional (Madrid)

La leyenda de Baucio Caropo (V)

Florián de Ocampo inicia el capítulo XXIX de libro segundo de su crónica refiriendo las primeras incursiones tierra adentro que llevaron a cabo los cartagineses desde Cádiz y la resistencia a las mismas capitaneada por la ciudad de Turdeto. Pedro de Medina prácticamente calca estas palabras aunque introduce una notable diferencia con su fuente: el protagonismo en la revuelta corresponde no a la ciudad de Turdeto sino a Sidón (Medina Sidonia).

OCAMPO.- Passada la flota cartaginesa desde Cáliz enlo firme del Andaluzia: hechos algunos saltos y robos, primero porlas marinas, y despues algo mas dentro porla comarca segun/ ya contamos (…)(1)

MEDINA.- Desta ciudad dizen las coronicas, que viniendo a Cadiz cierta flota de Cartagineses, y auiendo hecho algunos saltos y robos en los Andaluzes Turdetanos. Primero por la costa de la mar: y despues algo mas adentro por la comarca de la tierra (…)

OCAMPO.- Començaron muchos lugares à se reçelar, y basteçer, y pertrechar contra sus dañadores: particularmente los vezinos dela çiudad de Turdeto, de quen ya tenemos escrito: los quales, con mucho mas poder y mas diligençia que ninguno de los otros pueblos, se pusieron à punto no solo para resistir les, sino tanbien para los ofender si dañassen alguna cosa de su çiudad/ acaudillaron otrosi la gente comarcana, señalando por capitanes y quadrilleros entre si personas que tuuiessen cargo del negoçio (…)

MEDINA.- Començaron algunos pueblos a se bastecer contra sus dañadores. Particularmente los vezinos de la ciudad de Sidon: los quales con mucho mas poder y mayor diligencia que ninguno de los otros pueblo se pusieron a punto, no solo para resistir los enemigos sino tambien para los ofender y acaudillaron las gentes comarcanas: señalando por capitanes y quadrilleros personas que tuviessen cargo del negocio (…)

Sobre Turdeto decía Ocampo en el capítulo XXIV del mismo libro segundo que se encontraba entre Jerez y Arcos, por lo que en modo alguno puede identificarse con Medina Sidonia:

(…) la villa nonbrada Turdéto que, por estos dias, era cabeça de todo lo mejor delas gentes andaluzas: y, al dicho de sus naturales della, fue la primera y mas antigua de quantas en aquella tierra se poblaron. Esta, segun las señas que de su sitio pone Juliano luca diacono/ solia ser, todos los dias que por alli durò, enel medio camino que yua entre dos villas nonbradas en su tiempo Cesáriano y Arcobriga/ que son agora, ciertamente, Xeréz dela frontera y Arcos, mucho conosçidas y sabidas en el Andaluzia, desuiadas çinco leguas la vna dela otra. puesto que, como el mesmo Juliano confiessa, la poblacion Cesariána no era fundada quando los feniçes de Tyro y Sidon quisieron sojuzgar à Turdéto, pero çertifica que Turdéto y Arcobriga cayan muy cercanas al magnifico tenplo y àla gran çiudad que los feniçes y sus allegados los de Cáliz alli posseyan: desde la qual obrauan todas aquellas demasias y desafueros.

Y en el capítulo siguiente identifica Medina Sidonia con la Sidón donde los fenicios habían construido su gran templo en el interior de la provincia, por lo que en modo alguno podía ser al mismo tiempo la capitana de la revuelta contra los cartagineses.

(…) porque, verdaderamente, lo prinçipal de su (de los fenicios) defensa fue la grandeza de su çiudad y del tenplo que tenian dentro dela prouinçia, tan basteçida con gentes: y tan guardados y proueydos, que por esta sola causa fueron sienpre reçelados delos españoles comarcanos/ y quienquiera bastaua para conosçer, que ni los vnos ni los otros quedárian jamas en reposo, conseruando los feniçes aquellas dos fuerças en tanta magnifiçençia. por lo qual, se determinaron los andaluzaes ò morir ò destruyr los. y pusieron enello tal vehemençia, con tata perseuerançia de les conbatir y de tener los çercados, que paresçiendo inpossible fatigar vna cosa tan fuerte y tan reparada, no siendo por aquellos dias, ellos ni las otras gentes Españolas, diestros en poner çercos ni reales, ni en otros primores de guerra que fuera menester en tal caso/ finalmente la ciudad fue ganada por fuerça de peleas: y todos quantos enella hallaron puestos à cuchillo, donde murio mucha parte dela gente de Cáliz, y de los griegos que los dias antes sele juntaron. Los edificios y muros dela çiudad y su tenplo fueron derrocados por los çimientos, que casi no dexaron señal dellos/ por tal arte y manera, que nunca despues aquel pueblo se pudo restituyr en aquella grandeza que primero tuuo: ni biuieron moradores enel hasta que, como dize Hali alcatin enel preanbulo del tratado que conpuso delos reloges del sol, muchos siglos despues vinieron en España los alarabes y moros africanos: y segun alli cuenta, restauraron y poblaron de nueuo la çiudad que los de Cáliz y los feniçes antiguos de Tyro y Sidon sus confederados huuieron otro tiempo çimentado sobre la tierra firme de España: la qual dize que sus moros tornaron à llamar por el apellido viejo que los mesmos feniçes le tenian puesto quando su prosperidad. Dize mas, que dado que Tyro enla sazon que la sobredicha çiudad española se fundò, floresçiesse mucho sobre los pueblos orientales: y con justa razon esta çiudad se pudiera llamar del mesmo nombre que Tyro, quisieron mas los feniçes dar le la nonbradia de Sidon, por memoria de Sidon ciudad antigua de Suria, donde proçedieron y fueron naturales los mas de los feniçes que fundaron à Tyro quando se juntaron conlos eritreos que vinieron del mar bermejo, conforme à lo que ya declaramos enlos treinta y vn capitulos del primer libro. Segun estas señas, perteneçientes al tal apellido, junto conlas otras que Juliano diacono puso de su lugar y fundaçion enel fin del capitulo passado, notoriamente paresçe ser aquel pueblo tan famoso delos feniçes enla mesma parte que hallamos agora la villa de Medina sidonia, mucho conosçida y notable entre las honrradas del Andaluzia, çerca delas comarcas de Cáliz, apartada dela marina por lo menos lexos quatro leguas: y çinco dela villa de Arcos, que le cae contra setentrion metida mas enla tierra: y otras çinco de Xeréz llamado dela frontera que tanbien le viene por oçidente, con mas tres leguas pequeñas à leuante donde viene Alcala delos gazules/ que son todos lugares prinçipales de la prouinçia. Mucho quisiera yo que los autores aquien en esta parte sigo declararan alo largo la manera que los andaluzes tuuieron en este trançe, y los conbates que dieron àla ciudad y su tenplo, y las yndustrias que buscaron para los entrar, y los hechos particulares que todos aquellos tienpos acaesçerian: pero no puedo decir mas delo que me dizen, ni poner sino lo que hallo puesto. y aun sabe dios como y quan a pedaços recoligido: porque ya que algunos historiadores nuestros hablan algo eneste caso, van tan cortos en ello, que lo paresçen rehusar, ò que no saben contar lo, no lo meresçiendo cierto la hazaña segun fue notable y señalada. mas es nos forçado pasar en ello conesta falta, para que la cronica vaya de qualquier manera seguida, y proçeda sienpre adelante por la orden de sus tienpos.

Dejemos ahora de lado que las fuentes de Florián de Ocampo, Juliano Luca y Alí Alcatín, no sean más que puros inventos; y que en la inexistente obra de este último Medina Sidonia fuese “refundada” por los árabes, y se olvidase la historia romana de Asido; o que Ocampo llame a Medina Sidonia “villa”, cuando en su tiempo ya era “ciudad”. Lo que nos interesa comentar es que su crónica dejaba claro que Medina Sidonia y Turdeto eran lugares distintos, y que si Pedro de Medina las identificó o bien concedió a Medina Sidonia lugar preeminente en la revuelta contra los cartagineses lo hizo llevado por el amor patrio o bien quiso ennoblecer desde sus comienzos la historia de la ciudad, cabecera de los estados de sus protectores los duques de Medina Sidonia. 

(1) Ocampo había tratado sobre la llegada de los cartagineses a Cádiz en el capítulo XXVIII, donde cuenta cómo los fenicios y habitantes de Cádiz, viéndose vencidos por los españoles, enviaron mensajeros a Cartago pidiéndole socorros ya que su metrópoli, la ciudad de Tiro, había sucumbido ante una revuelta de esclavos.

martes, septiembre 17, 2013

Historias de Medina Sidonia (XI)

Un documento inédito sobre las apariciones del apóstol Santiago en Medina Sidonia

Presentamos aquí un artículo que acaba de aparecer en la revista El Barrio, dirigida en el I.E.S. San Juan de Dios por el profesor Miguel Roa Guzmán. En él transcribimos y analizamos un documento del siglo XVII en el que se refieren las apariciones del apóstol Santiago en nuestra ciudad, situamos estos legendarios sucesos en su marco histórico y damos cuenta de los errores y deslices cometidos por el autor del texto. Completamos nuestro escrito con una serie de fotografías que reúne las imágenes de Santiago Matamoros que pueden verse en Medina Sidonia.

miércoles, septiembre 11, 2013

E lucevan le stelle



Siempre me embarga la emoción cuando escucho la que me parece una de las arias para tenor más hermosas de la ópera italiana, "E lucevan le stelle", la romanza del tercer acto de Tosca, compuesta por Giacomo Puccini con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa.

El pintor de ideas republicanas y liberales Mario Cavaradossi, prisionero en el Castillo de Sant´Angelo aguarda el momento en que el carcelero abra la puerta de su celda para conducirle al cadalso. En tanto comienza a romper el día y las estrellas abandonan el cielo, recuerda los agradables momentos vividos junto a su amada Floria Tosca, que ya no volverán. 

Dos hermosas interpretaciones, una de José María Carreras y otra del Luciano Pavarotti. La traducción del texto la he tomado de wikipedia.




E lucevan le stelle,
Ed olezzava la terra,
Stridea l'uscio dell'orto,
E un passo sfiorava la rena...
Entrava ella, fragrante,
Mi cadea fra le braccia.
Oh! dolci baci, o languide carezze,
Mentr'io fremente
le belle forme disciogliea dai veli.
Svanì per sempre il sogno mio d'amore,
L'ora è fuggita
E muoio disperato!
E muoio disperato!
E non ho amato mai tanto la vita!
Tanto la vita!...

Y brillaban las estrellas,
Y olía la tierra,
Chirriaba la puerta del huerto,
Y unos pasos rozaban la arena...
Entraba ella, fragante,
Caía entre mis brazos...
¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,
Mientras yo, tembloroso,
Sus bellas formas liberaba de los velos!
Se desvaneció para siempre mi sueño de amor...
El tiempo ha huido...
¡Y muero desesperado!
¡Y muero desesperado!
¡Y no he amado nunca tanto la vida!
¡Tanto la vida!

domingo, septiembre 08, 2013

Historias de Medina Sidonia (X)


 

Portada de la primera edición de la Crónica de Florián de Ocampo

La leyenda de Baucio Caropo (IV)

Quedó dicho que el Libro de grandezas y cosas memorables de España de Pedro de Medina, fuente de la que bebió el Vicario Martínez en todo lo concerniente a la gesta de Baucio Caropo,  fue publicado en Sevilla por Dominico de Robertis en 1548. Cinco años antes aparecían en Zamora, en la imprenta de Juan Picardo, los cuatro primeros libros de la Crónica general de España redactada por el cronista real Florián de Ocampo (Los cuatro libros primeros de la Cronica general de España que recopila el maestro Florian do canpo criado y cronista del Emperador Rey nuestro señor por mandado de su magestad çesarea), obra que comprendía los hechos acontecidos desde la creación del mundo hasta la muerte de los Escipiones y cuyo propósito principal era demostrar la antigüedad de la monarquía española. Ante la escasez de fuentes históricas,  Ocampo acudió en multitud de ocasiones a los relatos legendarios y a la ficción, no dudando, por ejemplo, inventar autores que jamás existieron (como Julián Lucas); asumió como verdaderos sin mayor comprobación muchos datos ofrecidos por cronistas anteriores, ya españoles ya italianos (como Annio de Viterbo); recurrió para justificar algunos de sus argumentos a inscripciones consideradas falsas ya por los humanistas españoles…

Pues bien,  en el capítulo XXIX del libro segundo, intitulado “De çierto recuentro que los capitanes cartagineses rezien venidos en España passaron en llegando con algunos andaluzes contrarios: y dela guerra que se començò de los vnos àlos otros en aquella tierra”, leemos lo que sigue:

Passada la flota cartaginesa desde Cáliz enlo firme del Andaluzia: hechos algunos saltos y robos, primero porlas marinas, y despues algo mas dentro porla comarca segun/ ya contamos. començaron muchos lugares à se reçelar, y basteçer, y pertrechar contra sus dañadores: particularmente los vezinos dela çiudad de Turdeto, de quen ya tenemos escrito: los quales, con mucho mas poder y mas diligençia que ninguno de los otros pueblos, se pusieron à punto no solo para resistir les, sino tanbien para los ofender si dañassen alguna cosa de su çiudad/ acaudillaron otrosi la gente comarcana, señalando por capitanes y quadrilleros entre si personas que tuuiessen cargo del negoçio: entre las quales personas dizen auer sido principal capitan y caudillo sobre todos vno llamado Bauçio caropo, o segun lo nonbra don Sebastian eleto de Salamanca enel prologo de sus historias, Boçio capeto/ natural y morador en aquel pueblo de Turdeto/ varon de cresçida estatura, dotado de grandes fuerças y esfuerço, pero no de no menos virtud y prudençia / tanto, que ya desde muchos años antes, juzgaua la gente de su ciudad y lo mas de todas sus comarcas en los playtos (sic) y debates que suçedian/ con otros siete varones, semejantes a el en bondad y discreçion, à quien este Bauçio tenia señalados para conpañeros de su cargo, muy entendidos y sabios todos ellos en la geometria, leyes, y filosofia moral de los andaluzes turdetanos: las quales leyes fueron antiquissimas, segun escreuimos en el terçero capitulo del primer libro: y comunmente las aprendian de cabeça los varones nobles y principales de esta gente: para que, teniendo las en la memoria, supiessen gouernar à si, y à los otros vulgares de sus pueblos. Siendo pues tal este Bauçio caropo, sabido que los cartagineses y todos los de Cáliz eran ya passados en el Andaluzia/ donde repartidos por la tierra, luego de la primera llegada quemaron çiertas caserias, y tomauan ganados, y prendian y matauan honbres de su naçion quantos hallaron à la mano. pesquiso házia que parte discurrían çiertas vanderas africanas que hazian lo mas deste daño: las quales tuuo noticia muy çierta que corrian el campo mas delanteras que las otras: y se recogian en vna palizada que por alli tenian çercada de fosas y bien fortalesçida, con vn capitan cartagines mucho diligente y astuto llamado Mezerbal, ò segun otros escriuen Mahárbal, que procuraua de sostener aquella pendençia mas que nadie. Luego como de todo fue çertificado Bauçio capeto, salio de su pueblo y venida la noche, con el numero de gente que le paresçio neçessario: y llegados alas estançias de los cartagineses acometieron por todas partes tan animosamente, que saltadas las fossas entraron lo fuerte de la palizada, donde se començo la matança mucho cruel y sangrienta/ con tanta presteza que casi nadie pudo librarse de prision ò de muerte, sino fueron Mezerbal el capitan: y muy pocos otros que viendose perdidos tomaron cauallos, y desanparada la gente que moria, se pusieron en saluo heridos y maltratados primero que dela palizada saliessen. Conesto, los turdetanos y su capitan, tornaron à la ciudad: y los despojos que por alli ganaron, aunque fueron pocos y no muy presçiosos, los colgaron enel tenplo de sus ydolos, con algunas manos diestras que cortaron à los muertos prinçipales, y las pusieron entre las otras preseas/ segun que lo tenian de costumbre por memoria de sus vitorias. Aquello feneçido, porque la gente gustasse mas dela prosperidad, y los enemigos cobrassen doblado pauor/ el dia siguiente Bauçio caropo vino por las riberas abaxo del ryo que dezimos agora Guadalete caminando contra la mar/ de quien hablaremos mas adelante mas en particular, segun pensamos, en los veynte y nueue capitulos siguientes: y como supiesse que tanbien alli tenian los cartagineses çiertos bateles con mantenimientos de pan y viandas, acometiolos de supito con mucha feroçidad, y tomados à prision algunos que se defendian, les puso fuego quemando los todos con quanto dentro tenian. Esto dio gran temor àlos contrarios para no se desmandar como pensauan: y para biuir mas auisados que primero. pero mucho mas los espanto cierto salto que poco despues el mismo Bauçio quisiera dar enotro repáro çerca deste: puesto que no vino en efeto como lo passado, porque los cartagineses que lo defendian, quando supieron que Bauçio venia, desanpararon el sitio: dexando todas sus armas y prouisiones, sin esperar à coger nada dellas, como cosa que les yua menos que en saluar las vidas: o tanbie porque detenidos los enemigos enel robo, tuuiessen los cartagineses mas lugar en la huyda/ como de hecho suçediò, quando los turdetanos y su capitan llegaron: que, recogido quanto por alli pudieron auer, se boluieron à su pueblo, cargados de muchas preseas: y lo pusieron enla parte que primero pusieron el robo delos otros recuentros que conellos auian passado.

Folio 109 de la primera edición de la Crónica de Ocampo
  

Y en el capítulo XXX, “Como los cartagineses mudaron el estilo dela guerra, poniendo treguas con algunos andaluzes: y con otros prosiguieron la pendençia tibiamente, fauoreçiendo siempre la parte delos de Cáliz”:

Hizieron se tan à tiempo los desbarates sobredichos, y con tal esfuerço y denuedo, que visto por los cartagineses el daño que resçebian: y que los turdetanos andauan ayrados, y se parauan àla guerra de proposito, con capitanes señalados, no lo soliendo hazer, segun otros dezian, sino quando tenian cosas muy determinadas. paresçioles que para poder quedar en aquella region y comarcas, efetuando la demanda secreta que pretendian, conuenia segurar los por entonçes, y no permitir que de gente tan poderosa por aquellas partes tuuiessen contradiçion. A este fin, les enbiaron luego mensajeros diziendo/ que çiertos, capitanes suyos no sabiendo las diuisiones ò repartimientos dela tierra, se sometieran por aquella region de Turdetania haziendo males y daños en ella: de lo qual a todos los otros cartagineses auia desplazido, porque su principal intençion era paçificar las turuaçiones passadas conel menos rigor y castigo que fuesse posible: generalmente por todas las gentes que huuieron offendido àlos de Cáliz y à sus tenplos y dioses y cosas santas: y mucho sin menos daño que de nadie conla naçion de los turdetanos à quien tenian espeçial mandamiento dela señoria cartaginesa, que los resçibiessen en su confederaçion,  y les hiziessen todas las buenas obras y buena vezindad que pudiessen: assi por lo meresçer ellos, como por tener ya notiçia que de todo lo hecho contra Cáliz fueron poco culpados: y que para seguridad delo dicho mandarian à lahora que las conpañias cartaginesas quantas por allí se desmandauan saliessen de su prouinçia sin hazer le mas daño/ por tanto que los turdetanos reposassen, y dexassen las armas, no queriendo tomar reçelo de quien no tan solo no los auia de injuriar, sino vedar y contradezir à qualquier otra gente que les ofendiesse. Paresçio les muy bien à los turdetanos andaluzes la petiçion delos cartagineses, segun aquellos dias eran ynoçentes y bien acostunbrados, y quanto àla replica della respondieron que holgauan en oyr sus buenas razones y comedimientos, aunque las obras primeras fueron mucho contrarias delo que publicauan al presente: mas que salidos ellos dela prouinçia, como prometian, lo tendrian todo por çierto. quanto à lo siguiente, harian como les hiziessen/ pues dado que los vezinos de Turdeto con toda la naçion turdetana fuessen conosçidamente desseosos de paz/ siendo la guerra neçessaria, holgauan tanto conella como con el reposo: porque lo tal amonestauan y mandauan sus leyes antiguas, à quien ellos tenian por reglas y preçeptos de su biuir, y que lo demas guiassen los dioses como les plugiesse, fauoresçiendo las partes justas: y confundiendo los tyranos donde quiera que saliessen. Esta respuesta, segun fue bien atentada, podemos pensar, que la darian por consejo del andaluz Bauçio caropo su capitan: del qual no hallamos otra memoria fuera delo que diximos enel capitulo preçedente, mas de ser muerto passados pocos dias: y que sus parientes lo sepultaron magnificamente, poniendole por el contorno del monumento tantas piedras enhiestas quantos aduersarios le vieron matar enlas guerras y quistiones en que se hallò quanto fue biuo, porque tal costumbre tenian en sus mortuorios casi todas las gentes españolas desu tiempo, y aun lasde muchos otros siglos mas adelante. Desde entonçes los cartagineses dexaron aquella prouinçia delos turdetanos…

La simple lectura de estos textos deja bien a las claras cuál fue la fuente de Pedro de Medina, pero hablaremos de ello más por extenso en una nueva entrada.

lunes, septiembre 02, 2013

Cornelis Zitman

Esculturas de Cornelis Zitman en la Casa de Iberoamérica de Cádiz


La caribeña



La caribeña



El columpio



La peluca



El pescadorcito




Luna



Luna








La desconocida o Mujer en la hamaca. Fotos de Jesús Romero


Cornelis Zitman nació en Leiden en 1926 y se formó en la Academia de Bellas Artes de La Haya, donde ingresó a los 15 años. Para evitar la incorporación a filas en 1947 con motivo de la defensa del imperio colonial holandés (estaba en desacuerdo con la política practicada en Indonesia) huyó de Europa y recaló en Venezuela, donde trabajó como dibujante para una empresa constructora y como diseñador de muebles para una fábrica que luego dirigió; todo ello sin dejar de lado su labor artística. En 1951 obtuvo el Premio Nacional de Escultura de Venezuela, en cuya Universidad Central ejerció como profesor de Diseño. Tras una exitosa exposición en 1958 en la Galería de Arte Contemporáneo de Caracas decidió mudarse a la isla de Grenada para dedicarse por completo a la creación, más a la pintura que a la escultura todavía en ese momento. Nuevo éxito cosecharía en 1961 en una muestra en Boston, después de la cual regresó a Holanda para estudiar técnicas de fundición: en 1964 lo encontramos como aprendiz en el taller del escultor Pieter Starreveld. De regreso a Venezuela para ejercer de nuevo como profesor universitario, adquiere ese mismo año un antiguo molino de caña de azúcar en las cercanías de Caracas que se convertirá en su casa-taller, "El trapiche". En medio de una esplendorosa naturaleza comienza a trabajar con intensidad en figuras de cera de pequeño formato, y en 1971 expone por vez primera en la Galería Dina Verny de París, lo que supondrá su consagración como escultor. Luego se sucederán más muestras por todo el mundo (Feria Arte de Basilea, en 1972; Bienal de Sao Paulo, en 1987; primera retrospectiva en el Museo de Arte de Caracas, en 1976; gran retrospectiva en el Museo Beelden Aan Zee de Holanda, en 2006...) y muchos premios (Bienal de Escultura de pequeño formato de Budapest, en 1971; premio especial Kotaro Takamura Grand Prize Exhibition  del Museo Hakone de Tokio, en 1982; Orden del León Holandés por su aportación cultural a las relaciones entre Holanda y Venezuela, en 2005...). Su obra se encuentra repartida en colecciones particulares y museos de varios países. 

Zitman ha creado un universo de seres, la llamada "raza zitmaniana", en el que se mezclan voluptuosas mujeres de curvas casi imposibles; retratos idealizados donde igualmente predomina lo curvilíneo; figurillas de más pequeño formato con delgadas extremidades y un movimiento magistralmente insinuado; hombres, mujeres y niños que parecen llegados de otro planeta y reflejan una gran angustia existencial... Apabullante sensualidad, misterio, los aspectos más grotescos y los más serenos de la vida, el horror del individuo ante su soledad y la plácida alegría por el disfrute del momento conviven en sus estudiadas composiciones en bronce, de las que podemos ver desde el pasado año un pequeño pero interesantísimo ejemplo en la Casa de Iberoamérica de Cádiz, la antigua y rehabilitada Cárcel Real. Allí se ha bautizado una sala con el nombre del escultor para acoger esta "exposición permanente". Una suerte poder contemplarla tan cerquita.    

    
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