lunes, agosto 12, 2013

Capri


"La pasajera de Capri",
Nostalgias y regresos,
 Las uvas y el viento
Pablo Neruda

¿De dónde, planta o rayo?,
¿de dónde, rayo negro o planta dura,
venías y viniste
hasta el rincón marino?

Sombra del continente más lejano
hay en tus ojos, luna abierta
en tu boca salvaje,
y tu rostro es el párpado de una fruta dormida.
El pezón satinado de una estrella es tu forma,
sangre y fuego de antiguas lanzas hay en tus labios.

¿De dónde recogiste
pétalos transparentes
de manantial?, ¿de dónde
trajiste la semilla
que reconozco? Y luego
el mar de Capri en ti, mar extranjero,
detrás de ti las rocas, el aceite,
la recta claridad bien construida,
pero tú, yo conozco,
yo conozco esa rosa,
yo conozco la sangre de esa rosa,
yo sé que la conozco,
yo sé de dónde viene,
y huelo el aire libre de ríos y caballos
que tu presencia trae a mi memoria.
Tu cabellera es una carta roja
llena de bruscos besos y noticias,
tu afirmación, tu investidura clara
me hablan a mediodía,
a medianoche llaman a mi puerta
como si adivinaran 
adónde quieren regresar mis pasos.

Tal vez, desconocida,
la sal de Maracaibo
suena en tu voz llenándola de sueño,
o el frío viento de Valparaíso
sacudió tu razón cuando crecías.
Lo cierto es que hoy, mirándote al pasar
entre las aves de pecho rosado
de los farallones de Capri,
la llamarada de tus ojos, algo
que vi volar desde tu pecho, el aire
que rodea tu piel, la luz nocturna
que de tu corazón sin duda sale,
algo llegó a mi boca
con un sabor de flor que conocía,
algo tiñó mis labios con el licor oscuro
de las plantas silvestres de mi infancia,
y yo pensé: Esta dama,
aunque el clásico azul derrame todos
los racimos del cielo en su garganta,
aunque detrás de ella los templos
nimben con su blancura coronada
tanta hermosura,
ella no es, ella es otra,
algo crepita en ella que me llama;
toda la tierra que me dio la vida
está en esta mirada, y estas manos
sutiles 
recogieron el agua en la vertiente
y estos menudos pies fueron midiendo
las volcánicas islas de mi patria.

Oh tú, desconocida, dulce y dura,
cuando ya tu paso
descendió hasta perderse,
y sólo las columnas
del templo roto y el zafiro verde
del mar que canta en mi destierro
quedaron solos, solos
conmigo y con tu sombra,
mi corazón dio un gran latido,
como si una gran piedra sostenida
en la invisible altura
cayera de repente
sobre el agua y saltaran las espumas.

Y desperté de tu presencia entonces
con el rostro regado 
por tu salpicadura,
¡agua y aroma y sueño,
distancia y tierra y ola!


El mar en Capri. Fotos J. Romero

"La noche en la isla", Los versos del Capitán 
  Pablo Neruda




Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.

Tal vez muy tarde
nuestros sueños se unieron
en lo alto o en el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.

Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba como antes,
cuando aún no existías,
cuando sin divisarse navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban lo que ahora
-pan, vino, amor y cólera-
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.

He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con muertos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.

Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.

He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.

viernes, agosto 09, 2013

Historias de Medina Sidonia (VII)

Moneda fenicio-púnica acuñada en Asido (mediados del s. II o comienzos del s. I a. C.). Imagen tomada de http://www.tesorillo.com/oca/oca1.htm

La leyenda de Baucio Caropo (I)

En las páginas 311 y 312 de su Historia de la ciudad de Medina Sidonia (ed. J. Mª Enrile, Cádiz, Revista Médica, 1875) el vicario Francisco Martínez y Delgado inicia su galería de “sugetos seglares naturales de Medina Sidonia, que la ilustraron con sus hechos” con un personaje legendario al que llama “Barucio Caropo” (sic), cuya historia sitúa en la época en que los cartagineses penetraron en Andalucía. La fuente principal de su relato, como él mismo nos indica, es la obra de Pedro de Medina. Recordemos las palabras del Vicario (actualizamos grafía y puntuación):

Barucio Caropo o, como le nombran otros, Bocio Capeto, a la entrada de los cartagineses en Andalucía se dejó ver como un varón lleno de valor y ciencia, y diestro en el gobierno. De éste, de quien hace memoria el maestro Pedro de Medina, y fue natural de esta ciudad, referiremos un suceso que da a conocer su mérito. En una de aquellas ocasiones en que los cartagineses, nación astuta y guerrera, hacían sus tentativas para internarse en la provincia y poseerla a cualquier costo, una numerosa tropa de ellos, unida con los vecinos de Cádiz, entró en esta parte de la Andalucía, y, derramándose por sus campos, quemó algunas caserías, robó muchos ganados, prendió y mató muchos hombres, guareciéndose en unas empalizadas cercadas de cavas y bien fortalecidas, de las que salían para estas incursiones dirigidos por un esforzado capitán de su nación llamado Bezerbal. Llegó la noticia al referido Barucio, varón de crecida estatura, de mayor ánimo y de singular instrucción en leyes, geometría y filosofía natural, e, informado del número y calidad de los enemigos y lugar de su acogida, salió de Medina de noche y con la gente necesaria, sorprendió el campamento, lo asaltó y tomó con tanta presteza y valor que quedaron muertos o prisioneros todos los enemigos a excepción del comandante y muy pocos que pudieron seguirle, volviendo a la ciudad cargado de despojos y laureles. Al día siguiente partió el mismo Barucio al río Guadalete, donde los cartagineses tenían una escuadrilla de barcos con víveres; los incendiaron, matando a los que los tripulaban y aterrando a los demás que desde aquel día respetaron a Barucio y su tropa de Medina.

En la página 15 de esta misma obra el Vicario situaba la época de la dominación cartaginesa en España en el 543 a. C., y su llegada a Sidonia poco después de la destrucción de la ciudad fenicia por parte de los turdetanos. Establecidos en ella, la fortalecerían; “aficionados a la ventajosa situación, a la abundancia de frutos, a la cercanía de sus minas, a la grande abundancia de preciosos materiales que se descubrían entre sus ruinas, y que aún se veían en algunos edificios que se libraron del furor y del incendio; y, animados con el ejemplo de los fenicios, que en tal sitio lograron un excelente establecimiento, siguieron una senda ya descubierta que animaba en ellos las esperanzas de igual o mejor suerte” (ibidem, p. 17). Los cartagineses procederían a reedificar el templo de Hércules que habían levantado los fenicios.

sábado, agosto 03, 2013

Historias de Medina Sidonia (VI)



Sepulcro de Enrique II de Castilla en la catedral de Toledo
La leyenda del alcaide Ruy Fernández (III)

El vicario Francisco Martínez y Delgado en su Historia de la ciudad de Medina Sidonia (ed. J. M. Enrile, Cádiz, Revista Médica, 1875) cuenta entre los “vecinos esforzados dignos de honrosa memoria” por los hechos en que participaron en tiempo en que la ciudad era tierra de frontera a Ruy Fernández, cuya historia relata así:

Uno fue Ruy Fernández, que en tiempo del rey D. Enrique era capitán y alcaide de Medina Sidonia, para cuya defensa tenía de guarnición ochenta lanzas. Pasó por esta ciudad un pagador del Rey que llevaba dinero para los de Gibraltar. Ruy Fernández, noticioso de esto y hallándose con mucha necesidad de víveres, detuvo el que iba destinado a Gibraltar y lo distribuyó entre sus soldados contra la voluntad del pagador. Éste fue a quejarse al Rey que estaba en Sevilla y lo mandó llamar. Un día antes que el capitán marchase a Sevilla, una gran partida de moros pasó por delante de Medina y, como por orden del capitán ninguno de la ciudad salía a ellos, juzgaron éstos que la cobardía los tenía encerrados. Con esta seguridad y la confianza de su crecido número, retrocedieron e hicieron alto cerca de Medina. Ruy Fernández, que observó su poca reserva, alistó sus soldados y cerca del alba salió de la ciudad en buen orden, y dividiendo su tropa en dos cuerpos acometió al enemigo por dos partes. Los moros reprehendidos de su descuido y juzgando con el temor ser mayor el número de cristianos, ponen su seguridad en la fuga; mas, perseguidos, fueron al fin derrotados. Vueltos al lugar principal de la acción, mandó el Capitán cortar las cabezas a todos los moros que yacían difuntos en el campo de batalla en número de más de trescientos, y cargándolas en serones sobre acémilas que hizo venir de la ciudad, marchó con este repuesto a Sevilla. Llegó al alcázar y, reconvenido por el Rey del referido embargo, le suplicó en respuesta viese el regalo que traía. Desde una ventana vio el Rey aquel espectáculo y, preguntando la significación del enigma, le respondió Ruy Fernández: “Señor, estas cabezas son de moros, y para sustentar los que esto hacen, tomé yo el dinero de vuestra Alteza, para que ellos y yo nos pudiésemos sostener”. El Rey gustó mucho de su expresión, le mandó proveer bien y le hizo muchas mercedes. Se halla este hecho en la Historia y en una de las informaciones que se citarán después.

La Historia a la que se refiere el Vicario es la del Maestro Pedro de Medina, Grandezas de España, f. 41, según su cita a pie de página. La información es la ya mencionada en la entrada anterior dedicada a obtener indulgencias para la ermita de Santiago del Camino. En fin, nada aporta esta tercera versión, si acaso sorprende que haya desaparecido la intercesión del apóstol Santiago en la victoria de Ruy Fernández en un relato redactado por persona tan principal en la iglesia asidonense. Debió de parecerle excesivamente fantasiosa.

miércoles, julio 17, 2013

Historias de Medina Sidonia (V)

Santiago Matamoros,  ático del retablo de la ermita de Santiago del Camino o de los Santos Mártires de Medina Sidonia

La leyenda del alcaide Ruy Fernández (II)

La historia del alcaide Ruy Fernández no aparece en la crónica de Enrique de Trastámara (Enrique II de Castilla), que forma parte de las Crónicas de los reyes de Castilla compuesta por su fiel Pero López de Ayala (ed. corregida y anotada por Jerónimo Zurita y Eugenio de Llaguno, Madrid, Antonio de Sancha, 1779-1780); ni la hemos hallado en otras fuentes de la época. Ello nos hace pensar que Pedro de Medina (1493 - Sevilla, 1567), quizá nacido en la propia Medina Sidonia, protegido de los duques de Medina Sidonia y tutor desde 1520 de Juan Claros Pérez de Guzmán, conde de Niebla y heredero del VI duque (aunque muerto antes que su padre), contase con un repertorio de testimonios orales o escritos, hoy desconocidos, a partir de los cuales pudo componer su narración. Habría que considerar también la posibilidad de que nuestro polígrafo renacentista buscase prestigiar las hazañas de las villas y ciudades pertenecientes al ducado, y con ello a sus patronos, pues no son pocas las exageraciones que hallamos en su Libro de las grandezas y cosas memorables de España, donde la historia de estas poblaciones ocupa un lugar no desdeñable. Ocasión habrá de volver a ello.

La leyenda de Ruy Fernández (o Hernández) se incorporó a la tradición local asidonense, y así la encontramos repetida en un escrito anónimo del siglo XVII en el que se refieren las apariciones del apóstol Santiago en Medina (uid. “Un documento inédito sobre la aparición del apóstol Santiago en Medina Sidonia y el origen de su patronazgo sobre la ciudad”, El Barrio (2013), en prensa). En él se dice:

Reinando Don Enrique 2º, era alcaide y Capitan del castillo de Medína Sidonia Rui fernandes, el qual (viendose pobre y que no les embiava el Rey socorro) quito por fuerça a un Pagador suyo el dinero que llevava a la jente de Gibraltar de poco tiempo restaurada; y aquella misma noche que el pagador se alojo en Medina llegaron corriendo la tierra (con Presa de ganado y otras cosas que avian Robado en el camino de Xerez) un esquadron de moros de Ximena y Ronda Pusieron su Real de sobre tarde en los Prados de Medina cerca de la Hermita de Santiago del camino: Juntó el alcaide aquella misma noche la gente que pudo que serian hasta ochenta de a cavallo y Partidos en dos esquadras acometieron a los moros Por dos Partes antes del dia, invocando al santo Apostol santiago con cuio Patrocinio amedrentados los moros huieron. quedando muertos en el campo trezientos de ellos dizesse Por tradicion que muchos moros que Hallaron vivos affirmavan no temian/ a los cristianos que eran Pocos sino a un cavallero de armas y Cavallo blanco que los matava y espantava. El alcayde hizo llevar las 300 cabeças de moros en azemilas A Sevilla donde assistía el Rey, y viendolas. no solo Perdono el averle tomado el dinero mas dio a Medina un Previlegio amplissímo: y otras mercedes que les hizo deste caso se infiere claro que 80 ni 100 hombres no avian de poner miedo y vencer a mill, que serian los moros sino fueran socorridos de fuerça superior y divina que fue El santo Apostol; Pues de que fuessen los moros esquadron de mill o casi veesse claro Pues yendo de huida quedaron muertos 300 de ellos.

Se añade en este nuevo relato que el escuadrón de moros procedía de Jimena y de Ronda; que acampó en los prados cercanos a la ermita de Santiago del Camino, donde se produciría la batalla; que las tropas cristianas invocaron al apóstol Santiago antes de trabar combate; y que, según la tradición, los moros que quedaron derrotados en el campo hablaban de la aparición de un jinete sobre un caballo blanco que les infundió gran pavor (evidentemente, el Santo Apóstol).

La leyenda de Ruy Fernández se mistificaba, pues, con añadidos que la adaptaban a una nueva necesidad ya que el documento en cuestión forma parte probablemente de un informe eclesiástico mediante el que se pretendían alcanzar indulgencias en Roma para la ermita de Santiago del Camino o de los Santos Mártires.

miércoles, julio 10, 2013

Historias de Medina Sidonia (IV)


File:Campanahuesca.jpg
La campana de Huesca, José Casado del Alisal (1880), Ayuntamiento de Huesca

La leyenda del alcaide Ruy Fernández (I)

Tras la definitiva recuperación de Medina Sidonia de manos musulmanas  en 1264 por parte del rey Alfonso X, su fortaleza se convirtió en bastión principal de la frontera. El rey Sabio y sus sucesores procedieron a repartir casas, tierras y privilegios entre los nuevos moradores quienes, sin embargo, vivieron todavía durante muchos años en la incertidumbre, viendo a menudo atacados y asaltados sus campos por las correrías de los moros.

Cuenta Pedro de Medina en su Libro de grandezas y cosas memorables de España, publicado en Sevilla por Dominico de Robertis en 1548, el episodio acontecido al alcaide del castillo de Medina Sidonia Ruy Fernández quien, viéndose agobiado por la situación de aislamiento en que se encontraba, no dudó robar a un pagador del rey Enrique II (1333-1379) el dinero que había destinado a los defensores de Gibraltar. Sucedió que en aquellos días los campos asidonenses se vieron arrasados por un gran escuadrón moro, y el alcaide aprovechó, a pesar de encontrarse en desventaja, para sorprenderlo y abatirlo, de suerte que quedaron en el campo más de 300 enemigos muertos cuyas cabezas mandó cortar Ruy Fernández para llevárselas como presente al rey Enrique, por quien había sido llamado para ser reprendido.

Dibujo idealizado de la ciudad de Medina Sidonia, xilografía que ilustra el Libro de grandezas y cosas memorables de España de Pedro de Medina
El texto que ofrecemos está tomado de la impresión de la obra realizada en Alcalá de Henares por Pedro de Robles y Juan de Villanueva en 1566 (mantenemos la ortografía y puntuación originales).


En tiempo del rey don Enrrique teniendo esta Ciudad vn alcayde y capitan que se llamava Ruy Hernandez con ochenta lanças de guarnicion para la defender de los moros de la comarca del reyno de Granada fue assi que passando por esta ciudad vn pagador del rey con cierta paga para los de Gibraltar. Este Ruy Hernandez y los suyos teniendo gran necessidad para su proveimiento porque auia  dias que no los pagauan tomo la paga de Gibraltar y repartiola por los suyos contra la voluntad del pagador. El qual se vino a quexar al rey que entonces estaua en Seuilla. El rey lo mando llamar. Acontecio assi que vn dia antes que el capitan partiesse, entraron a correr mucha cantidad de moros y passando por junto a Medina. El capitan sobre dicho mando  que ninguno saliesse, ni hiziesse muestra. Los moros se boluieron y assentaron aquella noche cerca de la Ciudad: estando muy descuydados, assi por ser ellos muchos como porque nadie auia osado  salir a ellos. Ruy Hernandez aquella noche mando a los suyos adereçarse y cerca del alua salio de la ciudad con su gente en muy buen orden: y llegando al lugar donde los Moros estauan. Repartio los suyos y dio sobre los moros por dos partes, y como los tomo de sobre salto y los moros viessen que por dos partes eran acometidos creyeron ser mucha gente; y assi començaron luego a huyr, los christianos siguiendo el alcance mataron muchos dellos. El capitan y los suyos boluieron al lugar donde fue la primera matança y mando el capitan cortar las cabeças a todos los moros muertos, y hizo venir de la ciudad muchas Azemilas y otras bestias con serones, las quales mando cargar de las cabeças de los moros en que auia mas de trezientas: y con ellas se puso en camino para Seuilla y entrando en el Alcaçar donde el Rey estaua mando descargar las cabeças en vn patio y subio donde el Rey estaua y dixo a vn portero que dixesse a su alteza que el capitan de Medina estaua alli, el rey lo mando entrar y le pregunto que porque auia tomado el dinero al pagador. El capitan respondio que suplicaua a su alteza tuuiesse por bien pararse a la ventana: y desque viesse lo que en el patio estaua el responderia. el Rey lo hizo assi: y desque vido tantas cabeças de hombres fue espantado, y pregunto que cosa era aquella: entonces el capitan respondio. Señor estas cabeças son de moros y para sustentar los que esto hazen tome yo el dinero de vuestra alteza para que ellos y yo nos pudiessemos sostener. El rey holgo mucho de lo que Ruy Hernandez dixo y le mando proueer muy bien y le hizo muchas mercedes.   

martes, julio 02, 2013

Hécate

Hécate luchando contra los Titanes, copia de un fragmento del relieve del Altar de Pérgamo, Jesús Romero (2010), terracota patinada (60 x 43 cm)

Himno a Hécate (Himnos órficos)

A Hécate guardiana de caminos llamo,
Frecuentadora de encrucijadas, amable,
Celeste, terrena y marina,
De azafranado peplo,
Fúnebre, que entre las almas de los muertos delira,
Hija de Perses,
Amiga de la soledad,
Que goza con los ciervos,
Noctámbula,
Protectora de los perros,
Invencible reina,
Devoradora de fieras,
Desceñida,
De irresistible figura,
Honrada con sacrificios de toros,
Soberana clavera de todo el mundo,
Muchacha capitana,
Nutridora de jóvenes,
Montaraz,
Suplicando a esta doncella que asista a los rituales sagrados
Siendo bondadosa con el boyero,
De corazón siempre contento.

miércoles, junio 26, 2013

Medina Sidonia en la Guerra de la Independencia (XLI)

El resguardo de tabacos, Francisco de Goya (1779-1780), Museo del Prado
"Un patriota y un traidor"


Con la retirada de las tropas francesas de Andalucía en septiembre de 1812, el nuevo gobierno español puso en práctica las medidas conducentes a clarificar la conducta de todos aquellos que habían desempeñado cargos públicos durante la ocupación. Se iniciaron entonces los procesos judiciales denominados "purificaciones", y todos los empleados públicos debieron justificar su proceder si querían ser rehabilitados en sus empleos. Traemos a colación el caso del cabo agregado del Resguardo de Rentas Antonio Pérez Olmedo quien, tal día como hoy, hace doscientos años, remitía una instancia al Ayuntamiento de Medina Sidonia explicando por qué no se encontraba en ese momento realizando su trabajo y cómo había sufrido prisión por ayudar a las tropas españolas del general Begines de los Ríos que habían ocupado Medina Sidonia en el asalto que había tenido lugar a finales de enero de 1811. Los datos que consignamos están extraídos de la documentación existente en el Archivo Municipal de Medina Sidonia y fueron sacados a la luz en nuestro libro Medina Sidonia durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Recordemos que la Administración de Rentas Reales contaba en Medina antes de la ocupación con una dotación de ese resguardo destinada básicamente a evitar el contrabando de las rentas estancadas (tabaco, sal) y a controlar las compraventas que estaban gravadas. Eran hombres a pie y a caballo que podían hacer uso de las armas.  Antonio Pérez Olmedo era cabo agregado de a pie.

Pues bien, he aquí la declaración de Olmedo, que presumía que tenía algún enemigo en la ciudad conspirando en su contra. En ella se revela inquietante la figura del confidente de los franceses Juan Peregil.  

Manifiesto que hace don Antonio Pérez Olmedo por si acaso se presentase un papel de su letra porque, aunque jamás en esa ciudad ha tenido lo más mínimo con persona alguna, sabe que tiene un émulo.
En 2 de febrero de 1811 fue preso el citado Olmedo por el Gobierno Francés y puesto en un encierro en la cárcel pública de Medina por haberle justificado que, en la entrada que hizo Begines en dicha ciudad, dio armas y municiones a Juan Vaca y Juan Pérez, el primero lo tiene declarado en la justificación que hizo el Olmedo y al mismo tiempo el haber este dicho aquel día que no era tiempo de contemplaciones ni ocultar franceses.
Que viéndome padecer en un encierro, sin favor de persona alguna y con recelos de perder la vida, tuve que valerme del mayor enemigo que teníamos, que era Juan Peregil. A éste, con el motivo de ser el mayor confidente del general y comandante francés y tener la comisión de visitar a menudo los presos de ellos, lo catequicé y, haciéndome amigo suyo con ofrecimientos de alguna gratificación, le dije que se interesase con ambos para lograr la libertad que deseaba y escapar de lo que me temía. Dijo que lo haría, y a los tres días volvió diciendo: “Amigo mío, mucho trabajo me ha costado porque el comandante quería pasar a usted por las armas, pero con el motivo de haber usted servido de visitador en Alcalá, no sólo le he libertado la vida sino es salir mañana con una tramoya mía”. Y, aunque le rogué que me la dijese, no quiso declararla.
A las 24 horas volvió con un ayudante y me puso en libertad, fuime a mi casa y al siguiente día se arrojó a ella con tres granaderos franceses y un sargento, y me condujo en casa del comandante. Cuando llegamos a su presencia dijo en alta voz: “Señor comandante, aquí tiene usted el visitador que fue de Alcalá, a quien usted ha perdonado mediante a que, por haber servido allí, será muy útil para celar la entrada de los “briganes”, los espías y los malhechores, porque debe conocer a aquella gente y encargarse de las puertas con su ronda y compañeros como está dispuesto”. Yo me sorprendí al oír estas proposiciones y, en este estado, sacó el comandante un papel tan mal escrito que apenas se podía leer, me lo entregó y me dijo que lo copiase bien y que lo firmase (que no me acuerdo por la turbación si lo hice), y que me pusiese yo en la Puerta de Alcalá; don Miguel del Valle, en la de Chiclana; y don Carlos Manin, en la de Arcos o Paterna; que lo notase como oferta mía pues, para lograr mi indulto, así se lo había expuesto al general. No tuve otro remedio más que obedecer porque, aunque quise eximirme diciendo que la ronda no tenía más que tres dependientes, que no era fuerza suficiente para emprender cosa alguna respondió Peregil: “Ya yo he dicho al señor comandante que se tomará auxilio de tropa para patrullar por el pueblo”.
Póngase cualquier hombre sensato en mi lugar, acabado de salir de una prisión, puesto delante del que quería juzgar mi vida, a la vista de un atizador infernal que sólo deseaba lograr el proyecto suyo para verificar mi absolución, no por caridad sino por ostentar el favor que tenía y recoger lo que le prometí…, y pregunto qué haría más que obedecer como ellos quisiesen. Así lo hice, aunque con propósito de no hacer nada luego que escapase de las garras del león, que aún no me había soltado aunque estaba fuera de la prisión. Se verificó mi propósito, primero en buscar a don Bartolomé Peñuela para que, como comisario de policía, no hiciese uso del papel ni del proyecto, pero fue tan pronta su eficacia que inmediatamante se lo hizo saber a Manin dejándole el papel, que yo quería quemar. Le mostré el sentimiento que tenía de que lo hubiese mostrado ni menos soltado, pues preveía lo que ahora me dicen. Se verificó también el ánimo resuelto de no ejecutar nada de lo mismo que yo escribí en que a los pocos días me trasladé a Alcalá, donde permanecí muchos meses y no volví a Medina hasta que mudaron al comandante, que más de una vez procuró por mí.
Creo son estas pruebas de que no fue ni proyecto ni parto mío, sí sólo una condescendencia para escapar del riesgo que me amenazaba, y sobre todo no hay más que volver la vista a mi comportamiento. ¿Quién me ha visto emplearme en diligencias de los franceses? Yo ni he recogido harina ni granos ni contribuciones ni he hecho prisiones ni decomisos, ni aun en mi peculiar instituto he hecho nada que pudiese resultar en beneficio de los enemigos. Y con todo este comportamiento ha podido más un papel formado por la violencia que mi desinterés ni el no agraviar ni a una sola persona del pueblo, siendo esto tan notorio que permito me saquen los ojos si hay uno que con verdad diga le he hecho el menor daño, la más mínima incomodidad ni por ello me hayan dado la más mínima recompensa.



Autógrafo del declarante

La noticia de la prisión de Antonio Pérez Olmedo la conocemos también por un escrito remitido el 8 de febrero de 1811 al corregidor de Medina Sidonia por el capitán Varin, extracto de la sentencia de un juicio realizado por una comisión militar el 6 de ese mismo mes, enviado desde Chiclana por el general Cassagne, comandante del Cuerpo de Observación, en virtud de órdenes del Duque de Bellune. En él se dice:

La Comisión ha condenado por unanimidad a pena de muerte al nombrado Antonio García, y a la reclusión a José Pacheco y Manuel González; a 15 días de prisión y a sufrir vigilancia a Juan Piña y Vicente [Mo…]; a un mes de prisión a Antonio Pérez Olmedo; y a ser puesto en vigilancia de la autoridad civil a Pedro Marchante y Diego Mora. Ha puesto en libertad a Pedro García. La Comisión ha ordenado además que los culpables sean condenados a pagar las costas del procedimiento. En consecuencia, señor, le ruego que dé órdenes para que los condenados acudan a pagar, en el plazo de  24 horas, 90 francos.

El 12 de noviembre de 1813 el Ayuntamiento de Medina Sidonia solicitaba al Gobierno Constitucional la rehabilitación de don Antonio Pérez Olmedo, que fue comunicada el 24 de febrero de 1814.

martes, junio 25, 2013

Leandro y Hero



Hero y Leandro, William Etty (1828-1829), Colección privada. Imagen tomada de http://commons.wikimedia.org

         

        Soneto XXIX

            Garcilaso de la Vega

  Pasando el mar Leandro el animoso, 
en amoroso fuego todo ardiendo, 
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con un ímpetu furioso.

  Vencido del trabajo presuroso, 
contrastar a las ondas no pudiendo, 
y más del bien que allí perdía muriendo, 
que de su propia vida congojoso, 

  como pudo, esforzó su voz cansada, 
y a las ondas habló desta manera 
(mas nunca fue su voz de ellas oída):

   "Ondas, pues no se escusa que yo muera, 
dejadme allá llegar, y a la tornada 
vuestro furor esecutá en mi vida".

martes, junio 18, 2013

Thebussem (XLVI)

Imagen actual de la ermita de los Santos Mártires. Iglesia mudéjar, nártex y dependencias adosadas
"Iglesia visigótica", un artículo poco conocido dedicado a la ermita de los Santos Mártires de Medina Sidonia (IV)

Usted conoce el mérito y las virtudes del actual obispo de Cádiz, fray Félix de Arriete y Llanos,(1) y sabe que es de aquellas pocas personas para las cuales apenas hay palabras con que elogiar su valía. Yo he sido testigo de su modo de visitar la diócesis, de la manera patriarcal con que cumple las disposiciones del Concilio tridentino prout locus, tempus et occasio, y de aquella constancia en el trabajo que hace creer que al Obispo de Cádiz le es desconocida la significación de la palabra descanso.

Hace tres años que manifestó deseos de que no se viniese a tierra la ruinosa ermita de los Santos, y proyectó su reedificación, sin contar con más caudal que el caudal de su buen deseo, de su celo y de su constancia. Y es caso raro a mi parecer, señor don Aureliano, que en los años de 1869 y 1870, cuando tan lista y eficaz andaba en España la piqueta de los cobardes, soeces y estúpidos vándalos del siglo XIX para demoler monumentos artísticos, es caso raro, repito, que en dicho período haya tenido principio y fin la reparación del histórico templo de que me ocupo. Dado el impulso por el Obispo, apoyado por los señores curas medineses Pelufo y Corral y por el activo sacerdote don Juan Callealta, no faltaron limosnas y donativos de diferentes personas, y en especial del opulento labrador Martínez-Enrile,(2) con las cuales se ha conseguido terminar casi por completo la obra. Esta se ha verificado con inteligencia y acierto, y debo decir a Vm., por si le parece digno de hacerlo llegar a la Real Academia de la Historia, que han sido prolija y escrupulosamente separadas las repetidas costras de cal que cubrían las antiguas piedras, lápidas y columnas, y que las primitivas edificaciones del siglo VII se han restaurado con gran esmero y solamente en la parte indispensable para evitar su ruina, dejándoles air de vetusté y libertándolas del jalbegue que tanto enamora y cautiva los ojos de los andaluces; siendo todo ello debido a las disposiciones y especial encargo del Prelado, en quien corren parejos los sentimientos caritativos y religiosos con los históricos y con los artísticos.

El obispo Félix María de Arriete. Imagen tomada de http://liturgia.mforos.com/1699103/8007231-el-solideo/
Solicitó de Su Santidad indulgencias para los fieles que concurriesen a la inauguración de la ermita después de reparada, y las obtuvo por especial rescripto de Pío IX, dado en Roma el 28 de julio último.

En 8 del presente septiembre tuvo efecto la peregrinación al santuario; predicó el Obispo de Cádiz bajo la bóveda del cielo sirviéndole de púlpito una colina, y concurrieron miles de personas a esta romería, que duró desde el amanecer hasta bien entrada la noche. La descripción del entusiasmo de los asistentes, de lo pintoresco del sitio, de las tiendas de campaña con formas diversas en que el público se alojaba, la belleza y chiste de las andaluzas y el ruido y la animación que allí reinaron, sin la más leve sombra de profanación ni de desorden, resultaría agradable a trazarlo una pluma fina y discreta. La mía, y basta para prueba con lo que llevo escrito, es de ganso, y apenas si le quedan fuerzas para añadir a la presente misiva las seguridades de amistad, de gratitud y de cariño que a Vm. profesa

EL DOCTOR THEBUSSEM,

 Medina Sidonia, 15 de septiembre de 1871 años.


NOTAS DEL EDITOR
(1)  Félix María de Arriete y Llanos nació en Cádiz en 1811 y falleció en Chiclana de la Frontera en 1879. Ordenado sacerdote en abril de 1835 como fraile capuchino, fue destinado al convento de Écija, que hubo de abandonar por la Desamortización de Mendizábal. Volvió entonces a Cádiz, donde ejerció su ministerio en la Santa Cueva y en la iglesia de Santiago. Trasladado a Málaga en 1851, fue propuesto para arzobispo de Santiago de Cuba, cargo que no aceptó. Se consagró obispo de Cádiz y Ceuta en 1864 en el Palacio de Oriente de Madrid, siendo apadrinado por Alfonso XII, y en presencia del nuncio de Su Santidad. Durante su obispado se realizó, en 1866, el tabernáculo de la catedral de Cádiz. Permaneció en la ciudad durante los momentos más críticos de la campaña anticlerical del cantón y después del alzamiento republicano  abrió una suscripción popular para ayudar a los heridos de guerra. Tras serle admitida la renuncia a su cargo, se estableció en Chiclana, donde continuó su labor pastoral. En Medina Sidonia llevó durante muchos años su nombre la conocida popularmente como calle de La Loba.
(2)  Jerónimo Martínez-Enrile, agricultor y ganadero, fue comisario regio de agricultura de la provincia de Cádiz. Sus explotaciones alcanzaban las 6.500 hectáreas. Casado con doña Francisca Velázquez, viuda del también ganadero Domingo Varela, sus reses se lidiaron en Sevilla y Madrid. Era sobrino del vicario Francisco Martínez y Delgado, y dispuso en su testamento que su hijo Joaquín se encargara de la edición de la Historia de Medina que su tío había dejado manuscrita.

Imagen actual de la ermita de los Santos Mártires. Torre y edificación visigoda 

martes, junio 11, 2013

Thebussem (XLV)


Inscripción latina en el actual dintel de la puerta de la sacristía. Foto J. Romero

"Iglesia visigótica", un artículo poco conocido dedicado a la ermita de los Santos Mártires de Medina Sidonia (III)

Constituye el dintel de la puerta de ingreso a la sacristía una piedra con ciertas letras que se han resistido hasta hoy a la perspicacia de los más hábiles epigrafistas. Diré a Vm. mis diligencias para aclarar este asunto.

En la Biblioteca Nacional de Madrid (Cc-46-P-193) se halla un MS, sin fecha, de letra del siglo XVII, que lleva este título(1)

De como la ciudad de medina sidonia
invoca y tiene por su patron particular
al apostol santiago (estrella, honor y
defensa de españa) desde 300 años a esta
parte, y se funda en la historia siguiente.

Refiere el papel la aparición del Apóstol saliendo de las almenas de la torre de los Santos para defender a una mujer acometida por los moros, y añade que “desde aquel dia los pobladores del castillo de Medina invocaban por su patron al santo apostol, y con más devocion veneraban por iglesia de cristianos la que antes juzgaban ser torre edificio de romanos, por estas letras que tiene en su portada de ninguno hasta oy entendidas:

LEPERORE VOMIT SED SACR

é intitularonla ermita de santiago del camino, por estar en el que va de sevilla a gybraltar”.

Consultado Velázquez en su viaje de 1753,(2) y el Anónimo del siglo XVII,(3) hallamos que uno y otro citan, pero no traducen, la dicha inscripción. En el año pasado de 1860 tuve la satisfacción de conocer y de acompañar en Medina Sidonia al doctísimo prusiano Emilio Hübner,(4) versado e inteligente como pocos en epigrafía, puesto que el objeto de su viaje era rectificar todas las antiguas inscripciones de Andalucía para la obra monumental que luego publicó el Instituto Arqueológico de Berlín, por orden y a expensas del todopoderoso Rey de Prusia, bajo el título de Inscriptiones Hispaniae latinae consilio et auctoritate Academiae litterarum regiae Borusicae edidit Aemilius Hübner…, Berolini apud Georgium Reimerum 1869.
File:Hubner p.jpg
El profesor Emil Hübner, wikipedia.org/wiki/Emil_Hübner

Pues bien, amigo mío, Hübner me dijo que no entendía ni una palabra de la inscripción, pero tomó copia de ella y ofreció enviarme noticias desde Berlín.(5) Como éstas no vinieron, me figuro que allí no lograron comprender el sentido de la leyenda de la ermita de los Santos. Recurrí entonces a la reconocida ilustración de Vm. acompañándole un calco de la piedra, y Vm. me contestó que había sido inútil su discurso para descifrarla, y que pensaba apelar al sabio Juan Bautista Rossi,(6) que era el Edipo de los monumentos cristianos, por si éste lograba desatar el enigma.

No sé si contribuirá a esclarecerlo o a enturbiarlo la circunstancia de que en el mes de agosto de 1871 se halló empotrado en uno de los muros de la ermita un fragmento de piedra de calidad semejante a la que nos ocupa, y en la cual parecer leerse con idéntica forma y tamaño de letra

CERACER.(7)

Tales son los pasos dados hasta hoy, lo que yo pueda averiguar no será Vm. el último en saberlo.

Por dos razones no he citado en esta disquisición al vicario D. Francisco Martínez García (Historia de Medina Sidonia: 1792). Es la primera, porque Vm. lo tendrá consultado, y la segunda y principal, que este autor, tan apreciable y de tanto mérito en algunas partes de su libro, desbarra y desatina cuando se trata de epigrafía y de bellas artes. El jeroglífico que hoy no aciertan a aclarar ni Hübner, ni Mommsen,(8) ni Henzen,(9) ni Vm. ni otros sabios, lo resuelve Martínez diciendo que “da a entender que un devoto hombre, llamado Lepero, reedificó la ermita y la ofreció a Dios”;(10) presume que por los años de 403 erigió San Paulino la iglesia de los Santos; en el monograma Christus, de la puerta de la torre, veía el vicario la abreviación de “año segundo”; en la cifra RFE solamente leyó RE, y entendió que quería decir refabricavit,(11) y, por último, omite un renglón entero en la copia de la inscripción que se halla en la columna de la ermita.

NOTAS DEL EDITOR

(1) Este manuscrito es objeto de edición y comentario en nuestro artículo “Un documento inédito sobre la aparición del apóstol Santiago en Medina Sidonia y el origen de su patronazgo sobre la ciudad”, que aparecerá en el número de 2013 de la revista El Barrio, ya en prensa.
(2) Se refiere al viaje por Andalucía del malagueño Luis José Velázquez de Velasco, marqués de Valdeflores, comisionado por la Real Academia de la Historia para recoger las antigüedades de Andalucía y Extremadura. La mayoría de sus manuscritos se encuentran en esa institución, donde Thebussem pudo consultarlos personalmente.
(3) No sabemos por el momento a qué obra se refiere Thebussem.
(4) Hübner fue comisionado por el gobierno prusiano para la edición de varios volúmenes del Corpus Inscriptionum Latinarum y, a partir de 1860, pasó largos periodos en la Península Ibérica recopilando y analizando inscripciones. Durante su labor mantuvo contactos con los estudiosos Eduardo Saavedra, Juan de Dios de la Rada, Aureliano Fernández-Guerra o Manuel Gómez-Moreno; colaboró activamente con la Real Academia de la Historia; y participó en el proyecto de creación del Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Fue nombrado académico correspondiente de la Real de la Historia el 22 de marzo de 1861, el mismo día que Mariano Pardo de Figueroa. Entre sus obras dedicadas a la epigrafía deben nombrarse: Inscriptiones Hispaniae Latinae (1869), Inscriptiones Hispaniae Christianae (1871-1900), Inscriptiones Britanniae Latinae (1873), Inscriptiones Britanniae Christianae (1876), La Arqueología de España (1888), Monumenta linguae Ibericae (1893), Exempla scripturae epigraphicae Latinae. A Caesaris dictatoris morte ad aetatem Justiniani (1885). 
(5)  La inscripción aparece recogida en Inscriptiones Hispaniae Christianae, Berlín, Georg Reimer, 1871, nº 87, p. 25, donde Hübner, efectivamente, confiesa que apenas puede entender una parte de la lectura que había realizado el canónigo sevillano Juan Nepomuceno González de León en su manuscrito Inscripciones que se hallan en Medina Sidonia este año de 1774: “Titulum idem sic legit LEPERORE·VOMI ESED SACR. Nihil intellego praeter sed(is) sacr(ae) fortasse vocabula”. Con todo, Hübner se confunde e introduce el epígrafe en el arco que ya dijimos que da paso al torreón de la ermita, como bien se observa en su dibujo.  En el Supplementum a la obra mencionada (Berlín, G, Reimer, 1900, p. 42) Hübner añade al referirse de nuevo a esta inscripción: De titulo hoc atque de reliquis Asidonensibus christianis verba fecit Marianus Pardo de Figueroa Asidonensis amicus, scriptor epistularum clarus et indefessus, quem propterea dicunt el cartero honorario Hispani, in epistula ad losephum Butron y Parra data, quae inserta est ephemeridi el Diario de Cadiz a. 1868; neque vero potuit explicare vocabula leperore vomii sed sacr. Emmanueli Gomez Moreno Granatensi visum est legi posse sepe rore vomit(i) sed(et) sac(e)r(dos), ut saepe rore vomiti sit pro lacrimis peccati; sedet autem significet sedet paenitens; vix probabiliter”. Junto al elogio de Mariano Pardo aparece la interpretación de Manuel Gómez Moreno, que no parece demasiado acertada. César Pemán, “El material visigodo de la ermita de los Santos de Medina”, Boletín del Museo de Bellas Artes de Cádiz, 14 (1930), pp. 31-36, propone la lectura (I)LLE PER ORE· VOMIT SED SACR(¿A?) y considera que el epígrafe “tiene cierto corte de verso de salmo o himno litúrgico”, pero nada más añade. La más moderna interpretación es la del padre Domingo Iturgáiz, Analecta Sacra Tarraconensia, 40, nº 2 (1967), pp. 209-296, quien considera la inscripción un fragmento de la que podía verse en el friso o baldaquino que rodeaba la fuente bautismal de la iglesia visigoda, y lee SEMPER ORE VOMIT, SED SACRO FONTE.    

Dibujo del epígrafe en Hübner. Como se ve, mezcla equivocadamente en una sola las inscripciones del arco y la del dintel
         (6) El arqueólogo italiano Giovanni Battista de Rossi (1822-1894), que había descubierto las catacumbas de San Calixto junto a la vía Appia, y se encontraba elaborando el corpus de inscripciones cristianas de  Roma, Inscriptiones christianae Vrbis Romae septimo saeculo antiquiores, 2 v., Roma, 1861-1888.
     (7) Enrique Romero de Torres en su Catálogo monumental de España. Provincia de Cádiz (1908-1909), ya citado, no da noticias de esta otra inscripción.   
     (8)  Christian Matthias Theodor Mommsen (1817-1903), el filólogo e historiador alemán autor de la Historia de Roma, que le valió el Premio Nobel de Literatura en 1902.
(9) Johann Heinrich Wilhelm Henzen (1816-1887), filólogo y epigrafista alemán coeditor del Corpus Inscriptionum Latinarum junto a Mommsen y De Rossi.
   (10) Efectivamente, leemos en F. Martínez y Delgado, Historia de la ciudad de Medina Sidonia, Cádiz, Revista Médica, 1875, p. 169, esta interpretación: “LEPERO RE, vomit SED SACR. Que parece dá á entender, que lépero la reedificó ó renovó y ofreció a Dios”.
     (11) Como muestra el siguiente dibujo, la interpretación del Vicario Martínez (ibidem) de la inscripción de la entrada a la torre es bastante desacertada.




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