lunes, mayo 07, 2012

Thebussem (XVI)

Cabecera del artículo en Blanco y Negro
"Con dos dedos"

Después de la fingida polémica gastronómica con José Castro y Serrano en La Ilustración Española y Americana (1876-1882), que daría lugar al libro La mesa moderna. Cartas sobre el comedor y la cocina cambiadas entre el Doctor Thebussem y un Cocinero de Su Majestad (Madrid, Fernando Fe, 1888), Thebussem se convirtió en una especie de consultor nacional para los asuntos que tenían que ver con el buen gusto y la etiqueta en la mesa. Fueron bastantes las cartas que le dirigieron amigos y admiradores preguntándole sobre particulares varios, y sus respuestas llenaron algunas de las páginas más leídas de la prensa del momento. Presentamos aquí el artículo que dedicó a don Óscar Rochelt Palme en Blanco y Negro (31 de enero de 1892) respondiendo a su duda sobre si las aceitunas aliñadas debían tomarse o no con el tenedor, palabras no exentas de la erudición, ironía y gracejo habituales en la prosa del asidonense.

He leído con detenimiento la consulta que Vm. me hace sobre si las aceitunas aliñadas que se sirven en la mesa han de tomarse o no con el tenedor.

Supongo, pues Vm. no lo dice, que se trata de aceitunas enteras presentadas en plato y con cucharita, para que con ella traslade cada invitado al suyo el número de olivas que le acomode.

Soy juez incompetente para dictar sentencia. Pero en seco, y sin dudas ni vacilaciones, le diré a Vm. que mi opinión es… con dos dedos.

Y me fundo para ello en que la ley V, título VII, de la Partida II, al ocuparse de la educación que los ayos deben dar a los hijos de los reyes, advierte que “non les deuen consentir que tomen el bocado con todos los dedos de la mano, para que non los fagan grandes”.

El manejo, más o menos hábil, del cuchillo y del tenedor, es hoy vulgar y frecuente. A esta mayor o menor pericia se refirió sin duda el célebre poeta que dijo:

Dejen a un hombre sencillo
Y que no es ninguna fiera,
Manejar a su manera
El tenedor y el cuchillo.

Hay, pues, maneras torpes y cursis en el uso y aplicación de los dichos instrumentos.

En el modo de tomar la escopeta, de barajar los naipes, de poner el pie en el estribo o de contar cincuenta duros en plata, se conoce al cazador, al tahúr, al jinete o al cajero. Tan sencillas operaciones revelan la práctica, inteligencia y pericia de aquellos que las ejecutan.

Es indispensable gobernar con maestría el tenedor, para poder usar de los dedos con limpieza y con elegancia. En esto son maestros los ingleses finos y de buena educación. Da gusto verlos, con aquellas manos y uñas tan limpias, tomar con sus dedos los diversos alimentos que a ello se prestan. Encanta mirarlos comer la sopa, los macarrones o las angulas sin que tales manjares les ensucien los labios ni el bigote.

Y en cambio da risa y lástima ver, como yo he visto en banquetes políticos, a gentes que tomaban el champagne con cuchara; y con tenedor y cuchillo no solamente las galletas inglesas, sino ¡hasta los espárragos de Aranjuez!

Por algo dijo Cervantes que, en el tiempo que Sancho Panza fue gobernador, aprendió a comer a lo melindroso, y que comía “con tenedor las uvas y aun los granos de la granada”. Vemos que es antigua y autorizada la rechifla del uso inoportuno del tenedor.

Dos palabras sobre el cuchillo, ya que tenemos la masa entre las manos. Una dama española, cuyo marido ocupó alto puesto diplomático en Londres, asistió al ceremonioso banquete de un lord.

Las inglesas elogiaron la belleza y elegancia de la embajatriz; pero corrieron ciertas palabras dichas al oído de unas en otras de aquellas ladies, todas las cuales ponían cara de sorpresa, de admiración y de espanto al escucharlas.

Y el espanto, la admiración y la sorpresa se fundaban en que, durante el convite, la embajadora… ¡se llevaba el cuchillo a la boca!

Yo encuentro justísimo y fundado el asombro de las inglesas, y me pasmaría también de que cualquier persona a quien hubiese juzgado fina, distinguida y aristocrática, usase el tenedor para saborear aceitunas, engullir salchichón o comer huevos fritos.

Así lo siente y lo dice, pero sin ánimo de convencer ni de predicar cruzada,

El Doctor Thebussem.

Medina Sidonia, 22 de enero de 1892 años



José Antonio Óscar de Rochelt Palme Palme Maruri (Bilbao, 1865), perteneciente a una familia acomodada de industriales vascos de origen checo (su padre, Ricardo, fue fundador de la empresa Tubos Forjados,  socio fundador de la Sociedad de Crédito Vasco y más adelante su director, fundador de Basconia S.A. y del Banco del Comercio, y regidor de Bilbao, amén de notable violinista y musicólogo), amigo de juventud de Unamuno, estudió Leyes en Madrid, fue apoderado de la casa Rochelt y consejero del Banco de Bilbao, y al tiempo gran amante de la literatura y las artes. Contrajo matrimonio en 1898 con María Concepción de Smith Ybarra. Empezó escribiendo en La Unión Vasco-Navarra, de la sociedad Euskal Erria, y en la revista El Boceto. Se le considera, junto a Nicolás Viar, uno de los creadores del teatro nacionalista vasco. En colaboración con éste escribió las comedias La madre de las antorchas (1896) y Euterpe fúlgida (1897). Es autor de la novela El alcalde de Tangora (1906); de la comedia en tres actos Malvina, estrenada el 12 de febrero de 1914 en el teatro Campos Elíseos y  ambientada en el viejo Bilbao; y de Un paseo por Las Arenas y Algorta (1915). Con Manuel Lecanda escribió la novela histórica ambientada en el Bilbao del siglo XIV Las tres rosas de Laibar. Fue su hermano el pintor Mario Rochelt.


El autor de la ilustración que encabeza el artículo de Thebussem es el jerezano Juan Comba García (1852- Madrid, 1924), fotógrafo, pintor, dibujante, ilustrador y periodista gráfico. Formado en la Escuela Naval Militar de San Carlos (San Fernando), marchó a Madrid para estudiar en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, y se convirtió en el único discípulo del pintor Eduardo Rosales, quien lo presentó a Abelardo de Carlos, director de La Ilustración Española y Americana, publicación con la que colaboró entre 1872 y 1907 aunque, desde sus primeros números, ya se encontraba en la nómina de artistas de Blanco y Negro. Comba gozó del favor de la familia real española y acompañó a Alfonso XII a todos sus viajes por España, así como a su gira por Centroeuropa. Sus informaciones gráficas sobre el período que le tocó vivir le han hecho ganar el apelativo de  "Cronista gráfico de La Restauración".

El artículo "Con dos dedos" sería recogido por el propio Mariano Pardo de Figueroa en su Tercera ración... (Madrid, Rivadeneyra, 1898) y recientemente se ha editado con anotaciones en nuestro trabajo Dr. Thebussem. Escritos gastronómicos (Sevilla, Renacimiento, 2011).

http://www.euskomedia.org/

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