domingo, marzo 01, 2026

LOS FRANCISCANOS DE MEDINA SIDONIA ANTE LA LLEGADA DE LAS TROPAS FRANCESAS EN 1810

A comienzos de febrero de 1810 ante la llegada de las tropas francesas a la ciudad de Medina Sidonia cundió especial miedo entre los clérigos regulares debido a los rumores que corrían sobre el tratamiento que daban a frailes y monjas. Además, habrían de sujetarse al decreto de supresión de las órdenes regulares de 18 de agosto de 1809 que obligaba a los conventuales a salir de sus claustros, a vestir de seglares en el plazo de 15 días y a presentarse en sus pueblos de origen. Tenemos noticia, gracias a La relación de lo sucedido en el convento de Jesús, María y José con la venida de los franceses, desde el año de 1810, escrita por la reverenda madre María Josefa Ibarra Asencio, que publicó nuestro estimado y desgraciadamente desaparecido Antonio Pérez-Rendón Collantes como apéndice en nuestro libro Medina Sidonia durante la Guerra de la Independencia (1808-1812), pp. 1169-1189de que varias agustinas recoletas huyeron a través de la sierra y se embarcaron en Algeciras con rumbo a Cádiz. También a Cádiz marchó el prior de San Juan de Dios, llevándose las alhajas de plata, los vasos sagrados, los ornamentos de sacristía, las escrituras de propiedades y hasta el terno de tisú del santo titular. Los carmelitas de San José del Cuervo se dispersaron aunque regresaron a su casa ya que los franceses no penetraron en la garganta hasta el mes de agosto. Poco más sabíamos. Sin embargo hoy podemos añadir una escueta pero interesante noticia que hemos hallado en el Libro de gastos del convento de San Francisco, cuya historia, por otro lado, se encuentra en el más absoluto abandono (el convento y su iglesia no existen en el momento).  Allí se escribe ya en agosto de 1814, cuando la comunidad vuelve a reunirse en su destrozada sede, pues no olvidemos que el convento había sido desmontado en gran parte por los franceses empleando sus materiales para fortificar el castillo (modernizamos la grafía):       

    Invadidos por los franceses día 6 de febrero de 1810 y temerosos de los funestos acontecimientos que por su odio a la religión y extinción de conventos en cuanto dominaban en España pudiesen sobrevenirnos, nos congregamos guardián, discretos y demás individuos que componían esta comunidad, los que acordamos se repartiese lo que en efectivo y contante había en la comunidad por partes iguales, lo que se verificó en el trigo y demás comestibles, y pasando después a la limosna pecuniaria que estaba en poder de nuestro síndico, hallamos ser la cantidad de ocho mil novecientos setenta y nueve reales de vellón, de la que percibimos los asistentes en ésta la cuota  correspondiente a cada uno, que fue de cuatrocientos ocho reales de vellón, reservando la de los individuos ausentes, que eran seis, para si en tiempo recurrían por ella y, si no, invertirla en lo que hubiese lugar según nuestra última suerte. Mas en el transcurso del tiempo de la dominación francesa pidieron algunos su cuota, quedando la de otros que fallecieron en dicho tiempo y la de otros, que por no haberla pedido y estar al presente asignados a otros conventos de la provincia, quedó siempre en poder de nuestro síndico y a favor de la comunidad. Quedó además mil trescientos cincuenta y tres reales de vellón, valor de un mulo, y nueve fanegas de zahína, que junto con la cantidad que ha quedado de los ausentes, que es de mil cuatrocientos sesenta y dos reales de vellón hacen el total de dos mil ochocientos veinticinco reales de vellón, con los que principiamos los gastos de comunidad reunida como tal en ocho de agosto de 1814. Y por ser así lo firmamos guardián, discretos y síndico del convento en dicho día, mes y año (ut supra). [Firman] Fray Juan Toro, discreto; fray Miguel Romero, discreto; fray Juan Antonio García, guardián; Antonio Carrera, síndico.

 Estas palabras confirman que fue el día 6 de febrero de 1810 el primero de estancia de tropas francesas en la ciudad, y que el guardián del convento en 1814 siguió siendo el mismo que había sido antes de la escapada, fray Juan Antonio García. Nos permiten saber también que a comienzos de 1810 eran 22 los franciscanos residentes en su convento en Medina, y que don Antonio Carrera, que ejercía también como escribano de cabildo, era el hombre de confianza para llevar las cuentas del mismo.

sábado, enero 10, 2026

EL ORIGEN DE LA NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ EN MEDINA SIDONIA


Los retablos de la iglesia del convento de San Agustín de Medina Sidonia tras el colapso del templo (fotografía de Antonio José Candón Herrera subida al grupo de facebook "Historia de Medina Sidonia en imágenes" el 18 de agosto de 2015) 


EL ORIGEN DE LA NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ EN MEDINA SIDONIA

Jesús Romero Valiente


    Ahora que veo publicado el cartel anunciador de la Novena dedicada a la Virgen de la Paz, patrona de la ciudad de Medina Sidonia, me pregunto si los asidonenses de hoy conocen el origen de esta celebración religiosa. Queda bien claro gracias a un documento en el que don Juan de Baizán y Ortega, escribano del cabildo de la ciudad, da fe de una serie de pliegos exhibidos ante él con motivo de la discusión sobre el establecimiento de dicho patronazgo en febrero de 1800. En esos días se había pedido información al prior del convento de San Agustín fray José de Cárdenas sobre los hechos milagrosos y beneficios de Nuestra Señora de los que hubiera testimonio en el archivo del mismo, pues, como bien sabemos, la Virgen de la Paz fue venerada hasta su traslado a la Iglesia Mayor (donde su actual camarín quedó terminado en 1871) en la iglesia de dicho convento. Primero estuvo  ubicada en el retablo de su capilla del Sagrario y luego en el altar mayor del templo, cuyo mueble fue construido gracias al legado que dejó en su testamento (1665) doña Mariana Moreno de Estupiñán, patrona de su capilla mayor (ambos retablos, si existen hoy, están en paradero que desconozco aunque resultaron casi indemnes tras el colapso de la iglesia en 2013). Allí residía la imagen por ser esta iglesia heredera de su primera sede, el antiguo hospital para pobres de Nuestra Señora de la Paz, del que habían tomado posesión los agustinos en 1575. En uno de los documentos aportados por el prior a través de su procurador fray Francisco Montero se refería que en 1672 se había producido un contagio por la peste en el mesón de Antonio Blanco (fallecieron entre 12 y 14 personas) del que se salvaron dos mujeres, a las que se había vestido de colorado y aislado en una casa cercana al mencionado convento. El fin de la enfermedad, amén de al favor divino y la intercesión de la Virgen, se debió al cuidado y diligencia de Alonso Herrera y Cardona, caballerizo del Duque en la ciudad y alcalde de sus hijosdalgo. Este caballero y el resto de capitulares acudieron a la iglesia de San Agustín para encomendarse a la Virgen de la Paz y promovieron la festividad del 31 de enero, octavo desde el día de la Virgen, determinando que se hiciese un novenario “de misas cantadas y rogativas a esta Soberana Señora”. Estando en la celda prioral la víspera de la primera misa los diputados encargados del control de la epidemia con el cirujano de San Juan de Dios que asistía a los enfermos hablaron de las dos apestadas del mesón, de las que este último dijo que no amanecerían vivas. Mas al llegar a las nueve de la mañana los miembros del cabildo para la eucaristía, el padre prior fray Domingo Ramos Cote, natural de Medina, que poco antes se había asomado casualmente a la ventana de la sacristía, les avisó de que había visto en la calle a las dos mujeres de vestidos colorados. Todos se asomaron entonces, y fueron al encuentro de las enfermas, quienes dando voces y carreras gritaban: “Estamos buenas”.

            Sabemos que estos novenarios se repitieron en otras fechas del año en solicitud de diversas gracias a la Virgen: en noviembre de 1675 para que vinieran “buenos temporales” del agua necesaria para las sementeras; en agosto de 1678, cuando la imagen de la Virgen fue llevada a la Iglesia Mayor con motivo de otra peste; en abril de 1702, año en que fue iniciado por los vecinos del Barrio pidiendo que lloviese; en mayo de 1705 a causa de una epidemia de catarro en la que murió mucha gente (entonces las misas cantadas se acompañaron de salves).

Recuérdese que el hecho de orar durante nueve días se relaciona con la preparación para recibir al Espíritu Santo que hicieron los apóstoles durante ese lapso de tiempo entre la Ascensión y Pentecostés (Hechos 1,14). De aquí surgieron las novenas de preparación para la Navidad y luego las concernientes a fiestas de la Virgen y de los santos.

            Con todo, no siempre fueron nueve los días celebrados en honor de la Virgen de la Paz. El 16 de enero de 1784, en escrito dirigido al obispo, el prior de San Agustín fray Felipe Rodríguez daba cuenta de la devotísima octava que acontecía anualmente en su honor, a la que asistía el Ayuntamiento en pleno para renovar su voto el día octavo. El 3 de enero de 1800 el cabildo de la ciudad solicitaba al obispado que el 24 de enero fuese declarado día festivo y de precepto en Medina, y en los años siguientes el octavario fue celebrado ya en la Iglesia Mayor, adonde se trasladaba la imagen en procesión para luego regresar a su sede por los propios miembros del Ayuntamiento, según afirmaba el Doctor Thebussem.

            En su biblioteca guardaba nuestro erudito el libreto de la novena de 1838, compuesto por el capuchino fray Manuel María de Sanlúcar; y el de 1866, escrito por un devoto de la sagrada imagen, que ya se veneraba entonces en Santa María la Coronada por el pésimo estado en que se encontraba San Agustín tras la exclaustración de los agustinos.

           


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