Los retablos de la iglesia del convento de San Agustín de Medina Sidonia tras el colapso del templo (fotografía de Antonio José Candón Herrera subida al grupo de facebook "Historia de Medina Sidonia en imágenes" el 18 de agosto de 2015)
EL ORIGEN DE LA NOVENA A LA VIRGEN DE LA PAZ EN MEDINA SIDONIA
Jesús Romero Valiente
Ahora que veo publicado el cartel anunciador de la
Novena dedicada a la Virgen de la Paz, patrona de la ciudad de Medina Sidonia,
me pregunto si los asidonenses de hoy conocen el origen de esta celebración
religiosa. Queda bien claro gracias a un documento en el que don Juan de Baizán
y Ortega, escribano del cabildo de la ciudad, da fe de una serie de pliegos
exhibidos ante él con motivo de la discusión sobre el establecimiento de dicho
patronazgo en febrero de 1800. En esos días se había pedido información al
prior del convento de San Agustín fray José de Cárdenas sobre los hechos
milagrosos y beneficios de Nuestra Señora de los que hubiera testimonio en el
archivo del mismo, pues, como bien sabemos, la Virgen de la Paz fue venerada
hasta su traslado a la Iglesia Mayor (donde su actual camarín quedó terminado
en 1871) en la iglesia de dicho convento. Primero estuvo ubicada en el retablo de su
capilla del Sagrario y luego en el altar mayor del templo, cuyo mueble fue construido
gracias al legado que dejó en su testamento (1665) doña Mariana Moreno de
Estupiñán, patrona de su capilla mayor (ambos retablos, si existen hoy, están
en paradero que desconozco aunque resultaron casi indemnes tras el colapso de
la iglesia en 2013). Allí residía la imagen por ser esta iglesia heredera de su
primera sede, el antiguo hospital para pobres de Nuestra Señora de la Paz, del
que habían tomado posesión los agustinos en 1575. En uno de los documentos
aportados por el prior a través de su procurador fray Francisco Montero se refería
que en 1672 se había producido un contagio por la peste en el mesón de Antonio
Blanco (fallecieron entre 12 y 14 personas) del que se salvaron dos mujeres, a
las que se había vestido de colorado y aislado en una casa cercana al
mencionado convento. El fin de la enfermedad, amén de al favor divino y la
intercesión de la Virgen, se debió al cuidado y diligencia de Alonso Herrera y
Cardona, caballerizo del Duque en la ciudad y alcalde de sus hijosdalgo. Este
caballero y el resto de capitulares acudieron a la iglesia de San Agustín para
encomendarse a la Virgen de la Paz y promovieron la festividad del 31 de enero,
octavo desde el día de la Virgen, determinando que se hiciese un novenario “de
misas cantadas y rogativas a esta Soberana Señora”. Estando en la celda prioral
la víspera de la primera misa los diputados encargados del control de la
epidemia con el cirujano de San Juan de Dios que asistía a los enfermos hablaron
de las dos apestadas del mesón, de las que este último dijo que no amanecerían
vivas. Mas al llegar a las nueve de la mañana los miembros del cabildo para la eucaristía,
el padre prior fray Domingo Ramos Cote, natural de Medina, que poco antes se
había asomado casualmente a la ventana de la sacristía, les avisó de que había
visto en la calle a las dos mujeres de vestidos colorados. Todos se asomaron
entonces, y fueron al encuentro de las enfermas, quienes dando voces y carreras
gritaban: “Estamos buenas”.
Sabemos
que estos novenarios se repitieron en otras fechas del año en solicitud de diversas
gracias a la Virgen: en noviembre de 1675 para que vinieran “buenos temporales”
del agua necesaria para las sementeras; en agosto de 1678, cuando la imagen de
la Virgen fue llevada a la Iglesia Mayor con motivo de otra peste; en abril de
1702, año en que fue iniciado por los vecinos del Barrio pidiendo que lloviese;
en mayo de 1705 a causa de una epidemia de catarro en la que murió mucha gente
(entonces las misas cantadas se acompañaron de salves).
Recuérdese que el hecho de orar
durante nueve días se relaciona con la preparación para recibir al Espíritu
Santo que hicieron los apóstoles durante ese lapso de tiempo entre la Ascensión
y Pentecostés (Hechos 1,14). De aquí
surgieron las novenas de preparación para la Navidad y luego las concernientes
a fiestas de la Virgen y de los santos.
Con
todo, no siempre fueron nueve los días celebrados en honor de la Virgen de la
Paz. El 16 de enero de 1784, en escrito dirigido al obispo, el prior de San
Agustín fray Felipe Rodríguez daba cuenta de la devotísima octava que acontecía anualmente en su honor, a la que asistía el Ayuntamiento en pleno para renovar
su voto el día octavo. El 3 de enero de 1800 el cabildo de la ciudad solicitaba
al obispado que el 24 de enero fuese declarado día festivo y de precepto en
Medina, y en los años siguientes el octavario fue celebrado ya en la Iglesia
Mayor, adonde se trasladaba la imagen en procesión para luego regresar a su
sede por los propios miembros del Ayuntamiento, según afirmaba el Doctor
Thebussem.
En
su biblioteca guardaba nuestro erudito el libreto de la novena de 1838,
compuesto por el capuchino fray Manuel María de Sanlúcar; y el de 1866, escrito por un devoto de la sagrada imagen, que ya se veneraba entonces en Santa María
la Coronada por el pésimo estado en que se encontraba San Agustín tras la
exclaustración de los agustinos.